Cholo Ramón es ornitólogo y fotógrafo de aves: «Puedo esperar en un sitio durante días para sacarle una foto a un pájaro»

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Cholo Ramón en una de sus expediciones
Cholo Ramón en una de sus expediciones Cholo Ramón

El experto cuenta los entresijos que hay detrás de captar con su cámara a estas especies. Ahora viajará otra vez a Noruega para fotografiarlas y concienciar sobre el cambio climático

21 may 2026 . Actualizado a las 09:11 h.

En el verano de 1982 Cholo Ramón sintió un flechazo por las aves. «Siempre fui muy fan de la naturaleza, veía los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Un día, un primo mío estaba observando un pájaro porque estaba haciendo un trabajo sobre ellos, me quedé ensimismado viendo la cercanía de aquel pájaro, y desde aquel momento hasta hoy no he parado de ver aves a través de telescopios, prismáticos, y, los últimos años, más intensamente a través de la cámara», confiesa este ornitólogo gallego. «A finales de los noventa, cayó en mis manos una cámara y empecé a utilizar la fotografía como un mero banco documental para los estudios que yo hacía sobre aves. Cada vez me fue gustando más y me empapé mucho de técnica fotográfica», añade.

Posteriormente, comenzó a realizar viajes para captar la esencia de cada especie en su lugar de origen. «Empezamos por Escocia en el 2013 y seguimos en el 2015 por Islandia. Después, en el 2019, nos fuimos a Irlanda y en el 2022, el 2023 y el 2025 a Finlandia y Noruega. Ahora, en junio, nos vamos a unas islas que quedan al norte de Noruega, el archipiélago Svalbard, donde hay unas especies únicas y unas colonias de aves marinas fantásticas», detalla. El frío no le supone ningún problema. «A mí me atraen muchísimo esos ambientes árticos en los que te sientes solo muchas veces, solo contigo mismo. Puedes evadirte», reconoce. Sin embargo, la preparación es importante. «Tenemos que ir muy preparados con ropa adecuada para el frío, el agua y que aísle la humedad y el polvo. En Svalbard vamos a estar con temperaturas medias de 5 grados de máxima», añade. Organizar estas expediciones es otra gran parte del proceso que también le gusta. «Nosotros disfrutamos muchísimo de los viajes, pero también de los meses que tardamos en planificarlo. Vamos a sitios muy remotos, que son difícilmente accesibles y caros. Pasamos meses viendo mapas, información en internet, consultando con ornitólogos locales...», matiza.

Un frailecillo retratado por el ornitólogo
Un frailecillo retratado por el ornitólogo CHOLO RAMÓN

Este viaje al archipiélago también tiene otro propósito, que es concienciar sobre el cambio climático. «Yo empecé a visitar colonias de aves marinas en Europa a principios de los noventa, y, en aquel momento, veía esos acantilados pletóricos de aves. Cuando volví a Escocia, en el 2013, me di cuenta de que hay especies que han reducido sus contingentes a la mitad, y hablando con ornitólogos locales, nos lo certificaron. Además de tener el interés y la curiosidad por conocer esas colonias y hacer esas fotografías, pensamos que todo ese esfuerzo que estábamos haciendo tenía que tener también un objetivo de concienciación», explica el ornitólogo. Motivado por el lema de que «la gente no ama aquello que no conoce», su deseo es recopilar todos estos años de trabajo en un libro. «Nos gustaría buscar alguna empresa o institución que nos pudiera ayudar a editarlo», indica.

Las especies típicas de allí son las aves marinas, aquellas que tienen una vinculación con el agua, ya sea salada de mares u océanos o bien de los grandes lagos. «Son las que más llaman la atención a los ornitólogos de todo el mundo. Estas colonias que están en el norte de Europa tienen una conexión con Galicia y con el resto de España, porque migran a través de las costas gallegas o invernan en ellas, con lo cual se crea ese vínculo maravilloso», afirma. Y, siendo coruñés, hace un alegato por las gaviotas. «Me encantan, sobre todo, porque hay una variedad muy grande de ellas más allá de lo que la gente conoce o cree. Tienen esa fama de ariscas, que crían en nuestros tejados, nos molestan y hacen ruido, pero son maravillosas», confiesa.

Dormir menos de 2 horas

¿Y qué tienen las aves que no tienen otros animales? «En primer lugar, son notorias. Están ahí, nos acompañan en el día a día. No hay que buscarlas de noche como puede ser un mamífero. Uno va a la playa y ve gaviotas o sale al parque y ve palomas, gorriones o mirlos. Son relativamente fáciles de observar y, por lo tanto, es fácil también medir sus poblaciones. A través de censos podemos saber si determinadas especies incrementan o disminuyen sus efectivos de cría en una zona determinada. Esto las convierte en un fantástico bioindicador del estado de los ecosistemas», explica Cholo Ramón.

Araos comunes en repisa captados por Cholo Ramón
Araos comunes en repisa captados por Cholo Ramón CHOLO RAMÓN

Entrando en materia fotográfica, el ornitólogo explica cuáles son sus trucos para hacer una buena instantánea. «Siempre esperas por esa última luz del día, que son las luces más matizadas, de tonos más dorados. Eso te obliga a estar en el campo. En el caso del norte de Europa, a lo mejor hasta medianoche», cuenta. Descansar poco está dentro de sus planes. «En Noruega y Finlandia, que son latitudes boreales, prácticamente no hay noche, en verano hay 24 horas de luz. Para fotografiar determinadas especies forestales, nosotros tenemos que estar haciendo fotos a las 3.00 de la mañana, que es cuando las aves están más activas. Por eso, durante las expediciones, que suelen durar entre 10 y 15 días, no dormimos mucho. Hay días que te acuestas a las 11.00 de la noche, pero es a las 12.00 tienes que levantarte para llegar a tiempo al lugar y fotografiarlas», confiesa. Teniendo la hora y los lugares cotejados, queda buscar una buena posición. «En muchas ocasiones exige un acercamiento muy técnico a las aves, hay que saber cómo llegar a ellas de la forma más respetuosa. Eso puede llevar días de preparación: fabricar un escondite, conocer sus costumbres...», explica.

Sustos, picaduras y sanguijuelas

Algunas aves aprecian la cámara más que otras, por eso la clave es la paciencia. Cholo Ramón puede aguardar días para tomar una foto de una en concreto. «Recuerdo que un ave limícola, que son estas que andan por los fangales, estaba en las marismas de Baldaio y fui con la intención de observarla. No la vi, tuve que volver durante días al mismo sitio y al final lo conseguí. Muchas veces te vas frustrado porque este tipo de fotografía no es una ciencia exacta, pero cuando lo consigues es una sensación maravillosa», confiesa.

Su amor por esta actividad no lo entiende cualquiera. «La verdad es que no tienen ninguna explicación. Tampoco sé cómo explicar cómo es eso de tirarse al agua en invierno con el barro hasta las orejas esperando durante horas a que pase un pájaro. Lo hacemos por una pasión a la fotografía, de aves en concreto. Aunque, sinceramente, si tú te paras a pensarlo, es una locura», bromea. Y, aunque ningún pájaro le haya robado su cámara, a Cholo Ramón le sobran anécdotas. Desde quedarse tirado en medio de la nieve con el coche a mordeduras de sanguijuelas. «También hay gente que se asusta viéndote salir detrás de una silveira. Tú estás ahí en silencio y camuflado, pasan a tu lado, no te ven y, cuando les saludas porque piensas que te han visto, salen corriendo», concluye entre risas.