Cómo seducir a diez millones de votantes


¿Qué son los Presupuestos Generales del Estado? Permítanme una definición: son unas cuentas (públicas) que casi nadie entiende, pero todo el mundo critica. Es más: son unas cuentas que un día como hoy casi nadie ha visto, pero todos los partidos de oposición se consideran en la obligación de rechazar. Incluso hay partidos que las empezaron a rechazar antes de que su autor, Cristóbal Montoro, las tuviera en su cabeza. En este sentido, ayer resultó enternecedor comprobar cómo el PSOE rechaza los Presupuestos porque no modernizan «el tejido productivo», como si el tejido productivo de un país se pudiera corregir con una ley, y cómo Irene Montero (Podemos) ponía toda su pasión en denunciar que «perseveran y consolidan los recortes». Lo dicho: cuando hay nuevos Presupuestos, la primera obligación es oponerse. Aunque no se hayan leído. El Partido Popular hacía lo mismo cuando gobernaban Felipe González y Zapatero.

A mí, en cambio, estas cuentas públicas (también sin leerlas) me parecen fantásticas. Dibujan el país de la felicidad: disfrutaremos de un crecimiento notable (el 2,7 por ciento), bajarán los impuestos, se subirá el sueldo a los funcionarios, la mayoría de las pensiones subirán más que el IPC, aumentará el empleo hasta situarnos en el umbral mariano de los veinte millones de empleados, crecerá el gasto público, habrá una recaudación récord… Y después de ese incremento del gasto social y de las inversiones, el gran milagro: el déficit público se reducirá. ¿No os parece maravilloso? ¡Qué pena que no tengan respaldo para su aprobación parlamentaria!

Sí, qué pena, porque a este Gobierno tan técnico resulta que los números lo inspiran y le proporcionan discurso: justo el discurso que le falta para otras grandes cuestiones nacionales, como la agravada crisis de Cataluña. Es el discurso del populismo, del populismo de derechas: cuando estábamos mal, no teníamos más remedio que imponeros sacrificios; ahora que nuestra política ha conseguido rescataros de la catástrofe, podemos compensar al sufrido pueblo español con todas las ventajas prometidas hace seis años. Esta liturgia tiene un oficiante de los números, que es Montoro, y un cantor que se encarga de la poesía (entiéndase la propaganda) que se llama Méndez de Vigo. Ayer lo hicieron muy bien como dúo. Rajoy los puede poner a actuar juntos en las convenciones del PP.

Si estos Presupuestos consiguen ser aprobados, serán las cuentas que permitirán encarar las elecciones que vienen después de haber intentado seducir a diez millones de personas, entre funcionarios y pensionistas. Aunque solo seduzcan a la mitad, Rajoy ya habrá ganado. Esa es la clave política de todo. No es extraño que se encabrite la oposición.

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