«Friends» para siempre


Cuando The Rembrandts aseguraban que estarían ahí para nosotros cuando empezara a llover nadie imaginaba que su vocación de acompañarnos para siempre sería tan literal. Catorce años después de El último, cuando nos despertamos Friends todavía sigue ahí. Por arte de magia del streaming, esta serie icónica para una generación que la siguió durante diez años, a caballo entre dos siglos, atraviesa una segunda juventud y no es solo por la nostalgia de aquellos que salían a comprarse las temporadas en VHS cuando un solo visionado les sabía a poco.

Si Friends se coloca semana tras semana entre las diez series más consumidas en formato maratón en el mundo, según el Binge Report, es también porque los millennials se enganchan a ella. Pero su nueva mirada transforma unas tramas que fueron satíricas, rompedoras y modernas en escenas que, con los parámetros actuales, les parecen machistas y homófobas.

A los nuevos espectadores les incomoda reírse del temor de Chandler a ser considerado gay o de su trauma por tener como padre-trans a Kathleen Turner. Les resulta caduca la preocupación de Ross porque su hijo juegue con muñecas o su mujer lo haya abandonado por otra mujer. No les parece gratuito que Rachel contrate a un asistente solo por ser atractivo y menos aún las burlas por el sobrepeso de Mónica. Todo esos anacronismos ya eran un espejo deformante y sarcástico en una serie que también habló de mujeres independientes, madres solteras, gestación subrogada, temas que aún hoy generan debate. Lo bueno de ver una serie de hace veinte años es que muchos podrán descubrir de dónde venimos y lo que ha costado llegar hasta aquí.

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