La Nasa investiga si existe una red oculta en el subsuelo que podría proteger a los humanos de la radiación, el clima extremo y los meteoritos
13 oct 2026 . Actualizado a las 08:30 h.¿Y si la solución a vivir en la Luna estuviera en el subsuelo? La agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha una investigación para explorar el interior de los misteriosos pozos lunares. El objetivo es confirmar si los antiguos tubos de lava de las Marius Hills esconden una red oculta de cuevas que pueden proteger a las misiones tripuladas de la radiación, el clima extremo y los meteoritos.
La Luna se ha convertido en el nuevo tablero de la exploración espacial y las agencias internacionales ya no solo miran a su superficie, sino a lo que se esconde bajo ella. La NASA ha dado luz verde al proyecto GIMLI (Geophysical Investigation of Marius Hole for Lunar Infrastructure), una ambiciosa investigación diseñada para desentrañar los secretos del subsuelo lunar. El equipo científico busca determinar si un gigantesco pozo en la región de Marius Hills es, en realidad, la entrada a una colosal red de cuevas subterráneas que podrían servir como asentamiento seguro para los futuros colonos espaciales.
El pozo en cuestión fue detectado en 2009 por la sonda japonesa Kaguya. Con unos 65 metros de diámetro y cerca de 80 metros de profundidad, se cree que es el resultado del colapso del techo de un antiguo tubo de lava, una estructura formada por la actividad volcánica del pasado lunar. De confirmarse la existencia de estas galerías subterráneas, la humanidad habría encontrado el santuario perfecto. En la superficie, los astronautas se enfrentan a niveles letales de radiación solar y cósmica, al bombardeo constante de micrometeoritos y a oscilaciones térmicas que varían drásticamente entre los 120 °C durante el día y los -130 °C por la noche. Bajo el escudo de roca lunar, estas amenazas quedarían neutralizadas.
Dirigido por el doctor Than Putzig, del Instituto de Ciencias Planetarias (PSI), el proyecto cuenta con el respaldo tecnológico de empresas punteras como Honeybee Robotics y el apoyo de la Agencia Espacial Noruega. El plan contempla el envío de un módulo de aterrizaje y un róver robótico equipados con tecnología multisensorial de vanguardia. Para «mapear» el subsuelo sin necesidad de realizar excavaciones complejas, la misión utilizará un radar de penetración terrestre, un gravímetro de alta precisión y, de forma pionera, sensores sísmicos de fuente activa, una técnica de detonación controlada que no se empleaba en la Luna desde las misiones Apolo en la década de los setenta.
El proyecto GIMLI no solo busca responder a una incógnita geológica, sino sentar las bases logísticas del programa Artemis de la NASA. Si los resultados son favorables, los futuros módulos habitacionales no necesitarán pesados blindajes artificiales transportados desde la Tierra; bastará con aprovechar la propia arquitectura natural de la Luna para construir los primeros hogares permanentes de la humanidad en otro mundo.