La reconstrucción en Venezuela costará 17.000 millones

Pedro García Otero CARACAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Extracción de escombros en inmuebles en La Guaira.
Extracción de escombros en inmuebles en La Guaira. Daniel Hernández

El Banco Mundial estima que casi la mitad del dinero deberá destinarse a levantar viviendas

24 jul 2026 . Actualizado a las 09:04 h.

El Banco Mundial ha precisado este jueves su estimación del costo de los terremotos en Venezuela, ofreciendo una cifra intermedia entre los 6.000 millones de dólares que dio en los primeros días y los 37.000 millones de los que poco después habló la ONU.

Para el organismo financiero multilateral, harán falta unos 19.500 millones de dólares (17.000 millones de euros) para recuperar el patrimonio perdido durante el desastre, de los cuales 9.500 tendrían que estar destinados a la construcción de viviendas de reemplazo y 5.000 a recuperar infraestructuras dañadas.

Para un país que perdió el 80 % de su producto interior bruto entre el 2013 y el 2021, la cifra resulta inasumible sin apoyo internacional. Según el economista venezolano Jorge Jraisti, esto, sin embargo, es solo una fracción de la factura total: un reconstrucción que emplee las tecnologías más recientes y construcciones antisísmicas podría elevarse a más de 50.000 millones de dólares, es decir, prácticamente la mitad del PIB venezolano.

Una familia realojada en una carpa humanitaria de Japón, en El Junquito.
Una familia realojada en una carpa humanitaria de Japón, en El Junquito. Daniel Hernández

La Guaira es un territorio que venía de una desgracia relativamente reciente: la tragedia de Vargas (en 1999, cuando el estado tenía ese nombre) dejó, según cifras extraoficiales, más de 30.000 muertos, pues nunca se dieron números oficiales de las personas que fueron a parar al mar tras los aguaceros. En el 2005 y el 2010 también hubo graves afectaciones por lluvias torrenciales.

En esos momentos, como este jueves, se planteó el debate de qué hacer con una región proclive a los desastres, pero clave para Caracas, la capital, pues en ella se encuentran su principal puerto, aeropuerto y su costa al Caribe más cercana, a menos de 30 kilómetros; una tierra aluvial, con 300 metros de sedimentos antes de encontrar roca dura, que potencia el efecto de los sismos, y ubicada en una zona sísmica, como ha advertido la Sociedad Venezolana de Geólogos, lo que parece imposibilitar la construcción de edificios de muchos pisos, como los que ocupaban la mayoría de los escasos espacios llanos de la región antes de los terremotos.

Qué hacer con los escombros

El desafío inmediato, según ecologistas, es qué hacer con los dos millones de toneladas de escombros que quedaron de esos edificios y los que habrá que derribar tras ser declarados inhabitables. Y aunque el Gobierno interino de Delcy Rodríguez ha prohibido echarlos al mar, tras las alertas sobre afectaciones a la costa, en redes sociales se han reproducido vídeos donde grúas lo están haciendo, afectando la línea costera y haciendo más vulnerable la región ahora y en el futuro.

A medio plazo, ya se plantea cuál puede ser el modelo para una región que vive, justamente, del puerto, el aeropuerto y el turismo, todas actividades que se ven profundamente afectadas por los terremotos de hace un mes; y cómo reubicar a una población que ya regresó una vez a ella tras una enorme tragedia, devuelta por el arraigo y las oportunidades de estar cerca de la capital.

Políticamente, la reconstrucción la están asumiendo los antiguos enemigos tradicionales de la revolución bolivariana: mientras EE.UU. está instalado en la zona, controlando las infraestructuras portuaria y aeroportuaria y haciendo el traslado de los materiales de emergencia a través de buques anfibios, Israel ha mandado una comisión para elaborar un proyecto de recuperación de La Guaira, algo impensable en el país antes del 3 de enero, cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro.

Por lo pronto, ya se anunció que el aeropuerto de Maiquetía volverá a prestar servicio como «aeropuerto de guerra» (en carpas), mientras se recuperan sus instalaciones, gravemente afectadas por los terremotos.

Los guaireños, entre tanto, piden que se retomen, aunque sea parcialmente, los permisos para usar los balnearios de la región, pues dependen del turismo para poder recuperarse y seguir viviendo frente a ese Caribe que constituye toda su existencia y su razón de ser. Falta saber si la gente irá, con el recuerdo y las huellas de este desastre aún a flor de piel.