Martín Magariño: «Descubrir una furgoneta con cinco coches nuevos desguazados impacta»

B. Pallas REDACCIÓN / LA VOZ

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Martín Magariño, agente de la Unidad de Fronteras del Puerto de Barcelona y colaborador del programa «Control de fronteras: España»
Martín Magariño, agente de la Unidad de Fronteras del Puerto de Barcelona y colaborador del programa «Control de fronteras: España» DMax

El agente gallego es uno de los rostros que más veces ha aparecido en el programa «Control de fronteras: España», que este domingo emite en DMax un especial por sus diez años en antena

13 sep 2026 . Actualizado a las 09:46 h.

Martin Magariño (Burela, 1980) es agente de la Unidad Fiscal y de Fronteras del Puerto de Barcelona y uno de los rostros que más veces ha aparecido en el programa Control de fronteras: España, que cumple diez años de emisión ininterrumpida en DMax. Este domingo, el canal le dedica una programación temática que incluirá el estreno de un especial (21.30 horas) que recorre algunos de los casos más sorprendentes que se han hecho famosos en todo este tiempo. El programa graba ya su 12.ª temporada.

—«Control de fronteras: España» muestra un trabajo que habitualmente se hace en la sombra. ¿Cómo ha vivido ese salto público?

—Empezamos a grabar los primeros programas en un grupo que nos dedicábamos a los embarques con destino a terceros países. Al principio nadie quería y nos pidieron por favor que intentásemos salir sin la cara pixelada. Entendíamos que estando en un canal como DMax no iba a tener mucha audiencia ni mucha repercusión en lo que se refiere a imagen. Pero poco a poco fue convirtiéndose en algo que se veía más de lo que pensábamos en un principio, así que a nivel policial estás un poco muerto.

—El programa se ve en muchos países. ¿Cómo le ha afectado la fama?

—Vaya donde vaya, siempre hay alguien que me reconoce y quiere una foto, es increíble. Hemos llegado a hacer una intervención en un barrio de Barcelona y vino una mujer que quería hacerse una foto en mitad de la operación. La gente te reconoce en todas partes.

—Tras diez años de colaboración, ya habrá ganado mucha experiencia frente a las cámaras.

—Al principio miras mucho lo que dices, lo que haces, intentas que sea todo perfecto. Hasta que coges confianza con la redacción, con el cámara y ya haces bromas y se convierten en una familia. Salir a grabar se transforma en algo muy normal. A veces ni me doy cuenta de que estoy grabando. En los primeros programas era todo muy serio, pero luego notas que sale tu forma de ser. A veces estás horas y horas con el micro y con la cámara, porque no siempre sale algo, y acabas acostumbrándote. La verdad es que es muy bonito.

—¿Cómo es una jornada de grabación en la aduana de un puerto sin saber en qué momento pueden cruzarse con una mercancía ilegal?

—Cuando hacemos embarques o desembarques de África, grabamos desde que empieza hasta que acaba, tres, cuatro o cinco horas, todo lo que dure estamos grabando continuamente. Hay días que no sale nada y días que salen cosas. Hay gente que piensa que está todo preparado y la verdad es que no es así, es algo que surge. Hay muchas horas de grabación que la gente no ve. A lo mejor para un caso que en televisión dura cinco minutos estamos grabando dos horas y luego se cogen solo los momentos que pueden dar más audiencia o llamar más la atención.

—¿Es la droga la principal mercancía ilegal que detectan?

—Hay cosas que no grabamos. Si es cocaína intentamos no grabar, porque es más dedicado y ahí los malos aprenden de nuestro método de trabajo. Nos cuesta mucho intentar que no sepan cómo los descubrimos. Si grabamos intentamos tapar muchas cosas para que no se noten. Lo que más grabamos son los casos de hachís, porque la forma de esconderlo suele ser más o menos siempre la misma. Y en las salidas fuera de España hacia terceros países lo más habitual son cosas robadas: coches, motos, objetos que intentan no declarar...

—¿La intuición es la principal herramienta para descubrir mercancías ilegales?

—Llevo ya veinte años en el puerto de Barcelona y eso ya lo notas. Cuando hablas con el ciudadano o cuando ves la furgoneta o el coche ya notas ese nerviosismo, esa forma de evadir las preguntas y de dar respuestas poco concretas... Al final es un tema de picardía.

—La creatividad y la imaginación a la hora esconder la mercancía ilegal es una de las cosas que asombran del programa. ¿A usted todavía le sorprende?

—Bueno, al final ellos siempre están por delante de nosotros y lo que intentan es evitar que les quitemos su género. Ven mucho el programa y ven cómo trabajamos y también tienen su picardía, tontos no son. Al final ellos viven de este tipo de cosas y de que nosotros no los pillemos.

—¿Compensa hacer el programa aún a riesgo de dar ideas a los delincuentes?

—Creo que la imagen de cara al ciudadano es muy buena y la gente se alegra de ver nuestro trabajo. No se trata de denunciar o de hacer daño a nadie, sino de recuperar cosas robadas o hacer incautaciones de cocaína, hachís y otras cosas que quitamos del mercado. Ha habido casos de motos robadas que se recuperan, coches robados que no se van a terceros países... La gente descubre que hay un trabajo que hace el puerto y que no conocía. Y los malos saben que estamos ahí y se van a otra parte. Sabemos que en las redes sociales los transportistas hablan mucho de nosotros. Las estadísticas bajan porque ya no pasan por nuestro puerto y se van a otros con menos controles, o sea que algo hacemos bien. A veces por grabar y por que queden las cosas bien tenemos que retrasar nuestro trabajo y hacer después la parte más dura, la que no se ve. Lo que aprendí sobre la tele es que tienes que generar algo de tensión que al espectador le impacte y le guste ver. Lo que le gusta es el diálogo con el malo, porque es un diálogo real.

—¿De todas las historias que ha grabado para el programa cuál le ha impactado más?

—Impactan todas, porque cada cosa que descubrimos es algo nuevo. A mí descubrir una furgoneta llena con cinco coches nuevos desguazados me impacta, o cómo desguazan las motos y pasan veinte en una furgoneta. A mí me impacta y al ciudadano también le asombra encontrarse eso en un puerto. El tema de la droga también impresiona o el hecho de que vayan personas en el doble fondo de una furgoneta. Cada caso impacta, son muchos. Un ciudadano que transportaba un montón de bicicletas y me decía que las había comprado en un mercadillo a cien euros, y eran bicicletas de 15.000 euros cada una. No encajaba el nivel de vida con lo que llevaba y cuando hablas con ellos te das cuenta de que hay algo que no quieren que veas.