La pesca y la agricultura son cuestiones vitales en la consulta de este sábado
30 ago 2026 . Actualizado a las 12:12 h.Un total de 270.000 personas fueron convocadas ayer a votar en referendo para decidir si Islandia retoma las negociaciones de entrada en la UE o mantiene su relación actual, como parte del Espacio Económico Europeo, pero independiente en temas tan vitales como la pesca o la agricultura.
El desarrollo de la votación, cuyas urnas permanecieron abiertas hasta las 22.00 horas (medianoche en España), ha demostrado la importancia de esta cuestión para el pueblo islandés: al mediodía, la participación era superior a la de las elecciones parlamentarias del año 2024. De mantenerse la tendencia, este sería el referendo con mayor movilización en Islandia desde el voto para independizarse en 1944.
Todas las encuestas auguraban un resultado muy ajustado. El Gobierno islandés ha abogado por un sí que daría a Reikiavik voz y voto en Bruselas, pero en la recta final de la campaña el no ha crecido hasta alcanzar a la opción rival. El último sondeo, publicado el viernes, daba la victoria al sí con solo el 50,4 %, pero encuestas recientes también apuntan al rechazo a la UE.
La vista suele estar puesta en qué ganaría Islandia de entrar en el bloque, pero a Bruselas también le es de gran interés incorporar a la isla. A nivel pesquero —el gran protagonista de la campaña— se sumaría la segunda mayor potencia europea y sus fértiles caladeros, pese a las casi seguras salvaguardas de las que gozarán para preservar sus intereses económicos e identitarios. Más claro estaría el fin de los conflictos por las cuotas pesqueras europea e islandesa, esta última menos exigente a nivel medioambiental o biológico. Más allá de los criterios, los pescadores islandeses capturan más que los españoles pese a tener una flota casi seis veces más pequeña —1.500 buques frente a 8.500— al disponer de técnicas más avanzadas y barcos modernos. Esto se antoja capital de cara a la anhelada renovación de la flota europea y la reforma de la política pesquera común.
Para otro desafío europeo, la transición energética, Islandia también sería bien recibida. Según el Banco Mundial, la isla ártica es el líder mundial en consumo eléctrico per cápita y lo sostiene con producción hidroeléctrica y geotérmica. Y también lidera el desarrollo de hidrógeno verde, para el que cuenta con estaciones de producción y repostaje.
A nivel económico, la entrada de Islandia constituiría una muy buena noticia para las cuentas europeas. Como uno de los países con mayor renta per cápita del mundo, Reikiavik sería un contribuyente neto en las cuentas comunitarias y aumentaría los ingresos para el presupuesto europeo más ambicioso de la historia.
Finalmente, está el aspecto estratégico. El Ártico, con sus recursos y nuevas rutas de navegación fruto del cambio climático, es el objetivo de potencias como China, Rusia o Estados Unidos. Donald Trump lo demuestra a menudo con sus amenazas de apoderarse de Groenlandia, territorio de un Estado miembro —Dinamarca—, pero que no forma parte de la UE. Estar directamente presente en la región reforzaría el papel global de la Unión en una era en la que geopolítica es la palabra de moda.