El penúltimo


El final de la cuenta atrás se acerca. Ya no hay retorno en el tortuoso camino que conduce al Trono de Hierro. Para mantener la tradición, el penúltimo capítulo de la temporada de Juego de tronos, que es penúltima a su vez, vuelve a ser imprevisto y decisivo, pero también pone en evidencia que sus creadores parecen dispuestos a cerrar el ciclo con una premura hasta ahora inesperada. 

Durante las seis temporadas anteriores, el espectador se amoldó a presenciar con detalle el periplo y la evolución de un personaje cada vez que este se embarcaba en alguna misión. El apremio por lograr el impacto liquidando uno tras otro a los personajes o exhibiendo grandiosidad en las batallas convivía con un desarrollo pausado de la narración. Eso se ha invertido en este final de viaje, condensado en capítulos más escasos pero más intensos. La rápida sucesión de acontecimientos, con teletransportaciones, saltos temporales, elipsis y licencias poéticas más propias de una ficción convencional, descoloca a quienes analizan las refriegas de los Lannister y los Stark hasta el más mínimo parpadeo.

Igual que para los seguidores esta temporada abreviada sabrá a poco, las prisas con que los creadores están haciendo frente al desenlace también parecen confirmar que siete capítulos resultan insuficientes para empezar a desenredar todos los nudos que se han ido tejiendo.

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