Al grito «non tinc por» le sobraron las banderas


He podido asistir a distancia, en diferido y días después al lamentable espectáculo ofrecido por las autoridades del Estado y la Generalitat de Cataluña con ocasión de la manifestación que tuvo lugar en Barcelona. Creo que la convocatoria tenía por objetivo recordar a las víctimas de la masacre y hacer patente la repulsa de la ciudadanía a los atentados yihadistas sufridos en Barcelona y Cambrils, que ocasionaron hasta la fecha un determinado número de víctimas mortales y un centenar largo de heridos.

Teniendo en cuenta que estas líneas las redacto fuera de España, soy testigo de la perplejidad que ha causado en los ciudadanos de ese país -holandeses en concreto- encontrar en mi versión esta respuesta al preguntarme por las banderas que presidían esa manifestación multitudinaria, en su mayoría independentistas, aunque también había alguna que otra enseña española.

Mi contestación no podía ser otra que hablarles de la pertinaz disputa entre el independentismo catalán y el Estado español, así como del contencioso sobre el próximo referéndum ilegal que ha convocado por su parte el gobierno de Cataluña. ¿Pero no se trataba de una manifestación de repulsa contra la barbarie y en memoria de las víctimas de la diversas nacionalidades que esa barbarie había ocasionado? ¿A qué vienen, siendo así, esas banderas? Tales han sido las respuestas de quienes solicitaban mi aclaración. Hubo quien fue más concreto: para gritar «no tinc por» sobran las banderas que dividen ese grito.

Tengo entendido que solo se pudo escuchar el respetuoso silencio debido a las víctimas cuando se tocó el conmovedor Cant dels ocells, de Pau Casals. El músico catalán lo interpretó hace muchos años en el silencio del cementerio de Colliure junto a la tumba de Antonio Machado, que de seguro repetiría ante el deplorable espectáculo ofrecido en Barcelona aquellos versos suyos:

-Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

-El vacío es más bien en la cabeza.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

Al grito «non tinc por» le sobraron las banderas