El colapso de un glaciar generó la ola de barro que arrasó Nepal y recorrió 20 kilómetros en siete minutos

Yoel Ansede / B. A. C. REDACCIÓN / LA VOZ

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La avalancha destruyó puentes y carreteras a su paso, así que los rescates no llegan a muchas zonas: «Vi como mi pueblo desaparecía»

28 ago 2026 . Actualizado a las 18:53 h.

El origen fue el colapso de un glaciar que causó un efecto similar al de un seísmo, una sucesión de corrimientos de tierra y riadas de barro se llevaron por delante pueblos enteros en unos minutos en Nepal. Los científicos aún no encuentran explicación a la riada masiva que deja unas cifras de afectados terribles y muy provisionales, puesto que los rescatistas no pueden acercarse a muchas zonas. Los desaparecidos superan los 1.900 y al menos 579 personas han muerto. Entre las personas a las que no se puede localizar, según el ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, hay al menos dos españoles, después de que hoy se haya localizado a uno de los desaparecidos con vida. También faltan tres portugueses.

La catástrofe natural golpea a Nepal, donde medios como The Kathmandu Post explican que el Gobierno ha rechazado las ofertas de varios países para enviar equipos de búsqueda y rescate, a pesar de que 517 extranjeros están ilocalizables. Sin embargo, Nepal solicita contribuciones en efectivo. Arjun Poudel, uno de los periodistas de este medio, titula su crónica: «Vi cómo mi pueblo desaparecía en un instante» y en ella relata cómo su tía mayor fue arrastrada por la corriente, al igual que su hijo, su abuelo y toda su gente. Los que han podido sobrevivir también están en peligro, rodeados en muchos casos por un mar de barro y con el riesgo de sufrir otras riadas: «Si alguien enferma ahora, supongo que tendrá que morir en casa», cuenta Poudel, que se pregunta: «¿Cómo se les podría llevar a un hospital? No hay carretera. No hay puente. Ningún vehículo puede circular». Precisamente la falta de estas vías es la que imposibilita los rescates.

El Servicio Geológico de EE.UU. y el Ministerio Chino de Recursos Naturales creen que todo comenzó el miércoles cuando una gran masa de hielo en un glaciar nepalí, situado a entre 5.200 y 5.500 metros de altitud, desencadenó una señal sísmica de magnitud 5,2 por el impacto del desprendimiento. La mole de hielo se precipitó mil metros sobre la cuenca del Lhende Khola, afluente del río Bhote Koshi, arrastrando rocas y materiales a gran velocidad hasta convertirse en una avalancha de lodo. En siete minutos recorrió unos 20 kilómetros hasta arrasar el paso fronterizo de Gyirong, adentrarse en Nepal y devastar zonas tan turísticas como el inicio de las rutas de peregrinación del Himalaya o de los viajes organizados hacia Lhasa o cumbres como el Everest.

Agentes colocan imágenes de víctimas sin identificar en un espacio mortuorio de Katmandú
Agentes colocan imágenes de víctimas sin identificar en un espacio mortuorio de Katmandú Sabrina Dangol | REUTERS

Paredes de hospitales empapeladas de fotos de víctimas para las familias

Kantipur es uno de los portales de noticias más consultados de Katmandú, más aún desde la riada, debido a que miles de personas buscan a desaparecidos. En su web cuentan que cada vez que llega una ambulancia o un helicóptero, cientos de personas se acercan con ansia para comprobar si trae a algún conocido. Los familiares deambulaban de un hospital a otro en busca de aquellos con quienes perdieron el contacto el miércoles. Son tantos que resulta imposible atenderlos a todos. Por ello, los centros sanitarios han empapelado sus paredes con listas de heridos, fallecidos e incluso con fotos de pacientes sin identificar. Además de esta angustia lidian con apagones, los cortes en las redes y la falta de morgues o lugares mortuorios.

