Los disturbios llegan a Ceuta un mes después de la entrada masiva de migrantes

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Decenas de vecinos intentaron impedir el reparto de alimentos de Cruz Roja a los migrantes asentados en la playa del Trampolín

27 ago 2026 . Actualizado a las 21:01 h.

La paciencia se ha agotado en Ceuta y el clima tóxico que inundaba sus calles ha terminado por tomar la ciudad. La radicalización civil y el descontrol de los migrantes eclosionaron en disturbios durante la noche del miércoles al jueves. Cientos de manifestantes se lanzaron a asaltar la playa del Trampolín, donde aún se hacinan las personas que entraron masivamente el 30 de julio, sin éxito gracias a los disparos disuasorios de la Policía. Y los asaltos nocturnos de militares díscolos acabaron este miércoles en la emboscada de cuatro de ellos por decenas de desplazados irregulares. La olla que todo el mundo preveía que iba a estallar ya lo ha hecho.

Recién entrada la noche, una columna de cientos de personas recorrieron, como es habitual, las arterias de Ceuta. Pero por el camino, decenas de personas se encaraban con migrantes —algunos de ellos menores— hasta que la Policía Nacional intervenía y los separaba. Vítores de victoria seguían a continuación mientras proseguían la marcha. La palabra «invasores» resonaba cada minuto entre los componentes de la marcha, y los negocios regentados o frecuentados por magrebíes echaban las persianas por miedo. «Es una pena hasta dónde estamos llegando, no sé cómo vamos a acabar», contaba compungido un vecino a La Voz tras enterarse de este episodio.

Pero no solo eso. En el tránsito de la protesta, algunos ceutíes paraban a recriminar a otras personas que no grabaran con el móvil o que se mantuvieran alejados de la columna bañada por banderas de España y de la ciudad autónoma. Muchos de ellos corrían a ponerse a salvo antes de que la marcha llegara a sus sitios. Jóvenes magrebíes que, en cualquier caso, no se encontraban haciendo nada reprochable en el momento en el que se avalanzaban sobre ellos.

En la tarde de este jueves, decenas de vecinos de Ceuta han intentado impedir este jueves el paso de los vehículos de Cruz Roja que trasladan alimentos a los migrantes asentados en la playa del Trampolín, en el tercer día de protestas por la situación que atraviesa la ciudad. Cuatro vehículos han tenido que detener su recorrido tras una sentada de los manifestantes y permanecen escoltados por la Policía.

En un principio, los manifestantes trataban de impedir la entrada de un camión con alimentos. El vehículo ha conseguido finalmente pasar, pero después los vecinos han bloqueado un convoy formado por varias ambulancias. Un cordón policial escoltaba a los vehículos y, tras unos minutos, los agentes han logrado disolver a los manifestantes que participaban en la sentada.

No obstante, las ambulancias han permanecido paradas durante cerca de media hora debido a que algunos manifestantes continuaban en la calzada. Pasadas las 19.10 horas, la Policía ha conseguido hacer llegar la asistencia médica por otra ruta, sin que los manifestantes opusieran mucha resistencia.

Más tarde, los manifestantes han avanzado hacia la playa entre gritos de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende», «invasores, expulsión» y otras consignas contra la permanencia de los inmigrantes en la ciudad y contra la gestión del Gobierno central de la crisis. En un momento de la protesta, algunos participantes han prendido fuego a dos sombrillas de paja instaladas en la playa, lo que ha generado una importante columna de humo y momentos de desconcierto en la zona. Tras varios minutos de tensión, los concentrados permanecían todavía en el entorno de la playa, aunque los ánimos se habían calmado parcialmente y la situación había recuperado cierta estabilidad.

Al paso de esta situación tuvo que salir la mañana del miércoles la vicepresidenta segunda de Ceuta y consejera de Hacienda, Transición Económica y Transformación Digital, Kissy Chandiramani: «Con todo el derecho los ceutíes tenemos que salir a la calle, si así lo consideramos, a pedir que las administraciones respondan, pero también desde la calma y desde la confianza en que esto se va a solucionar».

El pulso de la calle revela que gran parte de la sociedad civil ceutí ha perdido el nervio. Una columna de 200 de estos manifestantes, según cálculos de la Policía Nacional, trató de llegar a la playa del Trampolín para tratar de aplicar un castigo por cuenta propia a los migrantes. Pero toparon con los disparos disuasorios del cuerpo de seguridad, que los dispersó. A las 5.30 de la mañana, un grupo de militares fue asaltado en la zona de Benzú por unos 30 o 40 individuos a pedradas, lo cual llevó a varios de ellos a tener que ser atendidos por sus heridas.

La Unión de Militares de Tropa salió al paso para calificar de «inadmisible la situación de indefensión operativa y jurídica a la que se somete a los miembros de las Fuerzas Armadas», para denunciar también la inexistencia de «un marco normativo claro y de reglas de enfrentamiento que garanticen su seguridad física y les otorguen capacidad de respuesta proporcional ante agresiones de esta gravedad». Porque ni en el Ejército saben por qué están en Ceuta y cuáles son sus capacidades, según varios soldados consultados.

La tensión entre las fuerzas de seguridad, la ciudadanía y los migrantes ha ido escalando en los últimos días. Múltiples incidentes nocturnos causados tanto por militares envalentonados como por migrantes descarriados ponen contra las cuerdas a una ciudad que se siente desamparada por el Gobierno central y que, de momento, no percibe las medidas anunciadas por el mando central que coordina Ángel Víctor Torres