La cara B del coronavirus en Asturias: las secuelas físicas tras superar la enfermedad

Alteraciones en la coagulación, lesiones pulmonares o síntomas que se resisten a desaparecer son algunos de los problemas con los que siguen lidiando los pacientes

No hay datos definitivos, así que los médicos son cautos. Frente las posiciones maximalistas, recuerdan que el COVID-19 apenas tiene seis meses de vida y son más grandes las lagunas en torno a su comportamiento que las certezas. No obstante, ya está claro que el nuevo coronavirus deja a su paso secuelas psicológicas y físicas. Está por ver si son definitivas. Los especialistas asturianos en contacto con la enfermedad explican que provoca tres tipos de alteraciones en el organismo. La más evidente, la pulmonar. Pero también en el sistema circulatorio, a modo de trombos. La tercera que se han encontrado son los cuadros leves de síntomas que no acaban de pasar. Se trata de pacientes en los que las pruebas PCR ya dan negativo pero las décimas de fiebre no bajan y el malestar general se mantiene apegado al cuerpo. Al margen de estas tres circunstancias, reconocen que no están registrando recaídas graves. Lo que pasó con el diputado de Vox, Javier Ortega Smith, que tuvo que volver a ingresar en un hospital como consecuencia de varios trombos, no se está detectando en los hospitales del Principado. Pero aún es pronto para saber cuál va a ser la evolución definitiva. 

El jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Cabueñes, Joaquín Morís, explica que en los hospitales asturianos tienen «una visión sesgada» de las secuelas del coronavirus. Solo les llegan los pacientes más graves, un pequeño porcentaje, por lo que no pueden ofrecer todavía una panorámica muy amplia cuando alguien les pregunta por los efectos a medio y largo plazo del COVID-19. Para hablar de las secuelas de una manera más rigurosa también habría que incluir a los asintomáticos y a los que tienen cuadros leves. Es decir, analizar el espectro más amplio posible. Morís reconoce que todavía no pueden explicar por qué en unos enfermeros es una patología irrelevante y en otros evoluciona de tal manera que les puede causar incluso la muerte. En este mismo sentido, Víctor Asensi, médico de la Unidad de Infecciosas-VIH, del servicio de Medicina Interna del HUCA, admite que aún están empezando a ver los daños.

El daño del coronavirus

El especialista Joaquín Peña explica que los pacientes del COVID-19 salen de la UCI con un deterioro físico similar al de otros pacientes críticos. Sufren las consecuencias de la sedación, pierden fuerza muscular,... Así que es necesario someterle a rehabilitación para que su cuerpo comience a recuperar la forma. Es una consecuencia lógica, sobre todo, porque son pacientes que llegan a pasar varias semanas atendido en las unidades de cuidados intensivos. 

Salen de las UCIS, además, con la capacidad respiratoria mermada. Muchos de ellos siguen necesitando oxígeno cuando pasan a planta. Antes de darles el alta hospitalaria, los facultativos les someten a una radiología de control para ver en qué situación se encuentran sus pulmones. Cuando detectan que esa prueba «no está limpia», es decir, cuando las secuelas todavía son evidentes, entonces les dan citan para someterlos a nuevos controles, normalmente a las cuatro semanas. En ese periodo, reconoce Morís, la mejoría suele ser muy evidente. «Son pocos los casos en los que detectamos lesiones permanentes», reconoce el responsable de Medicina Interna en Cabueñes. 

Hay otro grupo de pacientes que han sido positivo que les llegan derivados de Atención Primaria. Son los que no han requerido de ingreso hospitalario porque no han estado graves pero soportan unos síntomas persistentes. Su PCR ya es negativa, lo que quiere decir que han eliminado el virus. Pero no se encuentran bien. A estos enfermos también se les somete a pruebas de control. Morís explica que lo que les sucede no es algo extraordinario sino que sucede en otras enfermedades víricas como la mononucleosis infecciosas o en algunos casos de gripes. Así que su labor consiste en comprobar el estado de los enfermos y tranquilizarlos.

