No os engañéis: el «procés» sigue ahí

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La prensa tiene dos formas de ver la situación de Cataluña en vísperas de la final del mundial que Sánchez y Torra jugarán el lunes en la Moncloa. Los diarios de Barcelona coinciden en hablar de distensión. «Clima de distensión», dice La Vanguardia. «En plena distensión», se leyó en El Periódico. En el resto de España, la visión no es tan complaciente: se teme que ese mejor ambiente sea la calma chicha que precede a la tormenta, se sospecha del pago de un desconocido precio por la moción de censura y se desconfía de la fortaleza de Pedro Sánchez para hacer frente a una nueva embestida del procés.

La aparente contradicción de miradas se puede resumir en una frase: nada ha cambiado, salvo las formas. Las formas, en efecto, son distintas: el Gobierno central cede en lo razonable, como el traslado de los presos; está dispuesto a hablar con los independentistas de lo que sea, en la convicción de que la distancia que marcó Rajoy no hace más que crear descontento, y resulta inteligente el reparto de papeles entre Meritxell Batet y Josep Borrell. La ministra tiende la mano y anuncia la retirada de recursos presentados ante el Constitucional. El ministro ordena que todos los embajadores hagan lo mismo que Morenés cuando le plantó cara a Torra en Washington. Todo ello, para mostrar alguna fortaleza del Estado y un afán de llevarse bien. La palabra mágica es ‘desinflamar’.

Pero que nadie se engañe: el independentismo entra al trapo de la concordia, pero no da ni un paso atrás. Nunca nadie hizo nada tan grave como vetar al rey de España en actos de la Generalitat. La disposición de la mayoría en el Parlament es volver a activar leyes anuladas por el Constitucional. Este mismo jueves se activó la declaración del 9-N-2015 y se votó «alcanzar y culminar la independencia» mientras se pedía y ofrecía diálogo sin cortapisas. Y cuando llegan los presos a Cataluña, ahí están el Govern y su presidente dispuestos a recibirlos como héroes y algo más: para exigir que sean puestos en libertad y se anulen sus causas penales. Quien conozca mínimamente la mentalidad y la estrategia independentista sabe que cada acción, cada gesto y cada palabra tiene la intención de avanzar hacia su meta. La consigna es, insisto, ni un paso atrás.

Quiero decir con esto que nadie se engañe con la apariencia de distensión: es puramente formal. Quizá temporal. Y desde luego, poco de fiar. No acabo de ver a un exaltado como Torra renunciando ni a una décima del rencor que ha demostrado hacia España en sus escritos, por mucho que pasado mañana presente en la Moncloa su mejor cara y ofreciéndose para una nueva cita después del verano. Y mucho menos lo acabo de ver desobedeciendo a su caudillo Puigdemont.

Quien conozca mínimamente la mentalidad y la estrategia independentista sabe que cada acción, cada gesto y cada palabra tiene la intención de avanzar hacia su meta. La consigna es, insisto, ni un paso atrás

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