Reducir el azúcar en un tratamiento con antibióticos mejora la salud intestinal
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El estudio aporta nuevas evidencias sobre el papel de la alimentación durante el tratamiento del cáncer
30 sep 2026 . Actualizado a las 20:15 h.Quienes han tomado antibióticos suelen temer los calambres estomacales y la diarrea. Si bien se utilizan para tratar infecciones, los antimicrobianos también destruyen gran parte de la flora bacteriana beneficiosa del intestino, lo que favorece la proliferación de microbios dañinos. Un nuevo estudio realizado por investigadores de City of Hope de Los Ángeles sugiere ahora que reducir el consumo de azúcar durante el tratamiento podría ayudar a preservar la diversidad del microbioma intestinal, lo que mejora la salud intestinal y el sistema inmune. Los resultados del informe, publicados en Nature, aportan nuevas evidencias sobre el papel de la alimentación como medicina durante el tratamiento del cáncer y plantean la posibilidad de que determinadas intervenciones dietéticas puedan contribuir a proteger el microbioma mientras los pacientes reciben antibacterianos. También podrían dar lugar a nuevas estrategias de tratamiento para pacientes con cáncer y, potencialmente, para otras personas que toman antibióticos.
«Los antibióticos alteran la diversidad de nuestra microbiota intestinal, que desempeña un papel esencial en el apoyo a nuestro sistema inmunitario y a la salud en general», afirmó el doctor Marcel van den Brink, coautor principal del estudio, presidente de City of Hope Los Angeles y director médico ejecutivo de City of Hope.
«Nuestra investigación respalda la creciente evidencia de que evitar los alimentos azucarados durante el tratamiento con antibióticos puede proteger la microbiota. Preservar la diversidad de la microbiota se ha relacionado previamente con mejores resultados clínicos en pacientes con cáncer», añadió.
Un estudio realizado durante cinco años
La investigación siguió durante varios años a pacientes hospitalizados con cáncer de sangre que recibían quimioterapia intensiva, en ocasiones combinada con radioterapia, para suprimir el sistema inmunitario antes de someterse a un trasplante de células madre. Una población con un riesgo particularmente alto de sufrir alteraciones graves de la microbiota intestinal y los efectos secundarios asociados.
Debido al elevado riesgo de infecciones, todos los pacientes recibieron al menos un antibiótico durante su estancia hospitalaria. Alrededor del 80 % recibió uno o más antimicrobianos de amplio espectro, que pueden afectar de forma considerable a las bacterias intestinales al actuar contra distintos grupos de microorganismos.
Los investigadores analizaron 9.419 comidas consumidas por 173 pacientes y estudiaron la diversidad del microbioma mediante muestras de heces de 158 de ellos. En total, se analizaron más de 1.000 muestras para seguir los cambios producidos en la microbiota intestinal.
Uno de los aspectos destacados del trabajo fue la precisión con la que se registró la alimentación. Cada vez que un paciente solicitaba una comida, la bandeja incluía un cuestionario para registrar qué cantidad de cada alimento y bebida había consumido. Con la colaboración de la cocina del hospital, los investigadores pudieron recopilar información nutricional detallada de las comidas, llegando a registrar más de 40.000 alimentos.
«A diferencia de los estudios nutricionales anteriores, que se basaban en los recuerdos de los pacientes sobre lo que comían o en otras encuestas imprecisas, nosotros contábamos con registros dietéticos meticulosos recopilados en tiempo real», explicó van den Brink. «Esto nos permitió buscar patrones que de otro modo serían imposibles de detectar», señaló.
El azúcar y la pérdida de diversidad bacteriana
El análisis estadístico de los datos reveló una asociación entre el consumo elevado de dulces durante el tratamiento con antibióticos y una mayor pérdida de diversidad del microbioma intestinal. «Sin importar cómo analizáramos los datos, la misma señal contundente seguía apareciendo», afirmó van den Brink. «Los pacientes que consumían más dulces mientras tomaban antibióticos tenían más probabilidades de experimentar una pérdida de diversidad del microbioma, ya que los microbios agresivos desplazaban a otras cepas de bacterias».
Uno de los microorganismos que llamó especialmente la atención de los investigadores fue Enterococcus. Cuando esta bacteria prolifera en exceso en el intestino, los pacientes sometidos a un trasplante pueden presentar un mayor riesgo de determinadas complicaciones, entre ellas infecciones del torrente sanguíneo y enfermedad de injerto contra huésped.
Según los resultados del estudio, la combinación de una elevada ingesta de azúcar y antibióticos de amplio espectro se asoció con una reducción sustancial de la diversidad bacteriana: un aumento de 100 gramos de dulces se relacionó con una disminución del 24 % en la diversidad del microbioma. Los investigadores compararon esa cantidad de azúcar con la que puede contener un batido grande.
Los experimentos con ratones respaldan los resultados
Para comprobar si la relación observada en los pacientes podía reproducirse experimentalmente, el equipo también realizó estudios en ratones. Los animales recibieron antibióticos de amplio espectro y diferentes tipos de dieta. Los ratones que recibieron una dieta rica en sacarosa desarrollaron rápidamente un crecimiento excesivo de Enterococcus en el intestino. En cambio, los animales que consumieron la dieta rica en azúcar pero no recibieron antibióticos mantuvieron una diversidad bacteriana normal.
«El hecho de que los estudios en animales respalden las asociaciones que encontramos en los datos de los pacientes proporciona una justificación convincente para futuros ensayos clínicos que evalúen si la reducción de la ingesta de azúcar durante el uso de antibióticos protegería el microbioma», afirmó van den Brink.
Implicaciones para el tratamiento del cáncer
Los investigadores consideran que los resultados ponen de relieve la importancia del microbioma intestinal durante el tratamiento oncológico. «El microbioma se está revelando como un factor importante en el tratamiento del cáncer», afirmó van den Brink. «Cuanto mejor comprendamos qué lo sustenta y qué lo altera, más oportunidades tendremos de reducir los efectos secundarios del tratamiento y, al mismo tiempo, mejorar la respuesta de los pacientes a la terapia y su recuperación».
El investigador también señaló un aspecto especialmente relevante para la práctica hospitalaria: algunos productos que se ofrecen habitualmente a pacientes con cáncer, como determinados batidos nutricionales, licuados y bebidas deportivas, pueden contener cantidades elevadas de azúcar. «Eso es algo que tendremos que evaluar al recetar antibióticos», dijo. «Limitar el azúcar en la dieta no supone ningún riesgo, y es algo fácil de intentar», concluyó como recomendación general.