En los últimos años han surgido escuelas, hospedajes y festivales que generan millones de euros en la temporada estival
18 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Salinas siempre ha sido un paraíso para los surferos pero pocos se imaginaban hace 15 años que el tener oleaje garantizado todo el año podía llegar a convertir a esta práctica deportiva en un motor económico de primer orden. Fue entonces cuando se celebró un festival de longboard que más bien era una reunión de 20 amigos, según explica su fundador, Pepe Hevia. Ahora el certamen congrega a más de 80.000 personas en cuatro días y deja un impacto económico de 2,5 millones de euros en la localidad castrillonense y sus alrededores. En los últimos años han nacido nuevas competiciones deportivas, se han creado escuelas de surf, hospedajes específicos y se han abierto y reabierto establecimientos hosteleros enfocados claramente a los amantes del mar. El surf se ha convertido en un motor económico de la localidad y un generador de empleo durante la temporada estival, que va desde Semana Santa al puente de los Difuntos.
Hoy en día hay una decena de escuelas de surf y algunas de ellas cuentan con su propio espacio de hospedaje. Es el caso del Longbeach, que inició su actividad en 2013. ¿Por qué eligieron Salinas? «Aquí garantizas olas 300 de los 365 días del año. Es un pueblo pequeño, pero tiene de todo, no está masificado como puede ser Gijón», explica María Azcoitia, que puso en marcha el negocio con su marido. Su objetivo era el de «hacer que la gente adulta vea que hay una manera de disfrutar de la vida con deporte y naturaleza». Y les ha funcionado. En un mes pueden alojar a unas 200 personas, prácticamente todas de fuera de Asturias. «El 95% de la gente procede de Madrid, León, Valencia o Cataluña», explica y reconoce que algunos de sus clientes repiten, incluso varias veces en una misma temporada. Algunos optan por estancias de una semana y otros de un fin de semana, «tiempo suficiente para tener conocimiento del medio e incluso alguno consigue ponerse sobre la tabla en un fin de semana, pero sólo algunos».
La escuela Las Dunas fue la primera que abrió sus puertas en Salinas y se convirtió en un referente en España. En estos siete años de andadura han visto una «evolución enorme», según explica Héctor Bango. La procedencia y fidelidad de su cliente es la misma que en Longbeach y explican que en julio tienen muchos niños, a partir de ocho años sobre todo, pero que en agosto se incrementa el número de adultos y familias que vienen para aprender a surfear. Asegura que su actividad repercute en los negocios locales pero advierte que es necesario que haya algún tipo de regulación que garantice que las escuelas cumplen unos requisitos de calidad y seguridad. El negocio también llama a la competencia, incluso la más desleal. «A veces llega una furgoneta y se ponen a dar clases de surf de cualquier manera», explica.
El tipo de turista que va a Salinas para practicar surf suele ser de un nivel económico medio-alto. Al Salinas Longboard Festival, a celebrar del 18 al 31 de julio, vienen, además de competidores de primer nivel gente de 30 ó 40 años, «que se gasta 800 euros en una tabla porque por semana tiene una vida normal pero el viernes se coge la furgoneta y se pierde por el norte», indica Hevia. En los últimos años el certamen ha ido más allá del campeonato y ha introducido nuevas actividades como mercadillo o eventos musicales. «Tenemos un público fiel y somos conscientes de que no es por lo mejor o peor que lo hagamos es porque a nivel de surfing no hay olas como las de Salinas en casi ningún otro sitio del Cantábrico», asegura Hevia que apunta a ciertos lugares de Cantabria y el País Vasco como aquellos con los que compararse. «El surf es un negocio importante, pero si queremos ver cómo puede ser Salinas en 10 años tenemos que mirar ahí y sobre todo el País Vasco francés», explica Hevia. «El surf en España es aún joven, se está dando a conocer y lo que hacemos ahora es hacerlo accesible a gente de interior», asegura Azcoitia. Bango explica que intentan poder extender su temporada al invierno pero es algo «difícil por el clima» y también por el hecho de que cuando el mar está bravo no se dan las mejores condiciones para enseñar a alguien sin experiencia a subirse a una tabla.
Nuevos emprendedores
Prueba de que el surf puede seguir siendo un negocio en Salinas es el hecho de que «genera autoempleo entre la gente joven que ve la forma de tener trabajo en algo que le gusta», indica Hevia. En los últimos años han aparecido diversos negocios vinculados al surf en la localidad castrillonense y hace unos días se celebró allí el Surfnetworking, un evento en que diversos empresarios intercambiaron opiniones y proyectos con esta práctica deportiva como telón de fondo. Uno de los participantes es la empresa DSERT, formada por tres personas que se conocieron en Gijón en un máster de 3D (de ahí su nombre, dando la vueltas a las letras), que crea quillas para tablas de surf personalizadas y únicas para cada cliente. Marc Navarrete es uno de sus fundadores y asegura que hay negocio en el surf puesto que «las quillas suelen romperse, se suele tener más de una, depende del tipo de ola ...». Su idea echó a andar hace cinco meses -y acumula alguno más de pruebas- y ya piensan en ampliarla a las tablas de kaysurf, windsurf y paidsurf.