Las estrellas de mar adaptan su genoma a las condiciones de la región donde viven
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En el estudio se analizaron alrededor de 300 ejemplares de la estrella de mar espinosa, procedentes de diecinueve localidad distribuidas por el Atlántico nororiental y el Mediterráneo occidental
03 sep 2026 . Actualizado a las 09:28 h.Un estudio científico de la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Barcelona ha descubierto que las estrellas de mar adaptan su genoma a la región en la que habitan. La investigación, centrada en la estrella de mar espinosa, señala que algunos ejemplares de esta especie tienen el 19 % de sus cromosomas «del revés». «Las inversiones genéticas no se distribuyen al azar entre las poblaciones, sino que aparecen asociadas a distintas regiones geográficas», detalla Carlos Leiva, investigador de la Estación Biológica de Doñana. Estos cambios cromosómicos adaptan a las estrellas de mar para que puedan responder al «estrés térmico, osmorregulación, respuesta inmune y percepción ambiental», cuestiones que los investigadores tendrán que validar con estudios experimentales. Gracias a este hallazgo, los científicos pueden estudiar cómo una especie se adapta a diferentes ambientes, incluso cuando los núcleos de población están muy conectados entre sí.
Las estrellas marinas adultas tienen una movilidad reducida, pero sus larvas sí que viajan cientos de kilómetros ayudadas por las corrientes oceánicas, mezclando continuamente a sus poblaciones, explican los investigadores. Por esta conexión entre hábitats, debería ser difícil que hubiese grandes diferencias adaptativas entre regiones, pero el estudio demuestra que hay ciertas zonas del genoma que «se mezclan» mucho menos que el resto, lo que hace que se mantengan las diferencias entre las poblaciones adultas. «Estas regiones actúan como bloques que se heredan conjuntamente, conservando así combinaciones de genes beneficiosas para vivir en condiciones ambientales concretas», explica Marta Martín, investigadora predoctoral de la Universidad de Barcelona.
En la investigación se analizaron alrededor de 300 ejemplares de la estrella de mar Marthasterias glacialis procedentes de diecinueve localidades distribuidas por el Atlántico nororiental y el Mediterráneo occidental. «Estos resultados abren la puerta a nuevos estudios para comprobar si estas inversiones cromosómicas se traducen efectivamente en diferencias biológicas entre los individuos, como una mayor tolerancia al calor, la resistencia a cambios de salinidad, variaciones en el crecimiento o la reproducción», explica Carlos Leiva.