Muere con 88 años David Hockney, uno de los artistas británicos más influyentes

La Voz LONDRES / EFE

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El artista británico David Hockney
El artista británico David Hockney David Pintor

Es uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX y XXI y fue un pilar fundamental del movimiento Pop Art

12 jun 2026 . Actualizado a las 17:01 h.

David Hockney, uno de los artistas británicos más influyentes del siglo XX y XXI, ha fallecido a los 88 años, informó este viernes su representante. Hockney, que trabajó prácticamente hasta el final de su vida, fue un pilar fundamental del movimiento Pop Art en la década de los 60. El 15 de noviembre de 2018 su obra Retrato de un artista fue vendida por la casa de subastas Christie's en Nueva York por un precio récord de 90,3 millones de dólares (79 millones de euros); consagrándolo como el artista vivo más caro del mundo. Destacaba de él su fascinación por fusionar arte y tecnología, desde sus fotomontajes hasta el uso del iPad y la Inteligencia Artificial. Es famoso por sus pinturas luminosas de piscinas en Los Ángeles, donde utilizaba colores planos y acrílicos para capturar la luz y la atmósfera del oeste americano. También realizaba fotomontajes y en los años 80, revolucionó la fotografía creando collages con decenas de fotos Polaroid para recrear paisajes desde múltiples perspectivas y dimensiones. Asimismo, sus obras se caracterizaban por una brillante paleta de colores, trazos limpios y una constante investigación sobre la percepción del mundo y la perspectiva.

Está considerado como uno de los mejores paisajistas del Reino Unido. Nacido en Bradford (en el condado inglés de Yorkshire) el 9 de julio de 1937, Hockney pronto desarrolló un ávido interés por el mundo creativo, en el que ahondó con sus estudios en la Escuela de Arte de Bradford y en el Royal College Of Art de Londres. De personalidad exuberante, vitalidad contagiosa y mente inquieta, según aquellos que lo conocieron bien, a lo largo de su carrera probó técnicas variadas, como la pintura, el dibujo, el grabado, la acuarela y la fotografía. Su curiosidad le llevó a aventurarse con máquinas de fax, aplicaciones de ordenador y programas de dibujo de iPad.

Cuadro en exposición de David Hockney.
Cuadro en exposición de David Hockney. TOLGA AKMEN | EFE

Gran apasionado de las nuevas tecnologías, si en su día coqueteó con las posibilidades que le ofrecía la Polaroid en un mundo dominado por los smartphones, más tarde no dudó en incorporar soportes más modernos como el iPhone. Hoy el nombre de Hockney aparece entre los artistas más relevantes de las últimas décadas, con sus inolvidables obras de paisajes, sus incontables retratos de amigos, sus perros -una constante en su trabajo- y sus decorados para escenarios del Royal Court Theatre (en Glyndebourne) y la Metropolitan Opera de Nueva York.

Sus estancias en California también marcaron su obras. En 1964 se mudó a Los Ángeles buscando una luz que no encontraba en su país. Allí creó distintivas series de piscinas con colores vibrantes en una época en la que vivió a caballo entre esa ciudad, Londres y París, a finales de los 60 y comienzos de los 70.  Fue en Nueva York, junto con Peter Blake, en la exposición de Nuevos Contemporáneos, donde se fraguó la llegada del arte pop británico, un movimiento completamente asociado a su nombre pese a que sus primeros trabajos fueron más marcadamente expresionistas. En Estados Unidos pasó más de tres décadas y allí nacieron algunos de sus trabajos más recordados y emblemáticos, como A bigger splash (1967). A finales de los noventa regresó a su país, en principio solo para acompañar a uno de sus mejores amigos, Jonathan Silver, enfermo terminal.

De esa época son característicos los paisajes ingleses de su juventud en el norte de Inglaterra, que redescubrió, y que eran tan opuestos al perenne clima estival de la soleada California, que él sofisticó con sus pinturas. Terminaría estableciéndose en la localidad costera de Bridlington, donde vivían su madre y su hermana y donde pintó el mar y los bosques ingleses. Fumador empedernido hasta el final de sus días, en una entrevista concedida al diario británico The Guardian, Hockney comparó ese hábito con un símbolo de libertad de los 60, una década de liberación de la que fue pionero.

Cuadro en exposición de David Hockney.
Cuadro en exposición de David Hockney. TOLGA AKMEN | EFE

Un gay confeso y sin dramatismos

Fue tal vez el primer artista que retrató la vida gay masculina sin disculpas ni melodramas, simplemente de la manera en la que él y su círculo la vivían, con total naturalidad. Desde 1979, utilizaba un audífono por un problema de sordera y tenía una tarjeta sanitaria de California que le autorizaba a comprar cannabis para fines médicos. Desde el 2018 se mantenía en forma nadando una media hora diaria en la piscina cada mañana. Cuando se le preguntaba por su artista moderno favorito, Hockney confesaba su predilección por el español Pablo Picasso, cuyo cubismo -según opinaba- reflejaba la búsqueda de aquello que el artista realmente quería.

En la primavera del 2020, el artista se mudó a vivir a una granja-estudio en Normandía (Francia), La Grande Cour, donde encontró refugio durante la pandemia y donde pasó los últimos años de su vida. Esa estancia marcó su última gran exposición Un año en Normandía, que aún puede visitarse en los jardines de Kensington, en Londres.