El papa reivindica en su encuentro con la sociedad civil que se tenga en cuenta la «dignidad humana» a la hora de producir, innovar y comunicar
08 jun 2026 . Actualizado a las 10:09 h.El Movistar Arena se convirtió ayer en un gran foro de diálogo entre el papa León XIV y representantes de la sociedad civil de España. El pontífice reunió a más de 12.000 personas para reivindicar los vínculos humanos por encima de todo. En unas sociedades cada vez más fragmentadas, y con el reto por delante de los avances tecnológicos —especialmente esa inteligencia artificial que tanto le preocupa—, Prevost destacó la necesidad de no dejar fuera a nadie y de valorar la «dignidad humana» como eje central a la hora de producir, innovar y comunicar.
«La comunicación nunca es neutral», explicó el pontífice. «Toda expresión puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes; sembrar división o despertar la esperanza en la posibilidad de construir algo juntos», indicó para poner el foco en la necesidad de «cuidar el lenguaje» y de establecer un diálogo entre instituciones. En ese sentido, le encomendó una misión a cada uno de los sectores allí representados. «Que la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin solo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en negocio; que el progreso tecnológico sea llevado a los ancianos, a los pobres y a los que no tienen voz», les pidió.
Tras valorar el legado que nos habían transferido nuestros antepasados, invitó a reflexionar sobre el que estamos diseñando nosotros ahora. «¿Qué herencia estamos dejando al futuro y qué comunidad estamos construyendo?», se cuestionó. «Estamos llamados a preguntarnos qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué es lo que se marchita en nuestra sociedad. Qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir», ha añadido refiriéndose explícitamente al devenir de Europa y a las amenazas internas a sus ideas fundacionales.
El valor humano
Esas fueron las conclusiones del pontífice al cerrar un evento en el que se sucedieron actuaciones, como las de la bailaora Sara Baras o la cantautora Rozalén, y discursos de los diferentes actores culturales, deportivos, laborales y educativos.
León XIV se emocionó ante las palabras de Antonio Banderas, quien, al borde de las lágrimas, se confesó «víctima del hechizo de Dios» desde muy pequeño, por su «querida» Semana Santa malagueña. «La Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la humanidad», defendió para apoyar la creación artística como «alternativa contra la violencia, el sufrimiento y las guerras», mientras el papa asentía con aprecio.
Como representantes laborales, patronal y sindicatos pidieron un nuevo contrato social con el ser humano en el centro, y reivindicaron la regulación de la IA de modo que se aprovechen sus fortalezas para «aumentar la productividad, reducir el tiempo de trabajo y mejorar la calidad de vida», pero que se mitiguen sus efectos adversos en los trabajadores.
Por su parte, la jugadora de bádminton Carolina Marín y la nadadora Teresa Perales defendieron los valores humanos en el deporte. «El adversario no es un enemigo, es un compañero de viaje indispensable. Competir es crecer con el otro, nunca contra el otro», expresaron. Tras terminar su discurso, Marín le regaló a Prevost, gran aficionado al tenis y a los deportes, una raqueta de bádminton.