La Agencia de Seguridad Alimentaria revisa un estudio sobre menopausia hecho con datos de hombres

La Voz REDACCIÓN

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Dos mujeres paseando en Pobra do Caramiñal.
Dos mujeres paseando en Pobra do Caramiñal. CARMELA QUEIJEIRO

Los datos del informe de AESAN se basan en estudios realizados solo en varones y carecen de rigor científico, según denuncian varias investigadoras de AMIT

26 ago 2026 . Actualizado a las 22:29 h.

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) va a revisar un informe sobre la alimentación adecuada en mujeres durante la menopausia tras la denuncia de varias científicas de que se ha basado en datos de estudios realizados en población exclusivamente masculina. La revisión del documento con hábitos nutricionales dirigido a mujeres en las distintas etapas de la menopausia, publicado el pasado mes de marzo, se produce tras la denuncia de científicas de la Asociación Española de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) porque algunas de las recomendaciones se realizan sobre valores extraídos de estudios realizados directamente en varones, sin advertir explícitamente de este hecho.

La AESAN, organismo autónomo dependiente del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ha solicitado a su Comité Científico la revisión de ese informe y reconoce «la omisión de una advertencia» sobre los datos en los que se basó su estudio que procedían de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), según han explicado fuentes de la AESAN, después de que elDiario publicara la denuncia de las investigadoras. Las fuentes inciden, como ya hacía el informe en sus conclusiones, en la necesidad de realizar investigaciones adicionales para definir recomendaciones específicas para mujeres en la transición menopáusica y posmenopausia.

Por su parte, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha instado este miércoles a revisar el informe y espera que «no se vuelva a repetir». «Ya es hora de que las mujeres estén presentes en las agendas y en los estudios de salud y que el cuerpo masculino deje de ser la referencia universal para todo, incluso para lo que tiene que ver con la menopausia», ha señalado Redondo en su cuenta de X.

La guía con hábitos nutricionales va dirigida a mujeres en las distintas etapas de la menopausia para prevenir problemas de salud y complicaciones como la pérdida de masa ósea y función muscular, el deterioro cognitivo o las alteraciones cardiovasculares.  El documento recomienda que, durante esta etapa de la vida en las mujeres, se tomen alimentos con proteínas (pescado, huevos, leche y carne), omega-3 para reducir la inflamación (aceite de oliva, frutos secos), fibra (legumbres, hortalizas, frutas), calcio (yogures, sardinas con espina), hierro (almejas, soja, legumbres), magnesio (cereales integrales, frutos secos, semillas) y vitaminas B, C, D y E, entre otras. Además, el informe pone de relieve también la importancia de practicar ejercicio de forma regular, recomendando entre 150 y 300 minutos a la semana de actividad aeróbica moderada, o bien 75-150 minutos de actividad vigorosa, y que incluya al menos dos sesiones semanales de fuerza.

La inclusión de las mujeres en los ensayos clínicos, una asignatura pendiente en pleno siglo XXI

C. M.

La lucha contra el sesgo de género en la medicina y la investigación biomédica viene de lejos, pero las cifras siguen revelando una realidad preocupante. «Las mujeres, en general, vivimos más, pero peor», apuntó en una entrevista a La Voz de Galicia María Trinidad Herrero, catedrática de Anatomía y miembro de la Real Academia de Medicina de España. Para ella, «es una asignatura pendiente que hay que poner sobre la mesa». Se estima que la participación de las mujeres en los ensayos clínicos se sitúa, de media, entre el 21 % y el 32 % del total de pacientes, según diversos estudios científicos. Herrero menciona algunos intentos que se llevaron a cabo para intentar remediarlo. Uno de ellos tuvo como protagonista a la doctora Bernadine Healy, que asumió la dirección de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) en 1991 y que estableció una normativa para asegurar la presencia obligatoria de ambos sexos en este tipo de investigaciones. En muchos casos, papel mojado.

«La inclusión de población femenina en los ensayos clínicos se sitúa en torno a un 30 %, según una revisión reciente», confirmó Charo García Campelo, jefa de servicio de oncología del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña y responsable del grupo de investigación de Oncología del Instituto de Investigación Biomédica (Inibic), en un reportaje sobre ensayos clínicos publicado en La Voz el pasado mes de octubre. Reconoció que es un problema, «porque la mayoría de la investigación, históricamente, ya sea preclínica y clínica, se ha hecho en hombres; y de ahí, asumimos muchas conclusiones en torno a dosis, eficacia de fármacos, tolerancia de una determinada estrategia terapéutica o incluso la calidad de vida que esta puede proporcionar».

En cuanto a las razones que pueden llegar a explicar esa falta de representación de la población femenina se engloban causas de exclusión históricas, así como la falsa creencia de que los cuerpos masculinos conforman el modelo representativo para ambos sexos. «Hay distintos factores. Esto está publicado, registrado y analizado. Uno de ellos es que, a veces, la propia mujer rechaza la participación en un ensayo clínico porque exige mucha visita al hospital, procedimientos que consumen tiempo, y sus obligaciones laborales y familiares, de conciliación, pueden llevarla a rechazar la opción», lamenta Campelo. «Los temas de salud y género ni siquiera se explican en las facultades de ciencias de la salud, ni en medicina, ni en enfermería, ni en fisioterapia, ni en odontología, ni en farmacia. A veces nos dicen que defendemos esto por ser feministas, pero es que está demostrado por la ciencia. Ya van demasiados años, demasiados decenios en los que se sigue una dinámica que hay que cambiar», concuerda Herrero.