Miguel y María son familia numerosa con menos de 30 años: «En un año y medio nos juntamos con tres bebés. Ahora ya tenemos cuatro»
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Padres de cuatro hijos, los jóvenes cuentan cómo ha sido el camino hasta ahora y los obstáculos que han tenido que sortear. «Me matriculé en Enfermería el día del parto de mi tercer hijo, mientras dilataba», confiesa ella
28 jul 2026 . Actualizado a las 08:49 h.Miguel y María se dieron cuenta de que ya estaban envueltos en la locura de formar una familia numerosa cuando se vieron con tres retoños entre brazos en un abrir y cerrar de ojos. «Prácticamente, en un año y medio, nos juntamos con tres bebés», explican. Él tiene 29, a punto de cumplir 30. Ella es un año menor. Ahora, ya son seis en casa porque tienen cuatro hijos. «Llevamos toda la vida juntos y nos casamos cuando teníamos 22 y 23. Al año, llegaron las gemelas y seis meses después de que nacieran, me quedé embarazada del tercero. El cuarto llegó tres años y medio más tarde», indica María. Ambos intentan llevar con humor los comentarios que les hacen por tener cuatro chiquillos en tan poco tiempo. «¿No tenéis tele en casa?», llegaron a escuchar en boca de alguien. Para ello, María siempre tiene una respuesta. Por eso, gira el móvil durante la videollamada y enseña el ansiado aparato tecnológico que reina en su salón. «Mírala, está ahí. Además es grande. ¡De 65 pulgadas!”», dice entre risas.
«Existen los métodos anticonceptivos», se aventuran a comentarles desconociendo si, en realidad, están buscando un bebé. «La gente no se corta. Sin ir más lejos, hoy una chica me ha dicho: “Pero ya te vas a plantar, ¿no?”. Es como que te quieren planificar un poco la existencia. Yo siempre digo que es algo muy personal», admite Miguel. Incluso cuando ella fue a renovar el DNI, el policía se sorprendió. «Yo también vengo de familia numerosa. Él me dijo que a los 21 se dejaba de formar parte del núcleo familiar. Tuve que explicarle que era la madre, no la hija, porque no le cuadraba que yo tuviera cuatro niños», afirma María.
«Nunca es buen momento para tener hijos»
El matrimonio tiene claro que la diversión no está reñida con la paternidad. «Nosotros intentamos visibilizar que teniendo familia numerosa se puede ser feliz, porque la gente parece que se lo cuestiona. Cuando te ven por la calle te dicen: “Madre mía, ¿los cuatro son tuyos? ¿Y cómo lo haces?”. Entiendo que se lo pregunten porque es una locura. También se dice que te cortan la libertad y no tienes tiempo para ti. Mi tiempo lo quiero pasar con ellos. A mí me ocurre algo guay y quiero contárselo a mi familia», confiesa María. «Es el prejuicio social de que tenerlos es una barrera para el desarrollo personal», añade Miguel.
«Nosotros intentamos visibilizar que teniendo familia numerosa se puede ser feliz. Existe el prejuicio de que tenerlos es una barrera para el desarrollo personal»
Con el tema económico les pasa un poco lo mismo. «Te sueltan: “¿Y dónde os vais de vacaciones?”. O “Pobres hijos que no viajáis...”. Como si eso fuese todo en la vida», explica María. «Siempre ha existido la idea de que los hijos te privan de hacer cosas y no tiene por qué ser así. Que tienes que gastarte mucho dinero en ellos, entonces así tú no tienes para vivir cosas que sin hijos podrías hacerlo. También están los que critican y te dicen: “Estaréis contentos con las ayudas...”. Como si te dieran para vivir. Algo existe, pero no da. Quien sea familia numerosa lo sabe y conoce lo que hay», añade Miguel. «Ahora que he empezado a trabajar, no nos corresponde nada ya. Lo que te toca es escasamente 100 euros al mes. Si es especial, poco más», puntualiza ella.
