Un trabajo como Tatooine


Esta semana hubo un debate muy divertido en Asturias sobre los lamentos de la patronal por la falta de obreros cualificados en determinados sectores, singularmente el metal. No es una discusión nueva, se lleva oyendo este miagar de los emprendedores desde hace ya un par de décadas, la novedad hilarante fue cuando se llegó a plantear que no podrían cubrir todas sus expectativas ni aunque pusieran a todos los niños de Asturias, todos ellos, a estudiar específicamente la FP que precisan. Imagínense el futuro hiperespecializado de Asturias, con toda su población por completo dedicada a un único oficio que dicen que necesitan estos señores. Sin basureros que nos retiraran los desperdicios, sin médicos en el hospital que nos trataran al ponernos enfermos, sin panaderos ni policías, ni sastres, ni cocineros; quién sabe si los maestros de estos mismos alumnos tendrían que doblar jornada para ir a soldar al terminar las clases en el turno de mañana. Ahora que nos estábamos quitando el topicazo de que todos somos mineros.

Es una distopía laboral muy al estilo de la ciencia ficción, como en las películas de Star Wars, que en cada planeta hay un único clima en todos los hemisferios,Tatooine desierto en todas sus latitudes, Hoth helado de polo a polo, Dagobah un gran pantano global. Las vueltas que hay que darle para no apostar por la solución más sencilla, lo que dicta la lógica, hasta eso que llaman la lógica del mercado, que si hay mucha demanda de un oficio pero poca oferta la clave está en pagar más. Y he aquí el quid de la cuestión.

Tenemos un problema esencial en Asturias y en España en general que consiste en que se mantiene a toda costa un modelo subdesarrollado de economía en lo que toca al trabajo. Mes a mes, las encuestas y datos de desempleo nos revelan que haya subidas o bajadas, la tasa de temporalidad no baja del 90%. Son siempre 9 de cada 10 contratos los que se firman de hoy para mañana. En teoría los contratos temporales están para cubrir necesidades limitadas, con un horizonte temporal establecido, pero parece que hemos asumido como lo normal y lo natural que la práctica totalidad del empleo que sea para cuatro días, ¿de verdad, esa es la necesidad real del mercado y las empresas? Obviamente no, se trata de un fraude, uno consentido, pero que sigue siendo una estafa toda vestida de seda. De los falsos autónomos, de las horas extras no remuneradas y de lo que todo esto significa, paso a paso, año a año, para la aniquilación desde sus cimientos de la Seguridad Social y el sistema de derechos sociales (lo de las pensiones es esto también) no vamos a hablar. No lo hacen siquiera los partidos que se definen de izquierdas que tienen otras prioridades y basta ver que ya ni sueñan con llegar a ganar unas elecciones sino que el cálculo pasa por ver cómo de menos mal quedan en las próximas.

Hablemos de la turra constante de que los estudios deben orientarse a las necesidades de las empresas, que es una idea que no está mal si se hace con criterio y con mesura pero que para la patronal subdesarrollada que tenemos termina por convertirse en que la sociedad en pleno financie los cursos de formación específicos que deberían organizar ellos en sus compañías si los precisan. Desde luego no es esta ocurrencia, el capricho sobrevenido de que me regalen algo porque no quiero pagar lo que cuesta, hoy en un sector para decir en 15 años que está saturado porque ahora me dedico a otra cosa, porque vino otro aire. El paro masivo, la precariedad y el fraude tolerado, todo ello es la verdadera cultura de la subvención, un sostenido artificialmente desequilibrio en el reparto de la riqueza a favor de los más privilegiados.

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