El socialismo asturiano, entre la nostalgia y el futuro


Los socialistas asturianos afrontan su congreso autonómico debatiéndose entre dos modelos opuestos de entender la política y el modelo orgánico que se necesita para acertar en la renovación que va a suponer la elección de un nuevo secretario general tras diecisiete años en el cargo de Javier Fernández.

El nuevo tiempo que vive la Federación Socialista Asturiana tras el Congreso Federal de junio requiere de éxito en la construcción de un proyecto político que sea capaz de conectar nuevamente con amplios sectores progresistas de la sociedad y con aquellos jóvenes que demandan un cambio político e institucional profundo, para con todos ellos articular una fuerza política de izquierdas y transformadora que pueda seguir siendo protagonista.

La necesidad de impulsar un nuevo liderazgo en la FSA que permita modernizar la organización política y construir un nuevo proyecto para Asturias debe ser la base necesaria de un Partido Socialista que pretende seguir siendo protagonista de la política asturiana, donde las grandes transformaciones tecnológicas van a jugar un papel fundamental en las oportunidades de nuestra región, pero que a la vez exige de políticas capaces de hacer frente a los nuevos retos y temores que surgen en nuestro entorno. Solventar las carencias del sistema productivo de una comunidad autónoma que no ha sido capaz de generar un tejido empresarial innovador y comprometido con el territorio, a pesar de haberse dotado de un buen sistema educativo, debe ser una cuestión principal en la agenda política de un partido cuya vocación de gobiernos es ineludible.

A su vez, el Partido Socialista necesitará adaptarse a los nuevos tiempos y profundizar en su participación interna. Evitar decisiones y comportamientos como los ocurridos en el último Congreso Federal, donde los cinco delegados asturianos elegidos al Comité Federal se decidieron de forma oligárquica entre el grupo dirigente del sector ganador o la usurpación al plenario del debate sobre la enmienda que establecía la preferencia del PSOE por una forma de estado republicana, son actitudes que no pueden tener cabida si el proyecto socialista opta realmente por un cambio que no acabe en un simple cambiazo.

El éxito de la socialdemocracia ha de estar basado en su capacidad de liderazgo social y en ser una fuerza transformadora. En el próximo congreso de septiembre, el socialismo asturiano tiene que decidir qué partido quiere ser, si quiere ser un partido que anhele su pasado, que viva en la nostalgia y en la ortodoxia, o si quiere un partido que considere que el futuro tiene que ser más prometedor que el tiempo pasado, un partido con un proyecto político autónomo, reconocible, con un lenguaje propio y veraz. Ambos modelos se enfrentan en estas primarias, el primero se corresponde con la candidatura encabezada por Adrián Barbón y el segundo con la de José María Pérez. Ambos se medirán en las urnas el 17 de septiembre.

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