Riesgo de otro lago al límite

Los ríos Chochen y Purepu, que nacen en la región del Himalaya tibetano, confluyen al cruzar la frontera, donde se ha formado un gran lago. El cauce que fluye hacia Nepal, se le conoce como Bhotekoshi, que es el principal afluente superior del río Trishuli. La Televisión Central de China informa de que, en los próximos tres días, se sumarán tres millones de metros cúbicos de agua al nuevo lago, por lo que existe un altísimo riesgo de que se desborde. Por esta razón, se mantiene bajo constante vigilancia e incluso se realizan simulaciones para predecir si este lago terminará causando otra riada de gran magnitud.

Gonzalo Mosquera, en Nepal hace unos meses.
Gonzalo Mosquera, en Nepal hace unos meses.

Gonzalo Mosquera, miembro de la oenegé Camina Nepal: «Muy pocos países están preparados para algo así»

Advierte de la dificultad para cifrar a los desaparecidos y a las víctimas, ya que «vive mucha gente que no está censada y se construyen edificios sin licencias»

Gonzalo Mosquera Coto (A Coruña, 1971) lleva trabajando para dar un futuro mejor a los jóvenes nepalíes desde el 2014, en la oenegé Camina Nepal. Es un gran conocedor de la situación del país, su cultura y su gente, así como de su historial de catástrofes y los medios que tienen para socorrer a las víctimas. 

—¿Nepal recibe muchos turistas españoles y del resto del mundo?

—Si, a Nepal viajan ciudadanos de todo el mundo, es muy habitual, sobre todo se trata de turismo de montaña o trekking, ya que se encuentra en la zona de la cordillera del Himalaya. A parte de esto, hay también visitas de carácter cultural, pero menos. La mayor parte está relacionada con el montañismo. Hay muchos españoles, de hecho, creo que existen más de 25 oenegés españolas vinculadas con Nepal.

 —¿Cual es la situación del país?

—Es un país en evolución. Estoy yendo por allí y veo crecimiento en estos últimos 12 años, pero todavía queda mucho recorrido, me recuerda a la España de 1970. Hay mucha migración interna, sobre todo en las zonas de montaña, donde no llega la luz ni la electricidad, y los jóvenes intentan buscarse la vida en las ciudades, la mayoría en Katmandú —la capital—. Me llama la atención cómo es su gente: es muy abierta, te sientes totalmente seguro, viven en armonía y conviven con religiones tan distintas como la hinduista, el islam, el budismo o incluso el cristianismo. La gente es el gran atractivo de Nepal. Lo negativo es que sigue siendo un país muy machista, pero la juventud está haciendo que cambie.

—¿Es un lugar propenso a estas catástrofes?

—Este tipo de avalanchas son muy comunes, ya que hay muchos deslizamientos de tierra y, a veces, taponan los ríos, provocando que en un momento dado el agua acumulada salga en forma de riadas. Ocurre un poco como lo que pasó aquí con la dana. Además, están en época de monzón —época de lluvias severas—. Lo que no es común es la barbaridad que ocurrió anteayer, las imágenes son estremecedoras. Lo que sucedió ahí arriba —en las montañas— tuvo que ser algo inmenso, pues arrasó con todos los pueblos dentro del valle de una manera brutal. A parte, existe una dificultad enorme para cifrar los desaparecidos o a las víctimas, ya que en la zona donde se produjo —cerca de los ríos— vive mucha gente que no está censada y se construyen edificios sin licencias.

—¿Está preparado para afrontar una situación de tal magnitud?

—Creo que muy pocos países están preparados para afrontar algo así. Nepal tiene medios para rescates a pequeña escala, como a montañistas atrapados, pero para esto en absoluto, ni tampoco para la recuperación. Supongo que al suceder cerca de la frontera con China recibirá su colaboración, así como la de la India, que también enviará medios. Los primeros agentes que actuaron son los pueblos y desde ayer ya está movilizado el ejército con helicópteros, según me cuentan. Las carreteras han quedado destrozadas y es muy complicado acceder a los lugares críticos.