La mitad de los proyectos de emprendedores instalados en La Curtidora son de autónomos individuales y hace cinco años sólo suponían el 25%
10 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Los avilesinos no emprenden porque quieran montar una empresa, generar puestos de trabajo o tengan inquietud de ser parte de un proyecto de gran tamaño. Lo hacen como una forma de encontrar un trabajo para sí mismos, no tienen pretensión más allá, probablemente como una salida a la crisis económica, porque no encuentran empleo en otras empresas o porque no están satisfechos con el que tienen. Así se desprende de la actividad del centro de empresas La Curtidora, el más grande de Asturias y un indicador para tomarle el pulso al movimiento emprendedor de la ciudad. En la actualidad la mitad de los proyectos que allí se encuentran asentados cuentan con un único trabajador, un autónomo que ha puesto en marcha una actividad por cuenta propia de manera individual. Esto supone un cambio con respecto a hace cinco años, cuando el 75% de las empresas asentadas eran societarias y sólo uno de cada cuatro proyectos tenía un único trabajador. Esa era la tendencia que existía antes de la crisis económica.
Ahora las cosas han cambiado y los que emprenden lo hacen por el autoempleo. Por eso las oficinas de La Curtidora han visto reducido su tamaño al tiempo que aumentaban el número de espacios disponibles. Donde había seis locales ahora se han acondicionado 51 nuevas oficinas (16 de ellas específicamente diseñadas para el desarrollo de actividades del sector TIC) y se ha creado un espacio coworking con capacidad para el desarrollo del trabajo de 10 profesionales. A ellas se suman otras 44 oficinas. No están ocupadas todas ellas, está reservado el 62% del espacio destinado, pero sí que tienen llenos los nueve talleres que ofrece el centro de empresas. Es en estas instalaciones donde más personal hay, porque en el resto de espacios la media es de dos personas por proyecto, aunque debido precisamente a esa media la realidad es que la mayor parte de los proyectos tienen a una sola persona al frente. Hasta hace cinco años lo normal era que cada marca tuviera una media de cuatro empleados. Y es algo que no se ve sólo en los números, sino que se aprecia en la propia dinámica diaria del centro. «Cada vez son más las empresas con una sola persona, de dos como mucho, se nota la tendencia al autoempleo», explica Sara Pastor, una de las socias de Creagenio comunicación, empresa que ha evolucionado de ser originariamente una productora de vídeo a trabajar el streaming y la comunicación online. En su caso decidieron poner en marcha su proyecto «por decisión propia», cuando los dos trabajaban para otras empresas. Lo suyo surgió «de la inquietud de desarrollar una idea» y desde entonces «hemos evolucionado y adaptado a las necesidades de nuestros clientes, diversificando servicios y ampliando nuestras actividades», explica Javier Suárez, la otra mitad de la empresa.
Su firma es una de las que cumple con el perfil de emprendedor que está asentado en La Curtidora: empresario con estudios universitarios, empresa con dos trabajadores y una edad de 37 años, aunque ellos son un poco más jóvenes. También se dedican a una de las áreas que más fuerza tienen entre quienes se encuentran en La Curtidora: el mundo digital. La creación de aplicaciones, desarrollo de software o gestión de contenidos digitales está en auge. Las consultorías y las asesorías son otras de las profesiones que parecen imponerse en los últimos tiempos en el centro de empresas si se hecha un vistazo al listado de sus integrantes, ya que los servicios profesionales suponen casi el 25% del conjunto. En la actualidad son 110 empresas (68 instaladas y 42 domiciliadas) las que tiene La Curtidora, aunque en los algo más de 20 años que tiene de vida este centro ha acogido a más de 374 empresas y ha tenido domiciliadas en sus instalaciones a cerca de 200. Pero los datos que más enorgullecen aquí son los de la supervivencia de las empresas que en algún momento han pasado por allí: el 78,9% alcanza el tercer año y el 69,35% el quinto.
De centro de empresas a centro comercial
En los últimos cinco años ha cambiado el tipo de emprendedor que inicia su actividad en La Curtidora, pero también los propios servicios que se prestan. «Antes se veía que eran empresas que ofrecían a otras, ahora se ha abierto a particulares. Yo muchas veces lo comparo con un centro comercial», asegura Suárez. No deja de ser curioso que en un espacio profesional que no llega a los 5.000 metros cuadrados uno pueda acudir a clase de spinning en un gimnasio, a hacerse la manicura en un centro de belleza o a jugar con los amigos en una de las dos salas de escape que se están ultimando. De paso puede consultar con un abogado, contratar un reportaje fotográfico o el desarrollo de una página web. Y es que también es diferente el emprendedor que está al frente de estos negocios. «Antes había mucho joven que acababa la universidad y se ponía a buscar, ahora ves a gente más mayor, que quizás trabajaba en otro sitio o se quedó en el paro y se apunta a emprender», asegura Pastor.