Todos en auxilio del vencedor


Estuvimos meses esperando la fecha del 22 de mayo, el día después, que iba a ser el dies illa, dies irae, el día de la ira. Y pasó el 22. Y pasó el 23. Y pasó el 24. Y estamos a 25 y no ocurrió nada de lo previsto: el histórico Partido Socialista Obrero Español no se ha roto. Ganó el temido y perdedor Pedro, fue derrotada la vencedora Susana, el aparato fue humillado por el pueblo llano, que es la militancia, y no se ha roto nada. Un presidente autonómico que había prometido dimitir continúa en su puesto y solo han dimitido los portavoces parlamentarios, porque el ganador había anunciado que serían relevados. Todo lo que acabo de resumir no es noticia, pero permítanme darme el gusto de hacer noticia de la normalidad. Aunque la normalidad sea socialista. 

¡Y lo que son los partidos políticos! Ahí tienen ustedes a doña Susana Díaz proclamando el fin de los bandos, acudiendo en auxilio del vencedor y diciendo ante los micrófonos que todos los socialistas son hoy una piña con Pedro Sánchez. Y lo mismo hacen los demás dirigentes, salvo los que se callan pero no arremeten públicamente contra el que temen que sea su verdugo. Eso sí que es cambio súbito de pensamiento. A Sánchez lo derrotaron en un Comité Federal en el mes de octubre. Y los mismos que lo echaron como quien espanta a un maleante en una corredoira en noche de luna, se presentan ahora como sus defensores. Solo les falta decir que son sanchistas de toda la vida y alguno lo dirá.

No lo critico, en absoluto. De verdad que no lo critico. Es más: me parece admirable cómo Felipe González, el gran derrotado moralmente, reconoce que ha quedado en minoría en el partido que refundó. Si el alineamiento con Sánchez se hace por supervivencia, lo comprendo: la vida es muy dura, el empleo digno es escaso y fuera del cobijo del PSOE hace mucho frío. Yo seguramente haría lo mismo. Pero me quito el sombrero ante ese ejemplo de disciplina, aunque sea por conveniencia. Rindo homenaje a ese sentido de la lealtad militante que lleva a aceptarlo todo con tal de salvar la causa principal. Y celebro que el Partido Socialista siga formalmente unido, porque su escisión sería una pésima noticia política para este país.

¿Durará mucho la bonanza? Depende de la generosidad de Sánchez. Depende de que mantenga su independencia ante los poco disimulados asaltos y seducciones de Podemos. Depende de que sepa hacer oposición sensata. Depende de que sepa construir un discurso sugestivo. Depende de que sepa hacer un equipo de leales, pero también de brillantes. Depende de que sepa decir algo más que no a Rajoy. Y depende de que tras las próximas elecciones no haya que repetir aquello del «peor resultado de la historia» por tercera vez.

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