Las láminas negras de las estalagmitas de Atapuerca revelan cambios climáticos y presencia humana

M. V. REDACCIÓN / LA VOZ

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Una excavación en el yacimiento de Atapuerca
Una excavación en el yacimiento de Atapuerca Santi Otero | EFE

La investigación combinó dataciones radiométricas, análisis petrográficos y geoquímicos, microscopía electrónica y tomografía computarizada

15 ago 2026 . Actualizado a las 11:20 h.

El estudio de las láminas negras de las estalagmitas de los yacimientos de la sierra de Atapuerca, en Burgos, ha revelado cambios climáticos y presencia humana en las cuevas, de cronología del Neolítico y Edad del Bronce. La investigación, publicada en la revista Journal of Quaternary Science, se ha centrado en analizar las láminas oscuras, muy poco estudiadas a pesar de ser uno de los archivos naturales más importantes para reconstruir las condiciones ambientales del pasado, según ha informado el Museo de la Evolución Humana en una nota de prensa.

La investigación en las galerías de las Estatuas y del Silo, en Cueva Mayor, se ha realizado sobre cuatro estalagmitas, a las que se ha aplicado una aproximación multidisciplinar que combina dataciones radiométricas, análisis petrográficos y geoquímicos, microscopía electrónica y tomografía computarizada.

Esta metodología ha permitido diferenciar cuatro tipos de láminas negras y, sobre todo, distinguir entre aquellas relacionadas con procesos naturales y las que conservan evidencias de actividad humana. Así, algunas de estas capas se relacionan con cambios en las condiciones climáticas e hidrológicas de la cueva: las láminas erosivas presentan evidencias de disolución y erosión de la calcita que ya se había formado, asociadas a períodos en los que el crecimiento de la estalagmita se ralentizó o incluso se interrumpió.

Posteriormente, el agua pudo transportar hasta la cueva partículas procedentes del suelo y del exterior, como minerales, arcillas y materia orgánica, que quedaron incorporadas a la superficie de la estalagmita. Algunas de las láminas erosivas son compatibles con períodos relativamente áridos y con importantes interrupciones del crecimiento, mientras que otras se relacionan con condiciones muy húmedas y con un aumento de la infiltración de agua.

Evidencia de presencia humana

El estudio ha permitido también identificar que algunas capas negras contienen diminutas partículas de hollín y fragmentos de carbón vegetal, que procederían de procesos de combustión en el interior de la cueva y, en el contexto de Cueva Mayor, se interpretan como consecuencia de fuegos encendidos por grupos humanos. Estas capas se sitúan cronológicamente en fases ya documentadas de intensa ocupación de las cavidades durante el Neolítico y la Edad del Bronce, por lo que estas estalagmitas aportan una perspectiva complementaria al registro arqueológico tradicional.

El estudio revela así que una misma estalagmita puede conservar dos tipos de información: por un lado, la respuesta de la cueva a los cambios ambientales y climáticos; por otro, la huella directa de quienes la habitaron o utilizaron. El trabajo propone además un sistema de clasificación basado en las características microscópicas, mineralógicas y geoquímicas de estas capas, que puede aplicarse al estudio de otros sistemas kársticos.