La temperatura global podría subir el próximo año al menos 1,7 grados, una cifra sin precedentes en la historia reciente de la humanidad
24 ago 2026 . Actualizado a las 15:24 h.No está la Tierra precisamente como para recibir más presión, pero el incipiente fenómeno de El Niño amenaza con conducir al sistema climático a un estado completamente desconocido. Para entender esta historia resulta pertinente contextualizar el momento actual. El planeta lleva décadas calentándose. Desde mediados del siglo XIX, la temperatura media global ha aumentado alrededor de 1,4 grados respecto al período preindustrial. La mayor parte del ascenso se ha concentrado durante la llamada Gran Aceleración, iniciada hacia 1950. En el 2015, la comunidad internacional se reunió en París en una de las cumbres climáticas organizadas por Naciones Unidas y acordó mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de los dos grados y realizar esfuerzos para limitarlo a 1,5.
Aunque las medias adoptadas para mitigar el calentamiento no han dado los frutos necesarios, alcanzar temporalmente la barrera del grado y medio parecía todavía algo relativamente lejano. Y entonces llegó el 2023. La temperatura global pegó un salto inesperado y el año terminó alrededor de 1,48 grados por encima del período preindustrial. El 2024 fue todavía más cálido y alcanzó aproximadamente 1,6 grados. Por primera vez, se rebasaba esa frontera. El 2025 terminó cerca de 1,45 grados por encima. Este salto térmico ha contribuido durante los últimos tres años a producir todo tipo de eventos meteorológicos extremos por todo el planeta.
Aerosoles y variabilidad natural
La comunidad científica sigue tratando de determinar por qué el calentamiento desde hace tres años está siendo tan intenso y hasta qué punto refleja una aceleración de la tendencia de fondo. Entre los factores que se investigan figura la reducción de los aerosoles contaminantes emitidos por los barcos tras la entrada en vigor de nuevas normas internacionales sobre combustibles marítimos. Estas partículas ejercían un efecto refrigerante al reflejar parte de la radiación solar. Al reducirse, el planeta habría perdido una pequeña parte de ese efecto protector.
Otra pieza fundamental se encuentra en el Pacífico y en la alternancia entre El Niño, su fase cálida, y La Niña, la fría. La variabilidad natural que se produce en el océano más grande de la Tierra puede acelerar o frenar temporalmente el aumento de la temperatura global, hasta el punto de dificultar la identificación de cambios en la velocidad del calentamiento antropogénico. Por ello, la situación actual está generando un enorme interés en la ciencia del clima. Y precisamente ahora, cuando todavía se intenta comprender el comportamiento térmico del último trienio, el Pacífico añadirá más calor al sistema.
Intenso desde el principio
Durante la pasada primavera, las aguas del Pacífico comenzaron a aumentar su temperatura. Era la primera señal de que El Niño estaba en camino. Se produce cuando los vientos alisios que soplan de este a oeste se debilitan y el agua caliente pasa de la región occidental del océano a la parte oriental. El evento se desarrolló con fuerza desde el principio, pero las previsiones sobre este fenómeno entre marzo y mayo siempre tienen mucha incertidumbre. Había que esperar para conocer su intensidad a pesar de que muchos científicos ya apuntaban a que venía un episodio muy fuerte.

Las últimas actualizaciones de los principales modelos climáticos no solo mantienen aquel escenario, sino que lo han intensificado. El conjunto de las predicciones espera que El Niño continúe fortaleciéndose durante el otoño y alcance su máximo entre octubre y diciembre. La estimación central sitúa el pico cerca de los cuatro grados de anomalía. Esa cifra corresponde a la región conocida como Niño 3.4, una enorme franja del Pacífico ecuatorial central. La referencia habitual para declarar un episodio de El Niño es una anomalía de al menos medio grado e mantenida durante varios meses. A partir de los dos grados se habla ya de un evento muy fuerte.
El más fuerte desde 1950
Los cuatro grados de anomalía que anticipan actualmente los modelos situarían al Niño del 2026 en un territorio desconocido en el registro moderno. La Agencia del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA) dispone de una serie oficial que comienza en 1950 y que incluye otros grandes episodios de las últimas décadas. Si se cumplen las previsiones actuales, el de 2026 podría superar ampliamente a cualquier de ellos y convertirse en el Niño más intenso. Un análisis publicado este pasado viernes por el estadounidense James Hansen, uno de los climatólogos más prestigiosos del planeta, sostiene que el fenómeno «está fuera de control» y que la cantidad de calor acumulada en los primeros 300 metros del Pacífico ecuatorial supera ya la registrada durante el súper-Niño de 1997-98, considerado uno de los mayores de la era moderna.
Además, existe una diferencia fundamental entre aquellos episodios y el actual. El Niño del 2026 se desarrolla sobre un océano mucho más caliente debido al cambio climático. Por eso, los científicos no solo observan cuánto se ha calentado el Pacífico ecuatorial, sino también cuánto lo ha hecho respecto al resto de los océanos tropicales. Esta comparación permite separar mejor la señal propia de El Niño del calentamiento general del planeta.
Su impacto ya ha empezado a notarse. Las últimas estimaciones conceden al 2026 un 46,7 % de probabilidades de superar al 2024 y convertirse en el año más cálido registrado y un 53,3 % de terminar segundo. Prácticamente se da por hecho que ocupará uno de los dos primeros puestos. Pero el verdadero impacto de este Niño sobre la temperatura global todavía estaría por llegar.
2027, un viaje al futuro
El enorme calentamiento previsto en el Pacífico no se quedará allí. El Niño redistribuye una parte del calor almacenado en el océano y favorece su transferencia hacia la atmósfera. Su influencia acaba extendiéndose por todo el planeta y elevando temporalmente la temperatura media global. Además, el máximo efecto no coincide exactamente con el momento de mayor intensidad del fenómeno, sino que suele producirse con algunos meses de retraso. Por eso, si El Niño alcanza su pico a finales del 2026, será durante el 2027 cuando probablemente deje su mayor huella en el termómetro global.
En un análisis reciente publicado por los climatólogos estadounidenses Andrew Dessler y Zeke Hausfather se menciona que por cada grado que aumenta el índice de El Niño, la temperatura media del planeta sube posteriormente alrededor de 0,08 grados. Si la región Niño 3.4 alcanza los 3,9 grados que anticipa actualmente los modelos, el fenómeno podría añadir temporalmente cerca de 0,3 grados a la temperatura global. El resultado sería que el 2027 podría terminar con una anomalía de alrededor de 1,76 grados respecto al período preindustrial y una probabilidad muy elevada de convertirse en el año más cálido desde que existen registros
La magnitud de este nuevo salto permitiría una especie de viaje climático hacia el futuro. Sin la influencia de El Niño, la tendencia actual de calentamiento no llevaría al planeta hasta una temperatura semejante hasta aproximadamente el 2037. En los escenarios más extremos, el 2027 podría alcanzar incluso niveles que no se esperaban hasta alrededor del 2040. Durante unos meses, El Niño podría adelantar más de una década el termómetro de la Tierra. Sería el momento más cálido en miles de años y provocaría todo tipo de meteorología extrema.