Las amistades tóxicas: «Sentir envidia de un amigo es más frecuente de lo que solemos admitir»

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Compararse, hablar a las espaldas, querer que le vaya mal... Varias psicólogas nos explican qué comportamientos pueden darnos pistas de que estamos ante una de ellas. «Alguien que critica a otros delante de ti es probable que haga lo mismo contigo», afirman

09 jun 2026 . Actualizado a las 08:41 h.

Puede que lleves años de amistad con alguien y hayas normalizado ciertos comportamientos que, quizás, no son del todo sanos: criticar, invalidar emociones... ¿Pero existen «síntomas» para detectar la toxicidad dentro de estos vínculos? La respuesta es sí. Por eso cuatro psicólogas desarrollan qué tipos de conductas pueden darnos algunas pistas.

Lo primero: ¿por qué ocurren los vínculos tóxicos? «Entre las personas se crean bucles de interacciones que se repiten a menudo porque la personalidad de uno y de otro lo facilitan. Esto es lo que crea una amistad tóxica, esta tendencia que sin querer tenemos de vernos por encima. Cuanto menos conscientes seamos de ella es más fácil que lo hagamos sin darnos cuenta. Incluso creyendo que es el otro el que me molesta y, por lo tanto, soy yo la que tiene que ponerle en su sitio y defenderse sin ver el daño al otro», explica Aránzazu García.

¿Y cómo los podemos identificar? «Suelen ser conductas que, por separado, no parecen tan importantes o tan graves, pero que debido a su frecuencia e intencionalidad se convierten en algo relevante. Bromas que siempre te dejan mal, cumplidos envenenados como: “Hoy se te ve mejor que ayer, que venías con un careto”... También la invalidación de tus emociones: “Eres una exagerada” o “le das importancia a unas tonterías”, competir por quién está peor, restar importancia a tus logros y engrandecer los suyos o crear dinámicas dentro de los grupos y favoritismos como: “No avises a x, vamos tú y yo”», explica Alejandra Sierra. «Yo noto mucho en consulta que la persona se siente invalidada emocionalmente y se cuestiona si tiene la culpa. O que la persona recibe críticas constantes enmascaradas de: “Es porque soy muy sincero contigo”. También si existe una falta de reciprocidad, que notes celos, que no le agradan tus logros y que exista inconsistencia en la relación, donde o te trata muy bien o muy mal», explica Alejandra Dotor. «Los amigos no deberían darnos miedo. Si nos ponemos nerviosos porque tememos su reacción, eso podría ser un indicador. Otra señal puede ser cuando la gente nos dice: “Fulanito se ha pasado contigo”. Hay que levantar la oreja y estar atentos», puntualiza García.

«Los amigos no deberían darnos miedo. Si nos ponemos nerviosos porque tememos su reacción, eso podría ser un indicador»

La triangulación

Quedar con una persona del grupo de amigos o llamarla por teléfono para hablar mal de otra es mucho más común de lo que se piensa. Esto en psicología se llama triangulación y es un mecanismo habitual en grupos, familias y amistades que ocurre cuando, en lugar de hablar directamente con la persona con la que tenemos un problema, metemos a un tercero en la relación. «Criticar a un amigo o amiga cuando no está presente es una conducta mucho más habitual de lo que nos gusta reconocer. Todos podemos haber comentado alguna vez una preocupación, una decepción o un conflicto con una tercera persona. El problema surge cuando esas conversaciones dejan de ser una forma puntual de desahogo y se convierten en una dinámica habitual dentro del grupo», afirma Lara Ferreiro. Y este hábito, ¿se da más entre hombres o mujeres? «Se da más entre mujeres, somos más complejas que los hombres, aunque las amistades tóxicas pueden aparecer en ambos sexos. Mientras que los hombres tienden a expresar los conflictos de forma más directa, las mujeres suelen recurrir con mayor frecuencia a formas de agresión psicológica indirecta, como la exclusión social, los celos, las críticas encubiertas, la manipulación emocional o los rumores», añade.

