Una estrella muerta revela cómo podría ser el fin de la Tierra

La Voz REDACCIÓN

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Reproducción artística del disco de escombros alrededor de la enana blanca
Reproducción artística del disco de escombros alrededor de la enana blanca ESO / L. Calcada

Un telescopio del Observatorio Austral Europeo capta las huellas de la violenta destrucción de un sistema planetario lejano que ofrece pistas sobre cómo será el futuro

27 oct 2026 . Actualizado a las 18:20 h.

¿Qué ocurrirá con los planetas cuando el Sol llegue al final de su vida? Aunque todavía faltan miles de millones de años para que eso suceda, el universo ofrece oportunidades para estudiar cómo podría ser ese futuro. Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto ahora un sistema planetario que parece conservar las huellas de su propia destrucción, y que podría ayudar a comprender qué le espera al nuestro.

La investigación, publicada en la revista Nature Astronomy, se centra en J1328?1450, una estrella muerta que presenta una característica poco habitual: en lugar de estar rodeada por un único anillo de restos planetarios, como se había observado en otros sistemas similares, cuenta con dos anillos concéntricos separados por un espacio vacío bien definido.

El descubrimiento se realizó con el Very Large Telescope (VLT), del Observatorio Europeo Austral (ESO), situado en el desierto de Atacama, en Chile. Gracias al instrumento X-Shooter, los investigadores pudieron estudiar la luz procedente del sistema y analizar tanto la estructura de los anillos como la composición química de sus materiales. 

«Desde hace tiempo sabemos que los planetas pueden sobrevivir más allá de la transformación de su estrella central, pero este es el primer ejemplo de un sistema complejo con un disco de escombros doble y potencialmente dos planetesimales supervivientes», declara Nicola Gentille Fusillo, astrónomo de la Università degli Studi di Trieste, Italia, y autor principal del estudio.

«La estructura que vemos en este sistema es particularmente intrigante porque los dos anillos gaseosos son notablemente estables y permanecen separados por una brecha», afirma, por su parte, el coautor del trabajo, Felipe Lagos-Vilches, astrónomo de la Universidad de Warwick (Reino Unido), y de la Universidad Técnica Federico Santa María (Chile).

«Ver este sistema es como echar un vistazo al violento y caótico proceso por el cual un sistema planetario encuentra su final, y sugiere que las estrellas muertas pueden tener estructuras discales mucho más complejas de lo que se pensaba anteriormente», añade Gentile Fusillo, quien también está afiliado al INAF-Observatorio Astronómico de Trieste.

Durante la mayor parte de su vida, una estrella obtiene energía mediante reacciones nucleares en su interior. Sin embargo, cuando agota el combustible que necesita para mantener ese proceso, comienza a experimentar profundas transformaciones. En sus etapas finales se expande enormemente y puede llegar a engullir los planetas más próximos. Y esto es lo que se espera que le ocurra a la Tierra dentro de aproximadamente cinco mil millones de años. Después, expulsa sus capas externas y deja atrás un núcleo muy denso y caliente conocido como enana blanca.

Los planetas que sobreviven a esta transformación tampoco tienen garantizado un futuro tranquilo. Las fuerzas gravitatorias pueden alterar sus órbitas, provocar colisiones o fragmentar sus materiales. Como consecuencia, los restos de antiguos cuerpos planetarios pueden acabar formando un disco de escombros alrededor de la estrella muerta.

Estos discos son auténticas ventanas al pasado: permiten estudiar materiales que, en otro tiempo, formaron parte de planetas, asteroides y otros cuerpos rocosos.

Dos anillos y un espacio vacío entre ellos

Lo que distingue a este sistema es su estructura doble. Los restos aparecen distribuidos en dos anillos gaseosos, separados por una brecha claramente definida. Esta disposición resulta difícil de explicar mediante los modelos habituales de discos de escombros alrededor de enanas blancas.

Según el equipo investigador, una posible explicación es que dos cuerpos de tamaño planetario hayan sobrevivido a la muerte de la estrella y estén influyendo en la distribución del material que los rodea.

Las estimaciones sugieren que el cuerpo asociado al anillo interior podría tener un tamaño comparable al de un asteroide de unos pocos kilómetros de diámetro. El objeto relacionado con el anillo exterior sería mucho mayor: podría alcanzar dimensiones similares a las de Plutón o incluso a las de nuestra Luna.

Estos cuerpos se conocen como planetesimales, es decir, objetos sólidos que pueden participar en la formación de planetas o constituir restos de antiguos sistemas planetarios. En este caso, podrían estar desempeñando un papel importante en el mantenimiento de la estructura observada. No obstante, su presencia y sus características todavía deben confirmarse. Los datos apuntan a esta explicación, pero no constituyen una observación directa de los dos cuerpos.

El estudio no solo ha revelado la forma del disco. También ha permitido analizar su composición química. Los investigadores han identificado elementos como calcio, oxígeno, magnesio y hierro, presentes asimismo en los materiales rocosos de nuestro sistema solar. Su detección refuerza la idea de que los anillos contienen restos de cuerpos planetarios destruidos.

Además, los dos anillos presentan diferencias significativas. El interior es especialmente rico en magnesio, mientras que el exterior contiene mucho menos de este elemento.

Esta desigualdad podría indicar que los materiales proceden de dos cuerpos con composiciones diferentes. Otra posibilidad es que se hayan originado en distintas regiones de un mismo planeta, como su corteza y su núcleo, que poseen propiedades químicas distintas.

Distinguir entre estas hipótesis ayudará a reconstruir la historia del sistema y a entender cómo se comporta la materia planetaria cuando una estrella llega al final de su evolución.

Una pista sobre el futuro del Sol

El hallazgo tiene una implicación que va mucho más allá de una estrella lejana. Nuestro Sol también terminará convirtiéndose en una enana blanca, dentro de unos 5.000 millones de años aproximadamente.

Antes de alcanzar esa fase, se expandirá hasta convertirse en una gigante roja. Durante este proceso, las condiciones del sistema solar cambiarán radicalmente y la Tierra podría ser engullida o quedar destruida por los efectos de la evolución solar. El destino exacto de nuestro planeta depende de diversos factores, pero su entorno será muy diferente del actual.

«Este sistema que hemos descubierto ofrece una notable visión de cómo podría ser el futuro de los sistemas planetarios, incluidos sistemas como el nuestro», concluye Lagos-Vilches.