¿Más de lo mismo?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. Daniel Ramo | EFE

La pregunta que encabeza esta columna resume todas las que los españoles contestaremos el 29 de noviembre. Porque el voto del que los electores disponemos en cada jornada electoral traduce siempre inevitablemente una apuesta de futuro, pero expresa al tiempo un juicio sobre el pasado más cercano. Es decir, sobre la gestión de quienes han gobernado en el período previo a la jornada en la que los comicios se celebran.

Es fácil de entender —porque cada uno habla de la feria según le va— que el Gobierno y los partidos que han venido sosteniéndolo pretendan que desde hoy hasta que se abran los colegios a finales de noviembre no se hable ya para nada de la legislatura a la que Pedro Sánchez puso ayer punto final tras la paliza parlamentaria que le propinaron sus propios aliados el pasado viernes. Es fácil de entender, pero es una pretensión desmesurada. Por insólita.

Empezamos desde cero, ¿vale? Eso nos propondrán el PSOE y sus amigos. Su propósito será —no tengan duda— que en los 54 días que quedan hasta que vayamos a votar no se hable más que de la vivienda (siempre que la agitación callejera no se les vaya de las manos a quienes pretenden rentabilizarla) y de la próxima llegada del fascismo.

Y sin duda habrá que hablar de la vivienda: por ejemplo, del cuarto de millón largo de desahucios que ha habido en España durante los ocho últimos años sin que al Gobierno (al PSOE y a Sumar) se le moviera ni una ceja; o del hundimiento en la construcción de viviendas durante el mismo período de tiempo; o de cómo el problema de la vivienda estaba entre los últimos que preocupaban a los españoles y hoy es el primero, junto con la inmigración, que guarda con el de la vivienda directa relación. De eso habrá que hablar, sin duda alguna.

Y también de si una posible coalición de gobierno entre el PP y Vox supondrá la llegada del fascismo que se anuncia. Es decir, de si con esa fórmula de gobierno se deteriorará en España el sistema democrático, y sufrirán las libertades. O de si se tratará de reducir la igualdad entre los territorios españoles. O de si se producirá un descalabro en nuestro sistema de separación de poderes. Pues lo cierto es que sin el fascismo con el que se nos amenaza todo eso ha sucedido ya en estos años, mientras gobernaban, al parecer, los antifascistas.

Pero, claro, además de debatir sobre todo lo anterior, la conversación pública democrática deberá centrarse también en el pasado más reciente. Es decir, en la galopante corrupción que ha sitiado al Gobierno y al partido principal del Gobierno, en el deterioro del funcionamiento de los servicios públicos, en la creciente reducción de nuestra capacidad adquisitiva, en el descontrol de la política migratoria y, como marco general de todo ello, en la caótica inestabilidad gubernamental que ha mantenido en vilo a España sin cuartel.

Hacer balance del pasado es esencial en democracia. Y más, cuando el futuro que el PSOE y sus socios nos proponen no es otro que continuar como hasta ahora durante los cuatro años que desde el 29 de noviembre tendremos por delante. Efectivamente, sí: más de lo mismo.