Los asturianos sucumben al fenómeno de las «escape room» con la apertura de ocho salas en poco más de un año
11 dic 2016 . Actualizado a las 11:51 h.Encontrar las pruebas que demuestren que un embajador es corrupto, la verdadera Cruz de la Victoria o conseguir salir de una mansión inglesa del siglo XVII es algo que se puede lograr sin salir de Asturias. Es algo a lo que se puede jugar, concretamente, en Oviedo, Avilés y en Gijón, las tres localidades asturianas donde existen room escapes desde hace unos meses. Las salas de escape se han convertido en los últimos años en un fenómenos en numerosas localidades de todo el mundo y Asturias no permanece ajena a él. Verónica Sánchez puso en marcha, junto a su socio Adrián Castro, «Escape Real», la primera sala asturiana, ubicada en Gijón, en otoño de 2015. Lo hicieron buscando una fórmula de ocio alternativa en la región, que fuera más allá del «cine o algún espectáculo que puede haber de vez en cuando». Reconoce las carencias que existen en Asturias en ese sentido y que la actividad «es diferente» a lo que se ofrecía a los asturianos. De ahí su éxito.
Pero, ¿y en qué consisten las salas de escape? Se trata de un juego en que un grupo de personas -se pueden hacer equipos de entre dos y seis- se enfrenta a una misión que, casi siempre supone tener que escapar de algo en lo que ellos mismos se han metido. Para conseguirlo tienen que ir superando pruebas mentales, juegos de estrategia y acertijos con un límite: tienen 60 minutos, de no conseguirlo quedarán «encerrados». Lo único que se necesita es pensar y meterse en el papel. Ni móviles, ni aplicaciones, ni videojuegos. En una sala de escape no se necesita nada de tecnología -aunque sí forme parte de lo que hay detrás de ellas-, únicamente juego en equipo y un poco de inteligencia para resolver las diferentes pruebas con que se encontrarán durante el juego. «Estamos siempre pendientes de la tecnología, pero aquí está prohibida. Bastante tienes con preocuparte de lo que hay dentro como para fijarte en el móvil», asegura Martínez.
Cada sala de escape es temática. Tiene su propia misión y su sala está decorada hasta el más mínimo detalle para que los jugadores se metan en el papel. David Casado y Axier Martínez abrieron hace unos días en Avilés «Las celdas», donde han replicado un búnker alemán de la segunda Guerra Mundial. Para conseguirlo han creado desde cero la instalación, desde las paredes a la decoración que ha salido de mercadillos, rastros o, incluso, de fuera de Asturias. Han trabajado en ello varios meses, pero más tardaron en idear las pruebas por las que pasan los jugadores. Al igual que ocurre con el diseño de las salas de escape, los acertijos son personalizados y creados por los responsables de los negocios ex profeso, así que dependen de su ingenio. Los hay de lo más diverso y los que para algunos son sencillos para otras personas resultan difíciles de superar. De ahí la importancia del juego en equipo. Cada persona ve las cosas de diferente manera, así que cuanto más distintos sean los participantes mejor se coordinarán.
Escapar por entre 12 y 25 euros
Así, no resulta extraño que los propietarios de salas de escape aseguren que los grupos intergeneracionales son los que mejor funcionan. «Tienen distintas inteligencias, lo que no se le ocurre a uno se le ocurre a otro», afirma Gonzalo Raliegos, propietario junto a Guzmán Fernández de «La Gran evasión», de Oviedo. Asegura que los grupos formados únicamente por chicos o por chicas son los que peor lo hacen, por pensar todos del mismo modo. Y aunque veinteañeros y treinteañeros son los usuarios más habituales de salas de escape esto no significa que sean los que mejor lo hacen, según comentan sus responsables. «Aquí el mejor chico que trabajó tenía 15 años, porque lo revisaba todo», asegura Casado. Verónica Martínez reconoce que los que superan los 50 años también son duchos en la práctica. «Es un juego de ingenio y se lo pasan bien porque es como revivir los juegos de antes», explica. De ahí que no sea raro encontrar en las reservas a familias que deciden escapar juntas, grupos de amigos, despedidas de soltero o soltera, incluso compañeros de trabajo, Diversas empresas asturianas han reservado salas de escape para practicar «team building», con lo que pretenden reforzar las relaciones laborales y motivar a sus empleados. Las salas de escape «generan adrelina y crean espíritu de superación», asegura Casado. Todo eso por un precio que va entre los 12 y 25 euros por persona, en función de la sala y los miembros del equipo participantes.
Y parece ser que a los asturianos les gusta lo de cumplir una misión y escapar porque estas salas crecen a un ritmo vertiginoso. En apenas 15 meses se han creado ocho -la mitad están en Avilés- y está previsto que otras tres estén en marcha a principio de 2017. «Gran evasión» tiene dos juegos y en «Las celdas» ya tienen planes y muchas ideas para abrir otro. «Tienen mucho tirón y la gente sale muy contenta», explica Raliegos, que reconoce pensó en este modelo de negocio porque tanto él como su socio «tenemos alma emprendedora y nunca lo habíamos hecho. Queríamos hacer algo bonito y con lo que hiciéramos disfrutar a la gente». Las salas de escape parecen conseguirlo, tanto que ya se ha creado un nuevo término para definir a aquellos apasionados que no sólo juegan en las que tienen cerca, sino que también viajan a las de otras comunidades autónomas. Son los «roomer» y ellos también han llegado a Asturias.