«La responsabilidad social tiene que ver con cómo se crean beneficios, no cómo se reparten»

Eugenia Suárez Serrano, vicerrectora de Acción Transversal y Cooperación con la Empresa de la Universidad de Oviedo, habla sobre los retos de la sostenibilidad aplicados a la empresa y a las organizaciones

Eugenia Suárez Serrano, vicerrectora de Acción Transversal y Cooperación con la Empresa
Eugenia Suárez Serrano, vicerrectora de Acción Transversal y Cooperación con la Empresa

Redacción

Hay muchos conceptos que se nos entremezclan y que suenan a lo mismo. Al final tenemos un batiburrillo que no nos deja nada en claro. Hablamos de sostenibilidad pensando en ser más ecológicos y a veces se confunde la responsabilidad social con puro marketing. Pero hay mucho más detrás de las simples palabras: todo un cambio de paradigma relativo al cómo hacer las cosas teniendo claro que el ahora es «una etapa de consecuencias futuras»; lo que da lugar a nuevos modelos de gestión en las empresas. Eugenia Suárez Serrano, vicerrectora de Acción Transversal y Cooperación con la Empresa de la Universidad de Oviedo, habla sobre los retos de la sostenibilidad aplicados a la empresa y a las organizaciones

«Hay muchos términos que se confunden. La sostenibilidad es un concepto macro que afecta a todo: la rendición de cuentas, la parte ambiental y la social, que tiene que ver tanto con la parte interna de una organización como los recursos humanos, como la externa relativa a la sociedad. ¿Cómo se traslada esa sostenibilidad al ámbito de las empresas y organizaciones? A través de la responsabilidad social, que no es márketing o relaciones públicas, sino que es un modelo de dirección, de gestión que se basa en actuaciones sostenibles en los tres ámbitos, mas la parte interna y externa», explica Suárez. Está claro que no todas las organizaciones son iguales, de ahí que haya que buscar un equilibrio con ese objetivo relacionado con esos tres ámbitos, sin olvidar que también «hay que ser sostenible en todas tus actuaciones con todos tus grupos de interés, tanto internos como externos».

Es consciente de que algunas empresas lo utilizan como imagen de marca, «y eso no vale porque no es consistente. Hablamos de márketing con causa, que no deja de ser márketing, pero la responsabilidad es algo más profundo: es una creación de valor compartida donde no basta con satisfacer las necesidades de tus accionistas, propietarios o clientes, sino un valor compartido con el resto de la sociedad. Tiene que ver más con cómo se crean los beneficios (de forma responsable), no con cómo se reparten», señala.

«Toda empresa, grande o pequeña, pública o privada, puede ser responsable. La pequeña, por su naturaleza, ya es sostenible. ¿Qué les ocurre a las grandes? Una multinacional por su naturaleza es insostenible: tamaño, globalización, deslocalización… Tiene un impacto negativo muy grande tanto en el medioambiente como en cuestiones de ética social. Cuando haces responsabilidad social tienes que ver cuáles son tus impactos negativos y positivos para minimizar unos y potenciar otros. Pero la sostenibilidad y la responsabilidad tienen que estar en todo tipo de empresas. Si en el sector público no eres sostenible ni ético es un derroche de recursos para la sociedad. La responsabilidad es un proyecto de inteligencia empresarial. Es una forma inteligente de gestionar tu organización. Las organizaciones que no trabajan por ser sostenibles tarde o temprano les va a ir mal. El futuro está en que todos lo seamos», sentencia.

Empresas un 40% más rentables

El cambio de paradigma es tal que ya comienza a tener repercusiones a nivel de rentabilidad. «Hay estudios que dicen que las empresas que cotizan en el Dow Jones Sostenibilidad, que es un índice de cotización muy complicado donde se evalúa la triple sostenibilidad, tienen una rentabilidad un 40% superior a otros indicadores como el Ibex35 y que avalan una relación directa entre rentabilidad y responsabilidad social, sostenibilidad y captación de recursos económicos», explica la vicerrectora.