Es lo mismo que hacen los facultativos asturianos con pacientes que sí han requerido de ingreso hospitalario. Les escuchan y resuelven sus dudas. El responsable de Medicina Interna de Cabueñes asegura que no hay recaídas como tales, que no vuelven a ingresar pacientes que ya han recibido el alta. Pero sí que les llaman para comentar síntomas o miedos, así que pueden volver a citarlos para verlos. Algunas veces puede producirse una «agudización respiratoria», en términos médicos. 

La coagulación

Los problemas de coagulación no son exactamente una secuela a posteriori, precisa. Más bien es una parte de la enfermedad que se registra en aquellos enfermos que desarrollan un cuadro grave. Se producen problemas de coagulación, ven trombos y embolias pulmonares. Hay unos pocos que registran un punto de inflexión negativo y desarrollan lo que los especialistas han definido como «una cascada inflamatoria». «Se produce una hiperrespuesta inmune del organismo frente al virus», explica el coordinador del coronavirus HUCA, que es además el director de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Interna, Álvaro Franco. La infección avanza, los problemas respiratorios se complican y es cuando, en muchos casos, es necesario intubar. Las dosis de los fármacos que se pautan son siempre las menores posibles y siempre dentro de parámetros de eficacia. Ese es el planteamiento para tratar de reducir los efectos secundarios y también para tratar de no interferir en la medicación previa que muchos de estos pacientes ya tienen pautada, al tratarse de crónicos.

A los cócteles farmacológicos con los que se trata el COVID-19, se suman también los habituales en los ingresos para evitar complicaciones con la coagulación. Si alguno mejora lo suficiente para poder irse a casa sin haber recibido el alta definitiva, entonces puede seguir tomando las dosis que le concreten. Joaquín Morís señala que la profilaxis es importante en estos casos y que en pacientes con una forma de vida sedentaria prescriben para que continúen con la heparina de bajo peso molecular, que es el anticoagulante más utilizado para prevenir la enfermedad tromboembólica. Esa reacción del sistema inmune, que comienza a reclutar de manera desaforada, lejos de proteger al organismo genera otros daños.

Víctor Asensi también se refiere a esta alteración de la coagulación y también precisa que no se puede considerar una recaída sino una parte de la patología, ya que afecta al endotelio vascular y puede generar trombosis en las piernas y en los pulmones o también a las arterias y provocar otro tipo de daños en el árbol coronario. Asensi señala que es pronto para saber si en estos enfermos, además, los datos pueden evolucionar a una patología respiratoria crónica o a una fibrosis.

¿Pierde fuerza el virus?

Todas estas pequeñas conclusiones que generan conocimiento se producen en pacientes en los que el coronavirus ya ha tenido un recorrido. Morís, de hecho, reconoce que es muy importante el intercambio del conocimiento, compartir experiencias, en todas las patologías y más en las que son de nueva aparición. Ahora el perfil es diferente. El responsable de Medicina Interna en Cabueñes señala que ahora mismo están tratando a personas de edad muy avanzada con múltiples patologías. Aunque esa es la población de mayor riesgo, hasta ahora el campo estaba más abierto. En las últimas semanas, tal y como confirman las estadísticas oficiales, los brotes se están limitando a residencias o centros geriátricos.

No puede concluir, sin embargo, si el virus está perdiendo fuerza. «Es algo a lo que no podemos contestar», responde. No sabe si el virus es menos agresivo porque hay pocos elementos de referencia para llegar una conclusión definitiva. Prefiere ser precavido. Es lo mismo que reclama a la población. Entiende que hay que volver a vivir sin estar atemorizados pero insiste en lo crucial que es en estos momentos adoptar todas las medidas de precaución y seguir las recomendaciones de Salud Pública. Insiste en la conveniencia de usar mascarilla, en extremar la higiene y en mantener los dos metros de distancia. Ha visto de cerca lo que el coronavirus es capaz de hacer.

  

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