Nos estamos escorando

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Desde la ascensión de Pablo Casado a la presidencia del PP no han dejado de escucharse voces advirtiendo de la imposibilidad de ganar unas elecciones, y por tanto gobernar, si no aligera su discurso inicial y se despega de las ideas ultraconservadoras que le acompañan. Aseguran que en España, desde la llegada de la democracia, las elecciones las decide el centro y que los populares lo tienen imposible si, como dice Casado, se oponen a la eutanasia, regresan a la ley del aborto de 1985, ilegalizan el soberanismo, rechazan la ley de la Memoria Histórica y denuncian la ideología de género, entre otros retrocesos.

Cierto es que el discurso de Casado está más próximo a aquella Alianza Popular que quedó por el camino, que de un partido ajustado a las necesidades de estos años. Y que los españoles, según el CIS, ven al PP muy escorado hacia la derecha, incluso antes de su reciente renovación.

Pero es que los tiempos han cambiado. Sustancialmente. El mundo está girando a la derecha. Nos estamos escorando hacia posiciones más conservadoras. El bipartidismo gobernó España porque lo que entendemos como votantes de centro le prestaron apoyo, pero no hay más que echar una ojeada a la situación actual para darse cuenta de que el momento no es el mismo y que los mensajes radicales están calando.

Cuesta reconocerlo, pero Europa y América han dado un giro importante y de los 28 países de la UE, solo siete están dirigidos por partidos que podríamos considerar de izquierda y la izquierda populista está desapareciendo del continente americano. Hungría, Austria, República Checa, Francia, Bulgaria, Países Bajos, Alemania, EE.UU., Brasil, Argentina, Guatemala, Perú y Chile son buena muestra de ello. Por no hablar del incremento de la ultraderecha.

Los estudiosos aseguran que la austeridad, la falta de respuesta para encarar la crisis, el cansancio y el desplome de la socialdemocracia son los factores que influyen en el cambio de tendencia.

Casado tampoco tiene solución para estas cuestiones pero puede gobernar. Porque sonríe permanentemente y porque nos estamos escorando.

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