No es antijudaísmo, es antisionismo


Si hay un episodio en la historia del que la humanidad debería avergonzarse ese es el Holocausto. No solo por la tragedia que produjo sino porque jamás a lo largo del tiempo se fabricó un instrumento tan eficaz para exterminar a quienes el nazismo consideraba diferentes. Lo más sorprendente es que aquello no se protagonizó por gente ignorante sino que fue con la participación y la aquiescencia de gran parte de un pueblo que tenía uno de los mayores niveles culturales y científicos del mundo.

Después de la derrota nazi llegó la justificación de sus protagonistas: «la obediencia debida», «el desconocimiento de lo acontecido»; lo que demuestra que estaban ciegos ante las detenciones masivas, ante el paso de los trenes de la muerte y no percibían el olor que despedían las siniestras chimeneas de los «lager»; ¡mucho silencio y cuanta complicidad! Y también cuanta indiferencia de tantos estados sabedores de lo que estaba aconteciendo. Un hecho que llevó a Primo Levi, superviviente del Holocausto, a verbalizar unos temores que con el tiempo vuelven a repetirse «¿hasta qué punto ha muerto y no volverá el mundo del campo de concentración así como ha muerto la esclavitud?».

En relación con aquel drama el gobierno de Israelí viene haciendo una gran manipulación. Por una parte, se apropia en exclusiva del Holocausto y por otra silencia e ignora a las otras víctimas: la izquierda alemana, los miembros de la resistencia antinazi y antifascista, los miles de republicanos españoles, minusválidos así como otros colectivos como gitanos y testigos de Jehová. Y lo peor de todo es que, según la historiadora israelí Idith Zertal, el estado de Israel «está utilizando Auschwitz  como arma y como escudo»; en unos casos para  legitimar su política belicista y colonial y en otros para acusar de antijudíos a quienes denuncian la ocupación de Palestina: una política que el  sionismo viene practicando en Palestina desde hace setenta años y que repite métodos que en el pasado sufrieron las gentes de la religión que ellos dicen representar. En contra de lo mejor de la tradición profética, han construido un estado con tintes teocráticos, racista y colonial que practica la limpieza étnica y ha arrebatado a los palestinos, tanto musulmanes como cristianos, el 90% de la Palestina histórica. Muchos de sus comportamientos recuerdan la limpieza étnica que padecieron los judíos en Inglaterra en el siglo XIII y en los territorios hispanos en el siglo XV y XVI. Y si a algo se asemejan los guetos, donde vivieron recluidos, es al sistema de apartheid territorial y social que se materializa en el archipiélago de enclaves palestinos cercados por controles militares que impiden las actividades económicas y las relaciones humanas. No obstante, siendo dura la situación en Cisjordania, en Gaza es mucho peor; convertida en el mayor campo de concentración de mundo, es el campo de tiro donde experimentan todo su arsenal bélico; a lo que hay que sumar el bloqueo de alimentos, medicinas, la falta de agua y luz eléctrica que incrementan todavía más el número de muertos que se suman a los provocados por los sistemáticos bombardeos selectivos y masivos.

De nada han servido las más de cien resoluciones de las Naciones, incluida la reciente sobre Jerusalén y el dictamen de la corte Penal Internacional sobre la ilegalidad del Muro y las recientes declaraciones sobre Gaza del Secretario General de la ONU, porque las ignoran e incumplen por sistema.

Conscientes de su impunidad, acrecentada con la llegada de Trump, recientemente Israel se está cebando con la infancia palestina; lo demostraron en los bombardeos sobre Gaza donde el 25% de las víctimas han sido niños.  En su intento de acabar con la esperanza de un pueblo, 483 menores han sido detenidos en 2017; a la mayoría los están secuestrando en sus propios domicilios, a menudo durante la noche, los llevan esposados y con los ojos vendados a centros de interrogación donde sufren todo tipo de torturas físicas y psicológicas, a cambio de su libertad se les coacciona y chantajea para que se conviertan en delatores  de su propia familia, de sus amigos, de sus vecinos. El hecho más conocido es el de la adolescente Ahed Tamimi que con su melena al viento, se ha convertido, en un icono, en el símbolo de la resistencia de su pueblo que en estos momentos se encuentra detenida, pendiente de juicio y para quien piden no menos de diez años de prisión. 

Esta deriva del estado de Israel, que además está desestabilizando la región, está desatando una ola de indignación que va a más y que, ante la pasividad de la mayoría de los estados, se está materializando en iniciativas de la sociedad civil que se concretan en la flotilla Rumbo a Gaza y el BDS: boykot, desinversiones y sanciones diplomáticas, deportivas y culturales contra el estado de Israel; unas iniciativas pacíficas, que tanta eficacia tuvieron en el fin de la Sudáfrica del apartheid.

La eficacia del BDS ha desatado la ira de Israel, que además de amenazar de muerte a sus promotores, los acusa de antijudíos. A ellos se han sumado recientemente asociaciones prosionistas y el Sr. Casado, portavoz del PP, que en el aniversario de la Liberacion de Auschwitz acusaba de antijudíos a los ayuntamientos del cambio por apoyar el BDS.

Este señor en su caos mental, recurriendo a la demagogia de la confusión, mezcla y confunde todo: judío con sionista, antijudío con antisionista. Pero además, contra toda obviedad, ignora a las otras víctimas del Holocausto, entre ellas, a los miles de republicanos españoles.

Pero lo peor es que en su atrevimiento, el portavoz de ese partido heredero del franquismo se erige en defensor de los judíos. Conviene recordar que el Régimen del 36, al que no condenan, triunfó gracias al apoyo del nazismo y el fascismo, que la División Azul combatía junto con las tropas nazis mientras en los campos de exterminio se gaseaba a los judíos; y ahí están las soflamas del Caudillo, que hasta la víspera de morir concluía sus intervenciones con referencias a la conspiración judeomasónica;  y qué decir de aquellas enciclopedias y libros de Historia donde se hacía apología del nacionalcatolicismo y se mencionaban los beneficios que para la patria supuso la expulsión de los judíos y la obra benefactora de la Santa Inquisición.

Hay que indicar también que cada vez son más los judíos, tanto laicos como religiosos, que alzan su voz contra el Sionismo Israelí, condenando su política belicista y colonial. Entre ellos destacan personas tan relevantes como Hanna Arendt, el senador Bernie Sanders, Stephan Hessel, Edi Stein, Illan Pappe, N. Finkestein, Barenboin etc. Muchos de los cuales apoyan el BDS y entre los que merece destacar la red judía antisionista, que consideran que el estado de Israel no los representa, que además ha olvidado la tradición profética del judaísmo, basada en la justicia y la paz, para, por el contrario, apostar por un modelo belicista y colonialista. ¿También ellos son antijudíos?

Cada vez son más las instituciones y personas del mundo y del estado español que, como respuesta a los atropellos que se están cometiendo en Palestina, apoyan y se comprometen con las acciones siempre pacíficas del BDS y Rumbo a Gaza. Se trata de acciones pacíficas y de ningún modo antijudías. El objetivo del BDS y Rumbo a Gaza es que Israel cumpla con la legislación internacional, se retire de los territorios ocupados, respete los derechos humanos y deje de asesinar, torturar y detener a niños y adolescentes. Y, por supuesto, que deje en libertad a Ahed Tamimi, cuyo delito ha sido defender los derechos de su pueblo frente a los atropellos del estado de Israel.

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No es antijudaísmo, es antisionismo