La Comunidad Valenciana registró el jueves una mínima de 39 grados
21 ago 2026 . Actualizado a las 11:22 h.El 2026 no se cansa de acumular registros inéditos. Uno puede retroceder a cualquier momento del año y encontrará un dato sin precedentes, sobre todo relacionado con la precipitación y el calor. Pero lo que ocurrió la madrugada del jueves en la Comunidad Valenciana es algo completamente histórico. De hecho, no existe un término para definir una situación así. Cabe recordar que una noche es tropical cuando se alcanzan los 20 grados, ecuatorial los 25 e infernal cundo se llega a 30. Pero ¿qué pasa cuando roza los 40 grados?. A las doce de la noche, cuando ya habían pasado varias horas desde el ocaso, los termómetros marcaban 39 grados en Dénia y el Ràfol d’Almúnia y 38 en Gandia Oliva, Cullera, Pego, Pedreguer, según la red de la Asociación Valenciana de Meteorología (AVAMET). Decenas de localidades superaron además los 35. «No solo hemos vivido una de las noches más cálidas del verano, sino la más calurosa desde que hay registros en la mayoría de poblaciones valencianas», confiesan desde Avamet.
Para entender cómo puede haber una madrugada a casi 40 grados hay que mirar primero hacia el oeste. Durante las últimas horas del miércoles, el viento giró a poniente. El aire marítimo fue sustituido por otro procedente del interior de la Península, extremadamente cálido y seco. Las temperaturas aumentaron súbitamente hasta los 35 grados en numerosos puntos mientras la humedad relativa caía por debajo del 30 %. El viento del oeste explica los picos de 39 grados, pero no toda la historia de una noche sin precedentes.
Otro de los responsables de que las temperaturas encontrasen tantas dificultades para descender se encuentra en el Mediterráneo. La región occidental del mar continúa bajo los efectos de una ola de calor marina que lleva activa todo el verano y que ya ha dejado récords como los 33,02 grados en la boya Dragonera, en Baleares.
El Mediterráneo lleva meses con una anomalía positiva de cuatro grados por encima de la media. Esa enorme cantidad de energía acumulada se vuelve especialmente relevante por la noche. Mientras la tierra se enfría con rapidez por la noche, el mar conserva buena parte del calor almacenado durante el día. El aire que circula sobre esas aguas permanece así más cálido y húmedo de lo habitual y, cuando alcanza la costa, dificulta que los termómetros puedan seguir descendiendo. Cuanto más caliente está el mar, más alto puede quedar ese suelo térmico nocturno. Esto está provocando que las noches tropicales sean lo normal.

El impacto de un Mediterráneo tan caliente va más allá del hecho de provocar madrugadas en las que resulta imposible conciliar el sueño. En las próximas semanas, a medida que llegue el otoño, se va a convertir en una máquina de inyectar vapor de agua a la atmósfera. En este escenario, cualquier depresión que pase cerca de sus aguas o reciba su influencia absorberá una cantidad importante de humedad lista para producir precipitaciones intensas. Por ejemplo, este finde de semana una borrasca se va a situar al oeste de la Península y dejará precipitaciones intensas en Galicia durante la jornada del lunes. Después se dirigirá hacia el norte. Si ese mismo sistema de bajas presiones se moviera hacia el este, hacia el Mediterráneo, podría haber provocado una situación con un potencial enorme para provocar una meteorología muy adversa.
Cabe destacar que el estado actual del Mediterráneo no garantiza por sí solo que vayan a producirse episodios de lluvia torrencial este otoño. Sin embargo, hace unos días la Agencia Estatal de Meteorología anunció un anomalía húmeda para los próximos tres meses en el este peninsular. Esta previsión estacional que contempla más lluvia de lo normal tiene en cuenta precisamente la influencia de las altas temperaturas del mar. Ayer mismo, tras la noche calurosa, se produjeron fuertes tormentas vespertinas.