«La sociedad ve a los viejos como si fuesen un arsenal de sacos vacíos y los sacos de los viejos normalmente están muy llenos»

Noelia Rodríguez

AVILÉS

Lola Herrera.Lola Herrera
Lola Herrera

Lola Herrera vuelve a las tablas del avilesino Palacio Valdés para el estreno nacional de La velocidad del otoño, una comedia sobre el drama de las personas mayores cuando dejan de ser útiles para la sociedad

04 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Lola Herrera estrena el viernes en Avilés La velocidad del otoño, un texto de Eric Coble que en clave de humor trata la resistencia de una mujer mayor a abandonar su casa y a ir a una residencia de mayores, tal y como pretenden sus hijos. Magüi Mira, la directora de obra, define a su personaje como «una resistente al desahucio de la vida». El único acompañamiento que tendrá en el escenario del Palacio Valdés será Juanjo Artero con quien dialoga mientras amenaza con hacer estallar cócteles Molotov para reivindicar su derecho a seguir donde está.

 -Alejandra, su personaje, es una anciana que parece que ha perdido utilidad para la sociedad y sus hijos quieren mandarla a una residencia, ¿los mayores ya no son útiles?

-Una cosa es que no se sea útil y otra que la consideren inútil. Depende del ojo con el que mire el de fuera. Normalmente a la gente mayor no se le pregunta. Alejandra ha recorrido el mundo, es una pintura, una mujer independiente que quiere morir en su casa, asume la vejez pero hay dos de sus hijos que no quieren. Lo que quieren es organizarle la vida y entonces ella se rebela y viene un tercer hijo que es el que la ayuda. Los propios hijos son el símbolo de una sociedad que considera a los viejos como si fuesen el basurero, un arsenal de saco vacíos y los sacos de los viejos normalmente están muy llenos porque han hecho un recorrido.

-¿Hay alguna forma de que la sociedad pueda ver útiles a las personas como Alejandra?

-Dar sentido a sus vidas y eso se hace con cabeza, no órdenes de que hay que levantarse a las ocho de la mañana y dar un paseo. Cada uno que organice su vida como quiera. Cuando tienes 80 ó 90 años tienes una edad de hacer lo que a ti te salga. Organizar de una manera abierta las posibilidades que podría haber para la gente mayor. El que quiera desarrollar un trabajo que lo haga y quien no quiera trabajar nunca más que tenga posibilidad de elegir. Eso es algo a poner en práctica.

-Al menos un derecho a elegir.

-Es que el derecho a elegir lo tenemos que tener a esa edad. Si a esa edad no puedes elegir qué hacer con lo que te quede de vida ? ya me contarás.

-Usted comenzó a trabajar a los 12 años y ahora tiene 81 y sigue haciéndolo, ¿tiene pensado jubilarse?

-Ya estoy jubilada, pero no cobro la jubilación porque estoy trabajando. No quiero dejar de hacerlo porque es muy gratificante, esclavo, pero gratificante. Tengo una deformación de vida, toda la vida he vivido así y no lo voy a cambiar, no sabría qué hacer. Si yo me sentase a pensar qué quiero hacer ahora igual era el final de mi vida. Tengo la posibilidad de seguir trabajando.

-Pero renunciando a la pensión.

-Pero no renuncio yo, me la quitan. Debería ser un derecho adquirido, cómo te la pueden quitar después de haber cotizado toda la vida y seguir haciéndolo. Estoy completamente indignada porque no hacen más que hablar de las pensiones, como si no hubiera dinero para pagarlas, pero ¿qué han hecho con el dinero?

-La historia de fondo de «La velocidad del otoño» es un drama de la sociedad actual, pero se presenta en tono de humor.

-La vida es una tragicomedia, está hecha de un todo y el humor hay que buscarlo siempre en lo que te pase. Así digieres lo mucho mejor.

-Comparte escenario con Juanjo Artero, con quien ya había trabajado en anteriores ocasiones, pero la obra es una conversación continua de ustedes dos, ¿cómo es esa conexión?

-Desde que comienza hasta que termina la función no nos movemos del escenario. Es una forma de trabajar más dura. Ahora acabamos el trabajo y estamos con el desasosiego, la incógnita y la ilusión por el estreno.