Amor a la española


Solo desde el más profundo resentimiento se pueden cuestionar las relaciones cordiales, amistosas, familiares, afables y amorosas de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Solo desde la envidia y la maldad se puede propagar que los dos máximos responsables de Podemos libran una batalla por el control del partido. Quienes lo hacen son unos intoxicadores interesados en acabar con una amistad indestructible. No son sensibles a las historias de amor.

Pablo e Íñigo no solo se llevan a las mil maravillas, sino que se quieren, abrazan, achuchan, besuquean y morrean, decididos a seguir trazando juntos el futuro de Podemos. Hay que entender que la campaña #ÍñigoAsíNo y el sinfín de tuits en ambas direcciones con grueso lenguaje, forman parte de la confrontación pacífica de ideas. Hay que saber que el precipitado cese de José Manuel López como portavoz no se debe a un ajuste de cuentas, sino a un acto de humanidad y ternura con quien estaba al borde de la extenuación, dejándose la piel en su trabajo. Un premio al compañero que así dispondrá de tiempo para sus aficiones. Es la nueva política. El amor a la española, que diría Alfredo Landa.

Los malos estrategas comparan los desencuentros amorosos de Iglesias y Errejón con los de Aznar y Rajoy o los de Sánchez y Díaz, que también se adoran. Gran error. A mí, concretamente, se me parecen más a las trifulcas de Belén Esteban y Toño Sanchís. Son más arrabaleras.

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