La contaminación que se siente en Avilés

Noelia Rodríguez

AVILÉS

Vecinos disfrutando del buen tiempo en la pista de Las Meanas, en el centro de Avilés.
Vecinos disfrutando del buen tiempo en la pista de Las Meanas, en el centro de Avilés.

Los vecinos denuncian sufrir dolencias varias que asocian con los niveles de contaminación y culpan a la industria

03 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La contaminación se nota y se siente en Avilés, incluso a veces se huele. Dolor de garganta, picor de ojos, incluso jaqueca son algunas de las dolencias sufridas en los últimos días por los vecinos de la comarca y que achacan al considerable aumento de los niveles de polución. Sin embargo los que peor lo llevan son los asmáticos, a quienes les cuesta más realizar prácticamente cualquier labor que conlleve un esfuerzo, especialmente si es al aire libre, y se sienten más fatigados y cansados, que les falta el aire. Reconocen que no es necesario que ninguna de las estaciones de medición de las que hay en Avilés y Castrillón les indiquen cuál es el nivel de polución, que ellos lo notan a la primera de cambio, al igual que los centros de salud, que en estos días han recibido más visitas relacionadas con dolencias respiratorias de lo que viene siendo habitual.

«El martes tuve que ir a pasar el día a Cangas de Onís porque aquí no aguantaba», reconoce Rocío González mientras jugaba con su hijo en la pista de La Exposición. Los elevados niveles de polución hacen que su asma se vuelva crónico y tenga problemas para respirar. Quedarse en casa cuando la contaminación sube no es una opción para ella, «no es posible quedarte cuando tienes niños», asegura.  Lo mismo le ocurre a Nieves Blanco, que ha salido a caminar y reconoce que los paseos se vuelven más cortos cuando hay contaminación. «Me canso mucho y tengo que parar», reconoce y descarta quedarse en casa en lugar de llevar su vida con total normalidad en momentos como este. Mientras espera a que llueva, para que limpie la polución, lo que hace es tomarse las cosas con más calma. «No vamos a encerrarnos, y menos con días como estos, que además hay que ventilar la casa y entraría de igual modo (la polución)», comenta. Las personas con problemas respiratorios son las que más notan la contaminación, pero no los únicos. Patricia Tirador reconoce que cuando tiende la ropa siempre la protege con un plástico por las partículas negras que se posan en las prendas y que en los últimos días ha visto como esa suciedad es mayor. Eva López es otra de las avilesinas que no tiene problemas respiratorios pero asegura que la contaminación «se nota en el ambiente, se palpa». Y no sólo estos días, sino todo el año. «En Salinas, en verano, íbamos a caminar y no podíamos llegar a San Juan del mal olor que venía», recuerda Julia Paniza.

Las calles de Avilés están llenas estos días a pesar de la situación de prealerta, porque de momento imperan más las ganas de disfrutar del buen tiempo que hace a primeros de noviembre que de la preocupación por las consecuencias de respirar un aire cargado de polución. Y eso que la contaminación centra muchas de las conversaciones que se dan en las ciudad. Todo el mundo tiene a quien culpar de la situación y también ofrece soluciones. La mayor parte achacan la contaminación a la gran industria asentada en la zona y no les vale lo que dicen las autoridades medioambientales respecto a que el aumento de polución de estos días se debe a las circunstancias meteorológicas. «Nosotros no tenemos porque comernos esta basura», asegura Rocío González. Muchos son los que miran directamente a las fábricas que desde hace décadas trabajan en la comarca y con las que no se tiene suficiente mano dura, según aseguran. En este sentido, creen que las administraciones no están haciendo tanto como deberían. Las inversiones acometidas y el endurecimiento de los permisos medioambientales no convencen a la población, más aún cuando es la segunda vez en un año que Avilés se encuentra en estado de prealerta por contaminación.