Cada año, octubre emite desde esta tierra una poderosa recarga de energía en forma de valores y actitudes: los más excelentes de cuantos puede desarrollar un ser humano en la actividad a la que se dedica. Los Premios Princesa de Asturias nos conceden el privilegio de compartir unos días con algunas de las personas que, individualmente o integradas en instituciones y entidades, imprimen a aquello a lo que se dedican el plus de convicción, talento y generosidad que les ha conducido a los logros más sobresalientes en sus respectivos campos de trabajo. Esas actitudes y valores brillan, antes que nada, por sí mismos como referencias intemporales que nos orientan y nos enriquecen; pero también es inevitable interpretar que las propuestas y las decisiones de los jurados que han designado estos premiados y premiadas y estos méritos concretos pueden y seguramente deban leerse en el contexto de los acontecimientos, preocupaciones y retos que nos afectan y nos incumben cada año.
La pandemia de la covid-19 y sus efectos en todos los aspectos individuales y colectivos de nuestras vidas dibujan de nuevo ese trasfondo para todas nosotras y nosotros, sin excepción. Pero si el pasado año -en un momento en el que aún no vislumbrábamos el final de esta pesadilla compartida- los Premios Princesa nos ofrecieron un apoyo para resistir en momentos aún muy duros y sin horizontes claros, este 2021 me parece ver en ellos un compendio de referencias para un momento de regeneración y cambio, de reinicio: son los valores y las actitudes que nos deben servir como inspiración ante los retos que ya teníamos pendientes, y todos los que la emergencia de la covid-19 ha vuelto aún más impostergables.
Para empezar, me gustaría destacar que, en mi opinión, los Premios Princesa 2021 nos recuerdan que el gran reinicio que tenemos por delante no puede prescindir de las mujeres y que, al contrario, nos hallamos ante el escenario más oportuno para que asumamos todo el protagonismo que se deriva de nuestra aspiración a la plena igualdad y para dejar campo abierto a nuestras perspectivas, nuestras sensibilidades, nuestras formas de pensar, comprometernos y actuar. Así lo confirman los premios a una intelectual y activista de referencia en la forja y la expansión del pensamiento feminista de la segunda oleada, como Gloria Steinem; de una renovadora fundamental del arte contemporáneo como Marina Abramovi?, que ha sabido relatar a través de sí misma y de su condición de mujer la conexión entre cuerpo y mente, tradición e historia, arte y vida; de una deportista como Teresa Perales que se ha esforzado en convertir sus grandes logros en estímulo y banderín de enganche para las personas con discapacidades, y también de Ann Cotton, fundadora de CAMFED, y de los miles de mujeres africanas de todas las edades a las que se ha dirigido el enorme esfuerzo educativo e igualitario desarrollado por la ONG.
Junto a ellas, los Premios Princesa reconocen este año a Amartya Sen, un pensador insoslayable para fundamentar todas aquellas políticas sinceramente interesadas en algo tan necesario en este momento como garantizar las condiciones de desarrollo económico y de justicia que capaciten a la ciudadanía para el pleno disfrute de sus derechos, su bienestar y su participación política; a un escritor como Emmanuel Carrère, que ha abierto con su obra nuevos espacios expresivos en los que la invención y la reinvención de la experiencia propia se transforman en cauces de conocimiento y de crítica social; y a un paisano, el chef asturiano José Andrés, que ha decidido convertir su éxito profesional y su influencia mediática en los motores de una iniciativa como World Central Kitchen, ejemplo -y también lección para muchas instituciones- de cooperación internacional en situaciones de crisis mediante la acción directa y solidaria. Y desde luego, de forma muy destacada, a las investigadoras e investigadores que han posibilitado mediante un esfuerzo a contrarreloj el desarrollo de algunas de las vacunas que están acercándonos, por fin, al término de esta pandemia, demostrando a la vez por qué el apoyo y la inversión en ciencia básica son una clave fundamental del futuro, del presente, que ya estamos viviendo.
A todas y todos ellos, les transmito la felicitación y el afecto de todas las vecinas y vecinos de Gijón y de este Ayuntamiento y les agradezco el valioso ejemplo que nos hacen llegar, como también transmito nuestra gratitud y felicitación a la Fundación Princesa de Asturias por poner cada año ante nosotras y nosotros estos faros de la auténtica excelencia que tanto necesitamos.
Ana González es Alcaldesa de Gijón
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