Veinte años sin Rocío Jurado, que dejó un clan desmembrado y sin rumbo

Martín Bastos

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La más grande moría el 1 de junio del 2006 a causa de un cáncer de páncreas a los 62 años. Ella era la amalgama que unía a una familia ahora casi irreconocible

31 may 2026 . Actualizado a las 10:13 h.

La voz de Rocío Jurado se apagó para siempre el 1 de junio del año 2006, tras serle detectado un cáncer de páncreas. De nada sirvió que la familia entera, cuando aún eran una piña —o al menos lo aparentaban— pusiese rumbo a Houston para tratarse allí. Finalmente, murió en su casa de La Moraleja, rodeada de los suyos dejando a toda España en silencio y a un clan resquebrajado. Tenía solo 62 años y apenas unos meses antes el mundo de la música había dicho adiós a otra Rocío, la Dúrcal, que competía en fama con la de Chipiona.

La Jurado puso en el mapa su localidad natal, a la que volvía siempre que podía para ver a su venerada Virgen de Regla, y fue protagonista de portadas de revista y programas de televisión hasta el final de sus días. Se casó en el año 1976 con el boxeador Pedro Carrasco, del que se separó en 1989 y con el que tuvo a su hija Rocío. Después pasó por el altar tras conseguir la nulidad eclesiástica con el torero José Ortega Cano, con el que adoptó a dos niños, José Fernando y Gloria Camila.

Precursora en su imagen sobre el escenario, donde combinaba la bata de cola de la copla andaluza con espectaculares vestidos de noche, a veces con pronunciados escotes, fue pionera en muchos ámbitos y siempre tuvo una relación muy cercana con la prensa del corazón, protagonizando exclusivas y participando activamente en entrevistas y programas. Su hermano, Amador Mohedano, ejerció durante muchos años de su mánager y la mujer de este, Rosa Benito, la peinaba y la maquillaba. Los límites entre el trabajo y sus seres queridos estaban totalmente difuminados, y de alguna manera, explican como tras la muerte de la matriarca, todo saltó por los aires sin remedio. Y eso que ella había dejado en su testamento su legado atado y bien atado, pero aún así, surgieron los problemas.

Su hija Rocío Carrasco, inmersa en una batalla legal y mediática con el padre de sus hijos, Antonio David Flores, comenzó a alejarse de su familia de sangre y también del viudo de su madre. Cuando faltó el nexo de unión que vertebraba las relaciones en este clan, cada uno tiró por su lado, algunos sin rumbo. Ortega Cano cayó en el alcoholismo, provocó un muerto en un accidente de tráfico en el que casi pierde la vida y terminó entrando en la cárcel para cumplir condena. Mientras los hijos que tenía con él, se quedaron huérfanos siendo apenas unos niños y debieron madurar a marchas forzadas. José Fernando, también pisó la cárcel, aunque terminó enderezando su vida con la ayuda de su hermana y su padre.

Su hermano Amador también vivió momentos convulsos. Todos han aprovechado su apellido para vender su vida en televisión siempre que les han pagado. Se separó de Rosa Benito, que estuvo durante años en Telecinco y recientemente aún concurso en MasterChef Celebrity. Impagos a Hacienda y una vida desordenada que nada parecía presagiar mientras Rocío Jurado vivía.

Veinte años después, el clan desmembrado de Rocío Jurado sigue siendo actualidad. Su hija Gloria Camila se ha hecho un hueco en televisión, al igual que su nieta Rocío Flores. Ella coprotagoniza, junto a Rocío Carrasco, uno de los episodios más amargos que la más grande no tuvo que vivir. Rociíto contó su verdad en televisión, pero sigue sin hablarse con sus hijos.