La leyenda de un beso


Desde que Pablo Iglesias y Xavier Doménech se dieron aquel pico en el Congreso de los Diputados en aquella primera sesión del año 2016, no hubo un beso más sonado en toda la política española. Me refiero, claro está, al beso que Carles Puigdemont le tuvo que dar a una bandera de España cuando paseaba por delante de una terraza de la capital danesa, Copenhague. No creo que le haya prometido fidelidad alguna a la bandera española, pero el beso se lo dio. Y por dos veces. Y el lance ya ha sido más visto que el gol al Sporting de Gijón que consiguió el portero del Lugo del pasado fin de semana. La carne es débil y si se pone un espontáneo delante, se besa lo que haya que besar, que el miedo es libre, cualquiera se enfrenta, y el señor que pone a parir la democracia española no sabe decir que no. No sea que el encuentro termine en hostil.

El celebrado suceso es mucho más que una crónica política. Es una leyenda que merece ser imaginada con la correspondiente letra y música de poemas y de coplas. Tal que así:

Dice en este caso la Bandera: «Besar quisiera la amarga / la amarga flor de tus labios».

Responde el fugado: «Difícil, poner en tu boca carnosa el beso estrellado / que nunca se apura».

Insiste la bandera: «Bésame, bésame mucho / como si fuera esta noche la última vez. Bésame mucho / que tengo miedo a perderte, perderte después».

Duda el fugado: «Un pájaro de papel en el pecho / dice que el tiempo de los besos no ha llegado».

Y la bandera: «Me debes un beso, / no te lo perdono, / me debes un beso, / te lo cobraré».

Y el fugado: «Te dejaré pacer en mis mejillas».

La bandera: «El beso, el beso en España, / se da si se quiere, / con él no se engaña».

El fugado responde: «Por un beso que le di en el puerto / me encuentro metío en esta prisión; / si lo llegan a saber mis huesos, / le lleno de besos hasta el corazón».

La bandera: «Me diste el beso primero, / que es el que más atosiga / y me diste la fatiga / de un cariño verdadero».

El fugado: «Y luego mordí mi almohada / para contener mi beso… / tu beso me corneaba / igual que un torito negro».

La bandera: «Y si beso la osadía / y el misterio de tu labios / no habrá dudas ni resabios, / te querré más todavía».

El fugado: «No es tan breve la vida si se agota en un beso».

La bandera: «De la contemplación / nace la rosa. / Del amor, el naranjo y el laurel; tú y yo, del beso aquel».

El fugado: «Dichoso el que besa fuerte / y besa cierto. Y dice: «tente».

La bandera: «Para qué quiero tus besos / si tus labios no me quieren besar más».

El fugado: «Solo me queda en la frente / la mariposa del beso».

La bandera: «sentir que tus besos anidaron en mí / igual que palomas mensajeras de paz».

Fin de la transcripción.

(NOTA.- Los entrecomillados son extraídos de poemas y letras de canciones de Vicente Aleixandre, Antonio Machado, Antonio Hernández, García Lorca, Carlos Almarán, Alberto Domínguez, A. Ortega, Consuelo Velázquez y Benítez Carrasco).

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

La leyenda de un beso