Abonados al reciclaje en la zona rural

Más de 800 familias del concejo de Oviedo participan ya en el programa de elaboración de compostaje casero que Cogersa puso en marcha en el 2009. En su vivienda de Sograndio, Eduardo Lafuente y los suyos transforman cada año unos 300 kilos de residuos.

Nacho Lafuente rellena la compostadora con restos de basura. Foto: Tomás Mugueta
Nacho Lafuente rellena la compostadora con restos de basura. Foto: Tomás Mugueta

Oviedo

Con su título de ingeniero informático, Eduardo Lafuente no era ningún especialista en calcular la acidez de un suelo o en ponderar cómo afecta el grado de humedad de una mezcla de residuos orgánicos en descomposición a la fabricación de abono natural. Pero sí sentía interés y compromiso por cuidar el medio ambiente, de manera que hace años, después de varias lecturas sobre el proceso, se compró una compostadora en un hipermercado para poder aprovechar sus propios residuos. Más adelante, cuando el consorcio autonómico de gestión de las basuras, Cogersa, instauró su propio programa de compostaje, solicitó otro de esos cubos al ente. Ahora los alimenta con cinco kilos de basura de origen doméstico a la semana, más el césped cortado, los restos de la poda de setos y las hojas de árboles que recoge en la pequeña parcela que rodea a su vivienda unifamiliar en Sograndio. Todo lo que crece en ese terreno se beneficia del compost casero que obtiene, especialmente bueno para las frutales.

Conseguir en casa fertilizante natural para uso propio empieza a ser una costumbre bien implantada en Asturias. Más de 10.000 familias, de las que unas 800 residen en el concejo de Oviedo, lo intentan ya en sus casas, según los datos de Cogersa, que fomenta esa práctica con el reparto gratuito de compostadoras y la organización de cursos formación, concursos y jornadas de convivencia para quienes deciden sumarse a su programa y perfeccionar sus métodos de reciclaje de basura. Lafuente, que enseñó a Ovetenses cómo prepara su compost en una tarde soleada y fría del mes de febrero, asegura que quien decide tomarse la molestia de compostar suele hacerlo antes por reducir su generación de residuos que por motivos económicos. La cantidad de abono que consigue una familia es modesta y el precio de los fertilizantes industriales, alrededor de diez euros por cada saco, no es tan prohibitivo como para disuadir de comprarlos.

Lo que sí ha conseguido su familia es una disciplina incorporada ya como rutina a su forma de deshacerse de la basura que generan cuatro personas en una sola vivienda. Los recipientes, los envases, el papel y el cartón, todos esos envoltorios y paquetes que tanto llegan a pesar y constituyen el grueso de los desechos de un hogar medio, perfectamente clasificados, acaban en los contenedores situados junto al centro social del pueblo. Los restos de alimentos (unos 300 kilos al año para la familia media en Asturias, estima Cogersa) van a la compostadora, junto con la hojarasca y otros restos del cuidado de la parcela. Allí fermentan bajo los cuidados de todos los miembros de la familia.

No solo se trata de tirar allí la basura, sino de airear y remover periódicamente la mezcla. La compostadora, similar a un cubo grande, se rellena desde arriba y se vacía por la parte inferior, de manera que los restos más antiguos salen antes que los que acaban de entrar. La presencia de merucos en el rico mantillo en formación es la señal de que el proceso avanza de manera correcta. Lafuente está muy contento del trato y el apoyo que recibe de Cogersa, aunque apunta una crítica constructiva. Como uno de los 20 ganadores del concurso 'Hago buen compost', tuvo derecho a que los técnicos del consorcio lo analizaran para determinar su composición y su calidad, pero los resultados que el enviaron eran muy difíciles de desentrañar para un lego en química. «Tengo cierta formación práctica, sé que debo manejar con cuidado los residuos de los cítricos y que lleva unos seis meses conseguir un abono con nitrógeno suficiente. Cogersa da buenos cursos. Pero esas tablas son incomprensibles para quien no sea un experto», señala.

Como tiene amigos con estudios en la materia para que le expliquen cómo mejorar su abono, a ellos recurrirá, porque quiere mejorarlo y porque su  motivación y su compromiso no decaen. Es un estado de ánimo similar al del resto de las familias que se apuntan al programa de Cogersa, que también elabora compost a una escala mucho mayor en sus instalaciones del vertedero central en la parroquia gijonesa de Serín. El consorcio lo puso en marcha en 2009 y, desde entonces, gracias a la fidelidad de los participantes, no ha dejado de crecer. Ya llega a 56 de los 78 concejos asturianos y sigue en expansión. El único requisito para entrar en esa modalidad de reciclaje es de disponer de un terreno 50 metros cuadrados al aire libre donde instalar la compostadora. El resto es trabajo y atención.

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