Se refiere también al hecho de la existencia de inversores a nivel mundial que sólo quieren invertir en empresas socialmente responsables, donde hay un riesgo mucho menor y que buscan una garantía y una reputación, frente a los especuladores cortoplacistas que agotan los recursos y se van a otro lugar. Desde su puesto como profesora e investigadora de la Universidad de Oviedo, Suárez tiene claro que: «Las empresas sostenibles tienen más facilidad para conseguir fondos y financiación, suelen conseguirlo más barato y suelen tener mayor rentabilidad. Mucha gente ve la sostenibilidad como un coste, pero es una inversión. Todo lo que sea invertir en medio ambiente acaba reduciendo costes, y todo lo que haces por los trabajadores incrementa la productividad. Yo creo que esa visión cortoplacista va a ir desapareciendo».

Nuevas oportunidades de negocio

Hay una parte de conciencia, pero también la realidad obliga: «Estamos acabando con los recursos». Frente a ello, explica los casos de empresas muy innovadoras, como Ecoalf, que recoge plástico de los océanos con los que crea materia prima para sus productos. «Los pescadores de estas zonas que quedaron casi sin pesca ahora faenan para extraer también plástico. Este proceso es imparable. Hay banca ética, pero la tradicional empieza a interesarse por imitar sus productos y procesos. Lo importante es que no sea sólo imagen», comenta. Y es que es el momento de desarrollar el ingenio y crear nuevas oportunidades: «Hay muchas opciones para el empleo», apostilla.

Pero es consciente que aquí juega un papel importante esta responsabilidad de las empresas, como en el caso de la revolución digital y la robótica, que va a significar «una transformación muy fuerte porque hay empleos que van a desaparecer y se van a transformar en otros». Aquí, apunta, «si se es responsable se va a gestionar bien ese cambio». Y advierte de que el tiempo es un factor en contra: «Tienen que estar ya en ello, ver qué va a pasar con esos empleos, con esa gente. Es un ejemplo de responsabilidad interna».

Todo ello acentuado por la Agenda 2030, «muy importante porque es un desafío global, es una agenda para todos y sin complejos, todos tienen que hacer sus deberes y nos va a permitir trabajar con alianzas. Y desde el punto de vista de la Universidad, también es muy importante porque por primera vez aparece, junto con la educación superior, con un papel destacado en una agenda internacional. Tenemos ese doble desafío desde las universidades, uno como organizaciones más sostenibles y dos por el papel para sensibilizar, apoyar, dar ejemplo y colaborar con otras organizaciones. Ya se está trabajando en esto entre la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y la Alta Comisionada para la Agenda 2030 Mónica Gallach».

Para la vicerrectora de Acción Transversal sumar sostenibilidad y Agenda 2030 «abre posibilidades y opciones de trabajar en nuevos negocios que tienen que ver con la sostenibilidad: hacer de forma responsable y más sostenible, pero también abre nuevas vías de trabajar, colaborar, invertir para ser más competitivo. La economía circular y la reutilización son unas de ellas, también la digitalización que contribuye a la sostenibilidad y la inclusión. No podemos seguir agotando nuestros recursos, y eso tiene una ventaja para el medio ambiente y la economía clara: reduces costes sin tener que utilizar continuamente nuevos materiales y materias primas. También en el ámbito de lo social y su innovación: la inclusión, la igualdad, la diversidad. Vamos a tener nuevas necesidades, una sociedad más envejecida, en la que se quiere incluir a todas y cada una de las personas… La gente quedaba desplazada en cuanto tenía una disfunción física o psíquica. Ahora estamos ante una sociedad mucho más inclusiva. Todos los negocios relacionados con la inclusión, la igualdad de género o la diversidad van a crecer, no sólo los que tengan que ver con el medioambiente».

Esto implica la formación de nuevos perfiles profesionales, donde la multidisciplinariedad tendrá un lugar prevalente. «Tenemos que formar a nuestros chicos y chicas con competencias muy transversales y que van a tener que trabajar en una mezcla de ramas de conocimiento porque los problemas que tenemos son muy complejos y requieren soluciones diversas y multidisciplinares. Los proyectos más interesantes salen de donde hay más diversidad conceptual, de mujeres y hombres, Erasmus de distintos países… Las soluciones salen de la diversidad, y nosotros tenemos que potenciarlo porque además es enriquecedor,  si no sólo se tendrán visiones parciales y no habrá soluciones globales. Cuando alguien sin dificultad funcional diseña, no se da cuenta de la necesidad que sí percibe alguien con esa disfuncionalidad».

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