«Criticar a un amigo cuando no está presente es una conducta mucho más habitual de lo que nos gusta reconocer. El problema es cuando deja de ser una forma puntual de desahogo y se convierte en algo habitual»

Sin embargo, el resto de psicólogas recalca que nuestra manera de comportarnos es diferente. «No hay estudios que demuestren que hay más evidencias por género, pero las dinámicas cambian. Las mujeres somos más emocionales, vamos más a terapia. Y, quizás, pueden manifestarlo abiertamente en los contextos que yo trabajo. Esta práctica es bastante desagradable y desaconsejada, pero el ser humano para sentir pertenencia busca llamar la atención aunque sea de esta forma. Y esto suele funcionar porque une. Es un grupo de personas que van en contra de una tercera», puntualiza Dotor. Aun así, en lo que sí coinciden todas las profesionales es en que «si alguien critica a otras personas delante de ti, es muy probable que haga lo mismo contigo».

Por eso también pueden darse sentimientos como la envidia. «Los psicólogos distinguimos entre la envidia maliciosa y la admiración o “envidia buena”. La primera busca que la otra persona pierda aquello que tiene o experimenta satisfacción cuando fracasa. La segunda, en cambio, actúa como una fuente de motivación: “Si ella ha podido conseguirlo, quizá yo también pueda”. Sentir envidia de un amigo o una amiga es normal y mucho más frecuente de lo que solemos admitir. Hay que cambiarla por la admiración. La envidia es una emoción humana universal que aparece cuando percibimos que otra persona tiene algo que nosotros deseamos: éxito profesional, una relación estable, reconocimiento social, atractivo físico... Sentirla no nos convierte en malas personas, lo importante es cómo la gestionamos», explica Ferreiro. «La envidia se vuelve problemática cuando deseas que a esa persona le vaya mal, te gustaría o haces por sabotear sus éxitos. Si la envidia transforma eso que ves en otros en objetivos para ti y te alegras genuinamente por lo que otras personas consiguen o poseen, no tiene por qué ser negativa», añade Sierra.

«La envidia es una emoción humana universal. Sentirla no nos convierte en malas personas, lo importante es cómo la gestionamos»

Las comparaciones

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero es inevitable ver cómo la vida de tus amigos avanza y la tuya parece estancada. «Precisamente, las amistades son uno de los escenarios donde más comparaciones realizamos, ya que suelen ser personas de nuestra misma edad, entorno o circunstancias vitales. No solemos compararnos con alguien completamente ajeno, sino con quienes sentimos más cercanos», explica Ferreiro. «La comparación social tiene una función y, dependiendo de cómo la orientemos, puede ser una fuente de inspiración. Pero si la comparación es destructiva con nuestra autoestima o nuestro autoconcepto ya no sería saludable. Aquí tendríamos que preguntarnos si estoy usando la vida de mi amiga como referencia o como medida de mi valor como persona», añade Sierra. «Cuando alguien tiene un logro, sobre todo cuando tenemos la misma edad y estatus, inconscientemente nos recuerda a algo en lo que hemos fracasado o en lo que no ponemos energía. Si eso ocurre, hay que transformar esa sensación en: “Pues yo también me voy a superar y lo voy a transformar en motivación positiva», afirma Dotor.

Pero que nadie se asuste, que esto ya lo hacían nuestros antepasados. «Los seres humanos somos animales gregarios: vivimos en grupos, necesitamos socializar... Pero también somos jerárquicos. Hay muchos animales que pelean entre sí por estar en una posición más arriba o más abajo en el grupo o en la escala social. A veces se puede dar que dentro de una pandilla de amigos, que aunque nos queremos y sentimos que somos un grupo de apoyo, se den entre nosotros ciertas competiciones. Lo estamos haciendo continuamente: cuando discutimos sobre cuál es el mejor equipo, cuando se hace por ver quién tiene la razón... En realidad están discutiendo por la jerarquía, por quién queda por encima y quién por debajo», explica García. Entonces, ¿es humano que en algún punto de tu vida te alegres de que a un amigo le vaya mal? «Cuando quieres a alguien no te gusta verlo sufrir, pero ver que nos va mejor o esa sensación de estar por encima, a todos nos puede producir cierta satisfacción. Aun así, que sea humano o frecuente, no significa que esté bien o justificado», añade.

Y si decido poner límites con esa amistad tóxica, ¿cómo puedo proteger mi bienestar emocional al saber que no puedo evitar el contacto por ciertas circunstancias? «Cuando se trata de alguien del trabajo o una persona que forma parte de nuestro grupo de amistades, puede ser difícil alejarnos o romper del todo la relación con esa persona. En estas situaciones, lo más recomendable suele ser compartir el mínimo de información personal con esa persona o mantener las interacciones a lo estrictamente necesario. La distancia emocional puede llegar a ser más realista que el cese total de la relación», concluye Sierra.