Magdalena Andersson, la economista sueca creíble y pragmática con mentalidad gestora

Rosalía Sánchez BERLÍN / COLPISA

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Discurso de Magdalena Andersson, candidata socialdemócrata en Suecia, tras conocerse los resultados electorales
Discurso de Magdalena Andersson, candidata socialdemócrata en Suecia, tras conocerse los resultados electorales ZUMA vía Europa Press | EUROPAPRESS

La socialdemócrata, de 59 años, se impuso en las elecciones del país nórdico y ya sabe lo que es encabezar un gobierno: lo hizo en el 2021 y duró siete horas

14 sep 2026 . Actualizado a las 11:49 h.

Entre las cualidades de Magdalena Andersson destaca su perseverancia, junto a una capacidad notable para navegar en el sistema parlamentario fragmentado sueco, en el que cada decisión exige pactos, renuncias y una lectura fina del clima social. Y, en este último punto, ha seguido los pasos de su vecina danesa, la también socialdemócrata Mette Frederikssen, y ha identificado la inmigración y la seguridad como focos de malestar social. El endurecimiento de su política migratoria la ha mantenido en niveles demoscópicos inalcanzables para la mayoría de los socialdemócratas europeos.

Nacida en un entorno académico, Andersson creció en Uppsala, una ciudad universitaria que marcó su carácter disciplinado y su inclinación por el estudio. Fue campeona de natación en su juventud, un detalle que ayuda a entender su estilo político: competitivo, constante, resistente. Ganó dos medallas de oro en campeonatos juveniles nacionales y llegó a competir en categoría absoluta a los 14 años, para lo que entrenaba a las 5.30 de la mañana, antes de ir al instituto.

Estudió Ciencias Sociales y posteriormente se formó en la Escuela de Economía de Estocolmo, una de las instituciones más prestigiosas del país. Esa base técnica ha definido su carrera: Andersson es, ante todo, una economista creíble con mentalidad de gestora. En su equipo aseguran que es una «obsesa por los detalles».

Antes de llegar a la primera línea política, trabajó como subdirectora general de la Agencia Tributaria, donde adquirió reputación de analista rigurosa y defensora de la disciplina fiscal. Su entrada en la política nacional se produjo en 1996, como asesora del primer ministro Göran Persson, y desde entonces fue ascendiendo dentro del SAP, el histórico Partido Socialdemócrata sueco. En el 2014 alcanzó el cargo que la consolidó como figura nacional: ministra de Finanzas, puesto que ocupó durante siete años y en el que mostró sus dotes de arquitecta de la política económica de los gabinetes de Stefan Löfven, defendiendo el equilibrio presupuestario dentro del modelo de bienestar sueco.

En el 2021, tras la salida de Löfven, Andersson fue elegida líder del SAP y se convirtió en la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno. Su primer mandato duró apenas siete horas, debido a la salida del Partido Verde de la coalición, pero su investidura posterior como primera ministra en minoría marcó un hito histórico para el partido y para el país. Andersson entendió que Suecia, otrora máximo exponente global de pacifismo y bienestar, ya no podía permitirse esa política sin restricciones.

El melón de la neutralidad

La nueva situación de seguridad, tanto por la amenaza rusa como por la invasión de clanes criminales extranjeros, había cambiado la realidad sueca y decidió dar al partido un giro pragmático. Abrió el melón de la neutralidad y su impulso fue decisivo para la adhesión de Suecia a la OTAN, en el 2024. Ha añadido la «seguridad» a los dos tradicionales pilares de la política socialdemócrata, que eran la cohesión social y el bienestar. Reivindica la necesidad de «mantener unido al país», frente a la polarización, y se ofrece a reducir la inmigración desde parámetros técnicos, no populistas.

En los últimos años ha endurecido significativamente su posición en materia de inmigración, defendiendo una política «estricta y restrictiva» y apoyando varias reformas del gabinete conservador de Ulf Kristersson en ese ámbito, aunque manteniendo líneas rojas frente a la ultraderecha de los Demócratas Suecos (SD), partido al que acusa de estar infiltrado por «amigos de Putin».

El domingo acudió a votar con su marido, Richard Friberg, profesor de Economía, con el que tiene dos hijos. Es una apasionada del senderismo, el kayak y el montañismo. Ha adelantado que, si gana, convocará amplios acuerdos sobre energía, criminalidad, infraestructuras y vivienda durante los primeros cien días, dispuesta a prescindir de la ideología para gestionar un país que atraviesa una profunda transformación política.