Sexo, mentiras, traición y celos en un cuartel vasco de la Guardia Civil

Alberto Mahía A CORUÑA / LA VOZ

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Una agente confesó a su marido, también del cuerpo, que le fue infiel con un compañero y el esposo la convenció de que lo denunciase por violación

07 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Tribunal Militar Territorial con sede en A Coruña acaba de archivar un caso de violación en la residencia de la comandancia de San Sebastián. Por cosas que no deberían pasar, pero pasan, una agente del cuerpo denunció el año pasado que un compañero la había violado durante la noche en una de las habitaciones del cuartel. Un hecho de extrema gravedad que llevó al acusado a la detención y suspensión de empleo y sueldo mientras duró la investigación hasta que la Justicia castrense puso a cada uno en su sitio. Al señalado lo absolvió y a la que lo acusó le imputó un delito de denuncia falsa.

Antes de entrar en detalles, conviene un resumen. Una agente presentó una denuncia contra otro colega por haberla violado en una residencia de la comandancia aprovechando que ella estaba bebida. Pero no todo es lo que parece. Resulta que se lo inventó. Sí hubo relaciones sexuales, pero consentidas. ¿Qué motivos podía tener la agente para contar semejante mentira? Pues según se pudo saber después, fue obligada por su marido, también guardia civil. El hombre no podía contener la rabia de «ser el cornudo del País Vasco», como le dijo a su esposa cuando esta le confesó el adulterio semanas después del encuentro sexual con su compañero. Estaba arrepentida y le reconoció a su pareja que le había sido infiel. Y él la conminó a que lo denunciara por violación, pese a ser consciente de que las relaciones habían sido consentidas. Por eso, también él está imputado por un delito de denuncia falsa.

La pareja podría enfrentarse a varias penas. El castigo más severo es el de la pérdida de su condición de guardia civil de forma definitiva. También se enfrenta a la suspensión de empleo y sueldo o a la pérdida de puestos en el escalafón.

Todo empezó en una comida

Según recoge la sentencia del Tribunal Militar de A Coruña, donde se juzgan las causas castrenses procedentes de Galicia, Asturias, Castilla y León, País Vasco, Navarra, La Rioja y Cantabria, todo comenzó el 16 de enero del 2025. Aquel día se celebró una comida en San Sebastián entre varios compañeros de la Guardia Civil con motivo de la despedida de la unidad de un comandante. Los asistentes que se desplazaron desde fuera de San Sebastián, como era el caso de la ahora imputada, reservaron una habitación en la comandancia. El agente al que denunció no lo hizo, pues tenía pensado regresar a su domicilio tras la comida.

Finalmente, no volvió. Decidió pasar la noche en el cuartel después de que la investigada le ofreciese quedarse en su habitación. De una sola cama. Tal ofrecimiento fue escuchado por un oficial que estaba en la comida. «Este se giró, la miró y le dijo a ella radicalmente que no, debido a la consigna expresa consistente en evitar las relaciones íntimas entre los miembros del grupo, por tratarse de una unidad de investigación, para no desestabilizar su funcionamiento», sostiene el juzgado militar. Como se leerá más adelante, no le hicieron ni caso.

Llegada la medianoche, tras estar en un establecimiento de ocio de San Sebastián, donde ya solo quedaban algunos compañeros, ambos se fueron juntos en taxi a la comandancia lo que «provocó suspicacias entre los presentes».

Llegados al cuartel fueron captados por las cámaras. Cuando luego se visualizaron, la investigación empezó a dar un giro. Porque «no se apreciaba que la agente estuviera ebria, como ella había declarado». A eso, añadir que todos los guardia civiles que acudieron al bar a medianoche manifestaron que su compañera solo había tomado una copa y que estaba perfectamente.

Mensajes

Ya en la habitación, mantuvieron relaciones y pasaron juntos toda la noche. Durante los días posteriores, añade la sentencia, la ahora investigada mantuvo diversas conversaciones telefónicas, así como a través de mensajes, tanto con su marido como con el propio compañero. En los wasaps que envió a su esposo «le reconoció haberle fallado, que se sentía fatal por haberse liado con otro agente. Le dijo no querer «vivir con esa mentira», recuerda la sentencia. Su pareja le reprochó su conducta, diciéndole «me das mucho asco» y que se sentía «el cornudo del País Vasco». En otros mensajes de días posteriores —ambos vivían en ciudades distintas—, a preguntas de su marido sobre los detalles de la relación extramatrimonial, la mujer le contestó: «El chaval me gusta por su manera de ser, pero no me había atraído antes. No sé por qué lo hice. Me equivoqué y la cagué». También le confesó que cuando su compañero le propuso mantener relaciones no se había negado, que «en el momento estaba caliente». En otro mensaje, su pareja le dijo: «Madre mía, me siento un gilipollas, una mierda, un subnormal que no valgo nada de nada».

A continuación, el hombre, en un intento de vengarse del compañero que se acostó con su mujer, le dijo a su esposa que no quería «quedar como el cornudo subnormal que se va con el rabo entre las piernas». Para luego convencerla de que lo denunciase por violación, que dijera que estaba borracha, «que te quedaste dormida y de pronto se puso a insistirte, que le decías que no pero que no paraba, y para que te dejara le hiciste eso, pero que estabas deseando que terminara y que te dejara en paz. Que estabas muy borracha y aturdida, y que no sabías bien lo que estabas haciendo ni estaba pasando».

Sobra explicar lo que hicieron el juez y el fiscal cuando tuvieron acceso a esos mensajes. Absolvieron al denunciado e imputaron a la pareja.