Colectivos de memoria histórica reclaman investigar la fosa de Salinas

Urgen que se localicen los restos y se pueda limitar y proteger el espacio que ocupan las tumbas en el pinar castrillonense

Fosa de Salinas.Fosa de Salinas
Fosa de Salinas

Avilés

El pinar de Salinas fue uno de los espacios con más actividad durante la Guerra Civil en la comarca de Avilés y, a día de hoy, es una área recreativa que alberga cantidad de incertidumbres. Primero fue empleado como lugar en el que habilitar trincheras por el bando republicano y después sirvió de zona de fusilamiento y, en muchos casos, enterramiento precisamente para los cuerpos de los que defendían el antiguo gobierno. Años después se convirtió en un área recreativa, muy frecuentada en verano por su proximidad a la playa, y desde 2011, a apenas unos metros de las barbacoas, un monolito recuerda que bajo la arena hay una tumba. Sin embargo todo son incógnitas sobre ella. ¿Cuántas personas pudieron ser ahí enterradas? ¿En qué zona se encuentran? ¿Quiénes son? Nada se sabe. Todo son suposiciones. Nunca se hicieron estudios ni se intentó descubrir lo que allí pudiera estar enterrado. Están comprometidos, pero aún no se han hecho. Lo que se conoce es gracias a testimonios de personas que en su día vieron cómo los cadáveres se desperdigaban por el pinar, pero la gran mayoría de ellos ya han fallecido a estas alturas.

Sin una ubicación exacta

La existencia de la fosa común está confirmada y el pinar está reconocido como tal en el mapa elaborado por la Universidad de Oviedo, pero es una zona muy extensa y los restos podrían encontrarse en un lugar concreto o desperdigados. Para confirmarlo y también para dotar de una protección especial al lugar donde se enterró a los represaliados, colectivos en defensa de la memoria histórica reclaman que se lleve a cabo una profunda investigación que esclarezca todas las dudas. De esa forma, además, se evitará entrar en conflicto entre quienes creen tener allí enterrados a sus familiares y los promotores de un festival musical que este fin de semana, al igual que el verano anterior, se celebrará en la zona. El Ayuntamiento de Castrillón dio permiso para su celebración y ha vuelto a abrirse el debate con quienes piensan que debería rendirse respeto a quienes allí murieron y cuyos restos aún permanecen enterrados. La alcaldesa, Yasmina Triguero (IU), reconoce que «la localización exacta de la fosa común se desconoce. De hecho, ese espacio forma parte de un área mucho más amplia, de alrededor de un millón de cuadrados, parte de ella libre y otra parte ocupada, tanto por infraestructuras viales, como por equipamientos públicos, zonas residenciales e, incluso, áreas de terreno industrial».

«Nadie busca culpable, solamente queremos soluciones y que la gente pueda tener ese duelo de enterrar a los suyos», asegura Manuel Colero, presidente del Ateneo Republicano de Castrillón. Es una de las entidades que lleva tiempo solicitando al consistorio que realice un estudio con georadar para determinar dónde exactamente hay restos. La sección asturiana de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina apoya esta petición y asegura que trabaja en este sentido con el consistorio, pero Francisco Javier Rodríguez Amorín apunta a que es un proceso lento. «Los técnicos que manejan el georadar nos dicen que no es fácil, porque no ven los restos, sino que hay unas ondas que les indican que hay algo diferente». Y dice que, aunque las miradas se posen en las administración local y autonómica es una competencia del estado. «La ONU dice que quien tiene la obligación de hacerlo es el estado. Y hay que tener en cuenta que España es el segundo país del mundo con más desaparecidos» por conflictos armados, explica. Triguero asegura que «para Castrillón, y para mí como alcaldesa, es importante la memoria, la verdad, la justicia, la reparación y la dignificación de aquellos lugares en los que tanto se ha sufrido y, por eso, nuestro empeño en la localización exacta de las fosas, algo que todavía no se ha logrado y para lo que habrá que esperar a que se concluyan los estudios en marcha y a lo que destinamos todos nuestros esfuerzos».

El ejemplo de Normandía

En el caso de los que se dieron por muertos en Avilés durante la Guerra Civil muchos perecieron en el pinar de Salinas, pero de buena parte de ellos no se tiene constancia qué se hizo con su cuerpo. Algunas defunciones aparecen registradas en los documentos oficiales, incluso se especifica que fueron trasladados desde el pinar al cementerio de La Carriona. De otros no se sabe nada. Se habla de que medio centenar de personas pudieron quedar en el pinar. «Fue una zona de fusilamiento y en los primeros días no se enterraban los cadáveres, se dejaban a la vista», explica el historiador Pablo Martínez. Se hacía como un modo de generar temor entre otros que compartieran sus ideales, para que fueran conscientes de la suerte que podían correr. Fue una manera de actuar que permitió a las familias recuperar los cuerpos de sus seres queridos y que no quedaran olvidados en el pinar. Pero con el paso del tiempo, se convirtió en la zona de fusilamiento, se acumulaban los cadáveres, incluso traían muertos de otros lugares. «Utilizaban como tumbas las trincheras que habían construido, simplemente los echaban allí», indica Colero. Al tenor de este modo de actuar, y de los testimonios que hablan de cuerpos dejados en diferentes zonas del pinar, pero también por el entorno del instituto, incluso a las dunas, es posible que no hubiera ningún tipo de organización ni lugar específico de enterramiento y que a día de hoy haya restos humanos en diferentes zonas del pinar.

«Habría que hacer un plan de búsqueda en el entorno de la carretera que va hacia el puerto», apunta Martínez asegún lo que ha recogido en los últimos años de personas que vieron cuerpos enterrados o abandonados en la zona del pinar. En función de los resultados que se obtengan, plantea se coloquen vallas que delimiten el espacio de la fosa y el resto pueda seguir usándose con fines lúdicos. Apunta, también, que en caso de darse estos pasos «no ha habido el debate de qué hacer luego: si dejarlo como un cementerio o trasladar los restos». Lamenta, no obstante, el trato que se da en España a «los muertos de una represión política. Si vas a Normandía puedes entrar en el cementerio y ves que está cuidado y con respeto. Aquí tiene que ser igual, no dejar el nivel de suciedad que hay en el pinar», indica.

La Piñera y el cementerio

El historiador apuesta por investigar en la fosa del cementerio de La Carriona, que no está tampoco delimitada. Otra fosa común en una situación similar es la de La Piñera, en Avilés. No se realizaron tampoco estudios para determinar dónde están exactamente los restos y está próxima a las obras que está ejecutando el Principado para crear los accesos al PEPA (Parque Empresarial Principado de Asturias). En el proyecto se especifica que se ha de proteger la fosa y un arqueólogo supervisa los trabajos, algo de lo que están pendientes los colectivos de memoria histórica. Hay otras zonas de la comarca en que se cree hay fosas comunes de la Guerra Civil, como en El Ventorillo, en Piedras Blancas, o en el entorno del río Raíces en el límite entre Castrillon y Avilés. Se trata de espacios donde los testimonios apuntan la posibilidad de que aún pudiera haber restos humanos, pero no han sido reconocidos oficialmente como fosas.

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