Hace ya bastante tiempo que las personas que se aventuran a tener hijos antes de los 30 se convirtieron en una especie en peligro de extinción. Ritmos de vida vertiginosos, poca estabilidad laboral —o que simplemente no quieren tenerlos— son algunas de las razones. Ellos no comparten esas trabas. «Nunca es buen momento para tener hijos. A lo mejor, la estabilidad no llega hasta que tengas 45 años, cuando consigues tu plaza o tu trabajo bien pagado. El orden suele ser así: el coche, la casa, el trabajo estable y, luego, ya te da por formar una familia. Es verdad que, gracias a que no ha sido así, tengo la vida que tengo. Yo he pasado a casarme y a ser madre sin tener el trabajo fijo», afirma María.
«Nunca es buen momento. El orden suele ser así: el coche, la casa, el trabajo estable y, luego, ya te da por formar una familia. Gracias a que no ha sido así, tengo la vida que tengo»
Para ellos, tener hijos te hace apañártelas para encontrar la estabilidad y siempre existe una salida. Dos meses antes de que María diese a luz a su tercer hijo, a Miguel lo echaron del trabajo. Era un empleo indefinido, algo de lo que vivían. «¿Qué hacemos ahora?», se preguntaron. Aparecieron, de pronto, los libros. «Yo creía que no iba a estudiar más, porque ya tenía mi carrera de Nutrición y un máster. Antes de cursarla, quise hacer Enfermería y no me dio la nota. Después vi que con la del máster podía acceder por el cupo de titulados. Ahí vimos el momento, porque con el paro podíamos aguantar solo dos años», indica ella. «Miguel me dijo: “Vamos tirando como se pueda y te sacas Enfermería, que es lo que tú siempre has querido”. Hice la matrícula, pero entré en lista de espera», añade.
El bebé vino con un pan debajo del brazo. «El día del parto, mientras dilataba, me llamaron y me dijeron que había entrado y que la plaza era mía, pero tenía que hacer la matrícula antes de las doce de la noche. Yo les expliqué que estaba ingresada a punto de dar a luz y me respondieron: “Pues o lo haces antes de esa hora o administrativamente se te salta la plaza”. Llamamos a un amigo para que fuese a casa y cogiese cosas para hacer la matrícula y, allí en el hospital, me matriculé», confiesa. «Recuerdo que entraba la matrona y me decía: “Tienes que pensar en el bebé, tiene que ser rápido”. Y yo le decía: “Hasta que yo no haga esto... Nada”», bromea.
A la universidad con un bebé
María comenzó la carrera cuando el pequeño tenía dos meses y se lo llevaba a clase en su mochila de porteo. «Siempre estaba dormido, pero cuando veía que balbuceaba y se despertaba, me levantaba para no molestar. La profesora me decía: “No molesta, los que molestan son esos que están hablando. Tú haces un esfuerzo triple por estar aquí, quédate"», confiesa agradecida la joven. Después, en tercero de carrera llegó el cuarto niño. «Hice las prácticas embarazadísima hasta el noveno mes. Un día por la mañana estaba siendo enfermera de prácticas y por la tarde estaba con contracciones en el hospital para dar a luz», cuenta mientras su marido la mira orgulloso. Como anécdota, ahora ella trabaja en esa novena planta en la que cursó el Practicum. Su resumen, es que estudiar y criar es complicado. «Es un caos. La gente me comentaba: “Qué valiente, ya tendrás ayuda”. Y estábamos los dos solos. No sé cómo lo hice. Sabía que tenía que hacerlo por mi familia y ya. También me he sentido culpable sabiendo que me estaba perdiendo cosas de su infancia», afirma la joven.
Su rutina actual con sus cuatro retoños y la vida más estable, comienza a las ocho de la mañana. «Van al cole, nosotros al trabajo y al mediodía los recojo yo porque me viene mejor. Las tardes con ellos solo nos duran tres horas, es la triste realidad», explica Miguel haciendo hincapié en la conciliación. Porque para él y María, el timing de su vida fue perfecto, pudiendo encontrar soluciones a los obstáculos que les iba poniendo la vida. «Esto, a posta, no nos sale», concluyen ambos entre risas.