Los fachas de la era de Aquarius


No sé si la luna estará en su séptima casa o si Marte se ha alienado con Júpiter, pero ha llegado la era de Aquarius al argumentario facha y ya resuenan los bramidos de furor porque vaya a llegar a España la gente de un barco abandonado en alta mar como si hubiera alguna manera que no sea profundamente inhumana e indecente de justificar que se ahoguen en medio de las olas 629 personas, entre ellas 123 menores de los que 60 son niños que viajan solos.

Vamos a recodar algunas cosas. La primera que todos los días llega gente desesperada que trata de cruzar la frontera entre alambradas por Ceuta y Melilla o (menos que antes) en cayuco y patera por mar. Y, pese a todo, siguen siendo una minoría en el volumen total de inmigrantes irregulares porque la mayor parte llegan por los aeropuertos. Atender a esos cientos o a miles más no supone nada para un país como España, sí es un enorme problema si grupos políticos escogen a estos desgraciados como chivo expiatorio para agitar el descontento por no señalar jamás a los verdaderos culpables de que los recursos de los servicios sociales no sean suficientes y que son gente con corbata que se lo lleva gordo y fino a paraísos fiscales con una sonrisa. Y sí es un problema enorme a escala europea, uno por cierto que no se resolverá hasta que haya una política europea para afrontarlo y no dependa de la buena o mala voluntad de los estados miembros. Si en la fachosfera cunde esta milonga, no es menos turulata la de la ultraizquierda babaya que culpa de todos los males a la UE y tiene el irredentismo de la soberanía por bandera cuando sólo la cesión de las naciones al ámbito comunitario puede construir una alternativa eficaz y funcional en esta materia.  

Como a la par se ha anunciado que se recupera la atención sanitaria universal también para los inmigrantes irregulares, las barbaridades del tipo de que vienen a saturarnos los ambulatorios y de que vamos a pagar impuestos para que se nos cuelen moros y negros en la lista de espera de un trasplante de riñón han ido en aumento. Barra libre de vileza. Lo cierto es que la práctica totalidad de los inmigrantes irregulares son muy jóvenes, muy sanos y casi superhéroes que han llegado hasta aquí cruzando desiertos y paisajes de leyenda. El gasto sanitario se lo lleva la población anciana, y no es el caso. Digamos más, sí que existe el turismo sanitario en España y una población foránea en concreto que destaca de forma abrumadora respecto al resto de países a la hora de consumir recursos sanitarios aquí y son los británicos, los jubilados que vienen a pasar sus últimos días al sol del Mediterráneo y que ahora ven como crecen sus problemas para mantener esa situación precisamente porque en un ataque de populismo racista contra los inmigrantes su Reino Unido votó en referéndum salirse de la UE.

No apelemos si quiera ni a la compasión, ni a la decencia si va a ser inútil. Aunque sea por puro egoísmo párese a pensar lo que supone que haya un colectivo social habitando entre nosotros que no vaya al médico si está enfermo por temor a ser detenido y deportado. Piense en las consecuencias para la salud pública, para los contagios. Aunque sólo sea por eso. Esto no va ni de buenismo ni de malismo, sino también y sobre todo de eficacia. Por eso los argumentos carcas suenan a puro trastorno.

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