Quemar la efigie del rey


Atención, republicanos: si os apetece quemar fotos del rey, podéis hacerlo incluso delante de una comandancia de la Guardia Civil. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dicho desde su sede en Estrasburgo que eso es ejercer el derecho a la libertad de expresión. Y este cronista añade que la libertad de expresión es un principio básico de todo sistema democrático. Atención, Ada Colau: si repone usted la efigie del rey en el salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona, tenga cuidado porque cualquier concejal de Esquerra Republicana puede provocar un incendio por darse el gusto de prender fuego a esa efigie. Atención, independentistas en general: podéis terminar las manifestaciones con una pira gigantesca de fotos del rey y símbolos de la monarquía opresora, porque os respalda el Tribunal de Estrasburgo. Y atención, público asistente a la final de la Copa del Rey: podéis ilustrar los pitidos al himno nacional y al jefe del Estado con la quema de su foto, porque así redondeáis el rechazo a la corona y es un acto normal para decir que en España existe libertad.

Expresado ese cínico testimonio de aliento, quiero decir algo más serio: considerar ese acto de protesta como un delito es algo muy discutible. La prueba es que hubo votos particulares en contra por parte de los jueces tanto en la sentencia de la Audiencia Nacional como en la del Tribunal Constitucional. Si estuvieran claras tanto la existencia como la no existencia de delito, los magistrados de ambos tribunales habrían votado por unanimidad. Por tanto, que a nadie sorprenda que Estrasburgo haya dictado esa sentencia. A este cronista le duele esa quema, como le dolería ver que se prende fuego a la bandera de España o a la bandera gallega. Si, como dice el texto del TEDH, el rey es un símbolo, no es el símbolo de un hecho folclórico, sino del Estado. No diré que haya que venerarlo cada mañana, pero sí que merece algún respeto. Si los símbolos del Estado se maltratan, se pone en riesgo la supervivencia del propio Estado.

En cuanto a la libertad, es evidente que hay que defenderla incluso en los aspectos más hirientes para las convicciones. Pero añado que alguna diferencia tendría que haber entre quemar una foto del titular de la corona y defender una forma de gobierno como la república sin agresiones simbólicas. Y el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo las sitúa ahora en pide de igualdad con su interpretación de los hechos. Y también alguna diferencia habría que establecer entre una expresión republicana y la misma acción cometida en un contexto de ruptura de la unidad nacional, como ocurrió en los hechos juzgados, que podrían ser prólogo de un delito de sedición. Y lo más preocupante: se empieza por incendiar una foto del rey y se termina por pedir, como el rapero Valtònyc en una de sus canciones, que se le cuelgue en la plaza pública. Y sin embargo, esto último ha tenido mucho defensor. Naturalmente, en nombre de la libertad de expresión.

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