El ruido del tráfico, asociado como un nuevo factor de riesgo de párkinson

Raúl Romar García
r. romar LA VOZ

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Atasco de tráfico en una calle de Vigo
Atasco de tráfico en una calle de Vigo M.MORALEJO

Un estudio realizado en Dinamarca en el que se siguió a más de tres millones de personas durante 17 años también revela que las personas que duermen en habitaciones  silenciosas están más protegidas frente a la enfermedad

21 jul 2026 . Actualizado a las 09:12 h.

La exposición prolongada al ruido del tráfico rodado podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, según un amplio estudio realizado en Dinamarca y publicado en JAMA Neurology. La investigación, basada en el seguimiento de más de tres millones de personas durante casi dos décadas, identifica además un posible factor protector: vivir en una vivienda que disponga de una fachada o un dormitorio orientado hacia una zona más silenciosa. El trabajo ha sido liderado por Mette Sørensen, del Instituto Danés del Cáncer.

Durante el trabajo, que se prolongó durante 17 años, se diagnosticaron 20.587 casos de párkinson. Los resultados muestran que un incremento de 11,5 decibelios en la exposición al ruido del tráfico se asocia con un aumento del 3 % en el riesgo de desarrollar la enfermedad. Esta relación se mantuvo incluso después de ajustar el análisis por otros factores que también pueden influir en el riesgo, como la contaminación atmosférica, el nivel socioeconómico o la presencia de zonas verdes.

 Uno de los hallazgos más relevantes es el papel del llamado lado silencioso de la vivienda. Las personas que residían en edificios donde existía una diferencia de al menos 10 decibelios entre la fachada más ruidosa y la más tranquila presentaban un menor riesgo de párkinson que aquellas cuyas viviendas estaban expuestas al ruido por todos sus lados. Según los autores, este resultado apunta a que disponer de espacios de descanso protegidos del ruido podría amortiguar parte de sus efectos sobre la salud.

La investigación concluye de forma sólida que el ruido del tráfico rodado a largo plazo es «un nuevo factor de riesgo para la enfermedad de Parkinson». En este contexto, los científicos autores del trabajo destacan la importancia del diseño urbanístico y arquitectónico, puesto que contar con una fachada o un dormitorio orientado a un lado silencioso de la vivienda mitiga de manera importante este riesgo. Los autores sugieren que estos hallazgos deberían respaldar políticas públicas de salud y urbanismo orientadas a reducir la contaminación acústica y garantizar entornos residenciales más tranquilos.

 Para Ana Isabel Rodríguez Pérez, coinvestigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la Enfermedad de Parkinson del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidade de Santiago (USC), el trabajo constituye «la evidencia más sólida hasta el momento» sobre la relación entre el ruido del tráfico y el riesgo de desarrollar párkinson. La investigadora destaca especialmente, en una reacción recogida por SMC España, el tamaño de la cohorte, la calidad de la estimación de la exposición al ruido y el control de numerosos factores de confusión, como la contaminación atmosférica, los espacios verdes, el nivel socioeconómico y, en una parte de la muestra, también el tabaquismo y la actividad física.

Rodríguez Pérez subraya que el incremento del riesgo observado es «modesto», en torno al 3-4 %, pero consistente entre distintos grupos de población y compatible con los mecanismos biológicos que se consideran implicados en la enfermedad, entre ellos el estrés oxidativo, la activación microglial y las alteraciones de los ritmos circadianos.

La experta considera especialmente relevante el hallazgo de la fachada silenciosa, ya que «sugiere que una buena planificación urbana puede ayudar a reducir la exposición a este factor de riesgo». No obstante, recuerda que se trata de un estudio observacional y, por tanto, no permite establecer una relación causal. Además, la exposición se estimó únicamente a partir del ruido exterior, sin medir el ruido dentro de las viviendas ni en otros entornos cotidianos, como el lugar de trabajo.

Aun así, señala que, dado que millones de personas viven expuestas a niveles de ruido superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud, incluso un incremento relativamente pequeño del riesgo podría traducirse en un impacto sanitario importante.

En la misma línea, Fernando Alonso Frech, neurólogo e investigador clínico del Centro Integral de Neurociencias HM CINAC, considera que el trabajo aporta una de las evidencias epidemiológicas más robustas publicadas hasta la fecha sobre el posible papel de la contaminación acústica como factor de riesgo ambiental para el párkinson.

El especialista recuerda que la enfermedad de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente y que su incidencia continuará aumentando en las próximas décadas, por lo que identificar factores ambientales modificables constituye una prioridad para la salud pública.

Alonso Frech destaca en una reacción recogida por SMC España que los resultados son biológicamente plausibles, ya que el ruido ambiental se ha relacionado previamente con la activación mantenida del sistema nervioso simpático, el estrés oxidativo, la inflamación y las alteraciones del sueño, procesos que también participan en la neurodegeneración.

Aunque insiste en que el estudio no demuestra una relación causa-efecto y presenta limitaciones, como la ausencia de datos sobre la exposición real al ruido en el interior de las viviendas, considera que sus conclusiones respaldan la necesidad de impulsar políticas destinadas a reducir la contaminación acústica en las ciudades. «Se trata, por tanto, de una línea de investigación prometedora, aunque todavía en una fase temprana. Estudios como este pueden ayudar a identificar factores modificables que, una vez confirmados, contribuyan a diseñar estrategias para prevenir o reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad», apunta.

Entre ellas cita la planificación urbanística, la creación de barreras acústicas, la reducción del tráfico en zonas residenciales y el diseño de edificios que incorporen fachadas o espacios de descanso orientados hacia áreas más silenciosas.