Salvar a la madre Juana


Pocas veces las lágrimas de una madre conmovieron tanto a un país. Esa madre se llama Juana Rivas. Es la mujer maltratada por su marido italiano, lo llevó a los tribunales en el 2009, consiguió que fuera condenado, se reconciliaron, continuó el maltrato, ella escapó del infierno con sus dos hijos y ahora es la condenada: una jueza de familia de Granada le aplicó la legislación internacional y este miércoles debía entregar a sus hijos al marido acosador. Juana se negó, como creo que haría cualquier madre, y se puso en paradero desconocido. La ola de solidaridad desatada fue inmediata: todo el pueblo de Macarena, sus vecinos, colocaron en sus portales un letrero de autodenuncia: «Juana está en mi casa». Es la versión actual de Fuenteovejuna, todos a una en defensa y encubrimiento de Juana.

Esta historia solo tiene una forma de análisis, que es preguntar: ¿usted qué haría? Este cronista, desde luego, haría lo mismo: escapar de un violento machista; hacer lo imposible por no entregarle los hijos y, si fuese vecino de Juana, ofrecerle un lugar en el que se pudiera proteger de los guardias que vienen a quitarle sus hijos. ¿Es eso un acto de desobediencia a la Justicia? Naturalmente, pero hay situaciones en que la rebeldía y la desobediencia están humanamente justificadas. Las podrán condenar los códigos, pero las justifica la conciencia humanitaria. De ahí que ahora choquen aparatosamente las leyes y los sentimientos. De ahí que ahora sea posible poner a toda una comunidad en contra de una decisión judicial.

Se le planteó al presidente del Gobierno y no pudo escapar de esa sensibilidad: «A las personas hay que entenderlas y comprenderlas y luego está todo lo demás». Quizá un presidente no puede ir más allá: no puede justificar la rebeldía ante una decisión judicial, pero tampoco puede justificar algo que suena a injusticia y a agravio añadido a todo lo que sufrió Juana Rivas. Me quedo, por lo tanto, con su intención de entender a una persona que sufre lo que Juana ha sufrido. Y no quiero preguntar si un jefe de Gobierno puede hacer algo más, porque sería incitarle a influir en la Justicia, que es la ilegalidad que falta en esta historia.

Lo único que quiero es denunciar a la legislación misma, que hace prevalecer el discutible derecho de un maltratador sobre el indiscutible derecho de las víctimas. Lo único que pretendo es hacer llegar a los jueces que no puede haber secuestro donde solo hay necesidad de librar a dos criaturas de un ser violento. Y lo único que pretendo es preguntar si se sabe qué quieren esos niños. ¿Quieren seguir con su madre? ¿Quieren volver con su padre? Si se oyese a los niños, se evitarían muchas lágrimas. Y sería más fácil el oficio de juez.

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