Sánchez mide el descontento interno de los críticos en el comité federal del PSOE
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El presidente conserva el control del partido y Ferraz pretende un cierre de filas, pero se esperan voces discordantes
27 jun 2026 . Actualizado a las 13:17 h.El PSOE celebra este sábado su comité federal en un clima que Ferraz querría presentar como una reunión ordinaria de rearme político, pero que llega atravesado por una evidencia incómoda: el partido ya no discute solo cómo resistir a la derecha, sino cuánto desgaste puede soportar Pedro Sánchez sin arrastrar consigo a toda la organización. La dirección intentará convertir la cita en un cierre de filas. El guion está escrito: reivindicar la acción del Gobierno, acusar al PP y a Vox de explotar judicial y mediáticamente los casos de corrupción, prometer controles internos más estrictos y recordar que cualquier fisura en el PSOE solo beneficia a Feijoo y Abascal.
Pero la sucesión de investigaciones, la condena a José Luis Ábalos, el caso Koldo, la caída de Santos Cerdán y el caso Zapatero han cambiado el contexto. La cita llega dos días después de que una mayoría del Congreso aprobara una moción para que Sánchez dimita o se someta a una cuestión de confianza. Jurídicamente no obliga a nada, pero políticamente deja la imagen de un Gobierno en minoría.
La dirección confía en que el comité federal no se convierta en una rebelión. Tiene razones para pensarlo. Sánchez conserva el control orgánico, la mayoría de las federaciones evitará abrir una crisis en público y muchos cargos territoriales temen perder sus puestos. Pero el malestar existe. Y esta vez no se limita a Emiliano García-Page, eterno Pepito Grillo del partido.
Junto a él, hay un buen número de alcaldes y dirigentes territoriales que creen que Sánchez debería asumir que la legislatura está en fase terminal y convocar elecciones antes de las autonómicas y municipales. Su preocupación es que sean ellos los que paguen en 2027 una factura política que no han generado.
Ya no es solo García-Page
Junto a Page se mueve un sector menos orgánico, pero muy reconocible: el de los viejos dirigentes socialistas, con Felipe González como referencia más visible. No tienen mando interno, pero sí autoridad simbólica para una parte de la militancia. Su reproche es más profundo que táctico. Consideran que el PSOE ha confundido la resistencia con la supervivencia personal de Sánchez y que la respuesta ante la corrupción no puede limitarse a denunciar una campaña de la derecha. En Ferraz irritan esas voces porque no pueden ser tratadas como adversarios externos, pero tampoco encajan ya en la disciplina de la actual dirección.
Muchos dirigentes no quieren aparecer en una foto contra Sánchez, pero tampoco desean que sus campañas se conviertan en un referendo sobre la corrupción y la permanencia del presidente. Es el malestar de quienes no tienen fuerza para imponer un cambio, pero sí miedo a que Ferraz los deje sin margen.
Frente a ello, militantes del PSOE han recibido, a través de chats internos, un mensaje de adhesión dirigido a Sánchez en el que, entre otra cosas, se le pregunta «qué habría sido de España sin tu firmeza, sin tu valentía, sin tu determinación y sin tu inspirador liderazgo».
La incógnita de este sábado no es si Sánchez conservará el control. Lo conservará con seguridad. La pregunta es si alguien, además de Page, se atreverá a verbalizar lo que muchos comentan fuera de los micrófonos.
El comité federal no decidirá el futuro inmediato del presidente. Pero servirá para medir la temperatura real del PSOE después de una semana en la que la corrupción y el Congreso han coincidido en el peor momento posible.