El crimen que conmocionó a todo el país: diez años de la desaparición de Diana Quer
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La joven desapareció en A Pobra y su cuerpo fue hallado 496 días después
22 ago 2026 . Actualizado a las 10:47 h.A Pobra apuraba la última noche del Carme dos Pincheiros. Era la madrugada del 22 de agosto del 2016 y Diana Quer, una madrileña de 18 años que pasaba el verano con su madre y su hermana en Cabío-Xobre, emprendió sola el camino de regreso a casa después de disfrutar de las fiestas. Nunca llegó. Su desaparición abrió un misterio que mantuvo durante 496 días en vilo al país y acabó revelando uno de los crímenes de mayor repercusión de los últimos años en Galicia.
Las últimas noticias de Diana llegaron a través de su teléfono. Mientras caminaba escribió a una amiga para contarle que un desconocido la estaba incomodando: «Me estoy acojonando, un gitano me está llamando; me dice ‘‘Morena, ven aquí''». Aquel mensaje puso inicialmente el foco sobre los feriantes instalados por las fiestas, aunque esa vía no condujo a ninguna parte. La Guardia Civil acabaría situando el punto clave de la desaparición en la confluencia del paseo do Areal, la rúa Venecia y el paseo Marlés. A mediodía, la Policía Judicial de la Guardia Civil de Noia ya sospechaba que no se trataba de una ausencia cualquiera y puso en marcha la operación Querpu.
Los primeros días estuvieron marcados por grandes dispositivos de búsqueda y por unas pesquisas que avanzaban sin descartar prácticamente nada. Guardia Civil, Protección Civil y numerosos voluntarios rastrearon distintos puntos de Barbanza mientras se investigaban desde una posible marcha voluntaria hasta un accidente, un secuestro, un homicidio o una desaparición forzosa. La primera pista sólida llegó de la mano del teléfono. Sus señales permitieron determinar que había salido de A Pobra a una velocidad incompatible con un recorrido a pie y que había llegado hasta Taragoña, en Rianxo. El 27 de octubre, más de dos meses después, un mariscador encontró el terminal en la ría.
Investigación tecnológica
El hallazgo abrió una laboriosa investigación tecnológica. Los agentes cruzaron las señales del móvil con las de otros terminales que habían realizado aquella madrugada un recorrido similar y analizaron las cámaras de la AG-11. Las pesquisas fueron estrechando el círculo sobre José Enrique Abuín Gey, el Chicle, vecino de Asados, en Rianxo, con antecedentes relacionados con el tráfico de drogas y conocido también por su actividad furtiva. Su teléfono había seguido un itinerario coincidente con el de Diana y los investigadores lograron identificar en las imágenes de la autovía el vehículo que utilizaba.
Abuín llegó a ocupar los primeros puestos de la lista de sospechosos y sabía que los investigadores seguían sus pasos. Sin embargo, faltaba lo fundamental: una prueba que permitiese incriminarlo. Además, contaba con la coartada de su mujer, Rosario Rodríguez, que aseguraba haber pasado aquella madrugada con él. Sin indicios suficientes para atribuir el crimen a nadie, el Juzgado de Instrucción número 1 de Ribeira decretó en abril del 2017 el sobreseimiento provisional de la causa.
El caso dio un vuelco en la Navidad del 2017. El día 25, una joven logró escapar en Boiro de un hombre que había intentado introducirla por la fuerza en un coche. Los datos que facilitó llevaron nuevamente hasta el Chicle y cuatro días después fue detenido junto a su mujer. Esta acabó desmontando la coartada al reconocer que no había estado con él la madrugada en la que desapareció Diana. Abuín terminó reconociendo la muerte y reveló dónde se encontraba el cuerpo.
En un pozo en Asados
Los investigadores se desplazaron hasta una nave abandonada de Asados, situada a escasa distancia de la vivienda de los padres del Chicle. En el fondo de un pozo encontraron el cadáver de Diana, que había permanecido allí oculto durante 496 días. Su aparición permitió cerrar la búsqueda, pero abrió el camino para determinar qué había sucedido realmente aquella madrugada.
El juicio celebrado en el 2019 permitió reconstruir el crimen. El jurado consideró probado que Abuín abordó a Diana en A Pobra, la introdujo contra su voluntad en el vehículo y la trasladó hasta la nave de Asados con la intención de agredirla sexualmente. Allí la atacó y acabó estrangulándola para impedir que pudiera identificarlo y ocultar el delito sexual cometido. Después arrojó su cuerpo al pozo.
La Audiencia Provincial de A Coruña condenó en diciembre del 2019 a José Enrique Abuín Gey a prisión permanente revisable por el asesinato, además de imponerle penas por la detención ilegal y la agresión sexual. El Tribunal Supremo confirmó en noviembre del 2020 la prisión permanente revisable, convirtiendo en firme el principal castigo impuesto al Chicle por el crimen de Diana Quer.
«Lo que pasó con mi hija fue una desgracia enorme»
Juan Carlos Quer prefiere no regresar a aquellos días del verano de 2016. Hoy se cumplen diez años de la desaparición de su hija Diana en A Pobra y, cuando se le pregunta qué recuerda de entonces, evita remover un episodio que acabó marcando su vida. «Ya descansa en paz. Lo demás es muy doloroso, es mejor dejarlo estar», señala.
El padre de Diana se involucró desde el primer momento en la búsqueda de la joven y, tras conocerse el desenlace del caso, se convirtió en una de las voces más activas en defensa de la prisión permanente revisable. Una década después, es precisamente ahí donde sitúa el legado de su hija. «Lo que pasó con Diana fue una desgracia enorme y su legado fue evitar que una pena como la prisión permanente revisable se derogase», afirma. Para Quer, mantener esta figura en el Código Penal permite que «una serie de monstruos estén a buen recaudo para bienestar de los demás ciudadanos».
José Enrique Abuín Gey, el Chicle, fue precisamente condenado a prisión permanente revisable por el asesinato de Diana, una pena que posteriormente ratificó el Tribunal Supremo.
El recuerdo de Galicia
Si hay algo en lo que Quer sí quiere detenerse diez años después es en el respaldo que recibió su familia. «Quiero agradecer a todos los ciudadanos españoles el inmenso cariño con el que apoyaron y siguen recordando a Diana», señala, antes de reservar unas palabras especiales para Galicia: «Mi agradecimiento personal a todos los ciudadanos de Galicia por su cariño, por su proximidad, por su recuerdo a Diana».
Un afecto que, asegura, sigue percibiendo una década después. «No me falta una palabra de apoyo de nadie», afirma. Y, por encima de cualquier recuerdo de lo ocurrido, expresa un deseo: «Ojalá que no se vuelvan a repetir este tipo de circunstancias».